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  Luchando contra el tiempo

  Este sábado el Presidente Piñera acudió por tercera vez a la zona. Pidió cautela y no generar falsas expectativas. Recién el lunes o martes se espera que las sondas lleguen hasta el lugar donde estarían los mineros atrapados. Alrededor de 200 familiares alojados en el campamento se niegan a perder las esperanzas de volver a verlos con vida. LND también estuvo con ellos.

Domingo 15 de agosto de 2010| por Jeniffer Vega, enviada especial Copiap / La Nacin Domingo

Víctor Segovia, a sus 48 años tiene cinco hijas. La mayor, Maritza, de 23 años, ya le dio un nieto de dos y está embarazada de cuatro meses.

Maritza y sus hermanas están desde la noche del 5 de agosto en las afueras de la mina San José, esperando.

Jocelyn, la menor de las hermanas Segovia, tiene 11 años y pidió permiso en el colegio para esperar que su padre salga de la mina, al igual que Juana, de 17.

"Nuestra casa -en la Villa los Minerales de Copiapó- está sola, la dejamos encargada a los vecinos, y mis tíos le echan un ojo. Yo no trabajo porque estoy embarazada y la angustia me mata, no me quiero enfermar para que no me obliguen a bajar, me tengo que controlar para no estar tan nerviosa y que repercuta en la guagua, porque quiero estar acá cuando mi papá salga", dice a LND. A Maritza no se le pasa por la cabeza que su padre esté muerto.

"Él es fuerte, un hombre corpulento, y desde siempre ha sido minero, desde los 16 años, entonces sabe por donde irse, qué hacer y como sobrevivir".

No es la primera vez que sufre un accidente. el más reciente fue en la misma mina San José y resultó con un corte en la mano que le suturaron con 15 puntos. Años antes Maritza lo vio con el cuerpo lleno de fierros, pero se recuperó y siguió bajando a las minas.

"Mi papá el jueves en la mañana salió vestido con su chaqueta de cuero negra, un jeans y sus zapatos. Como nunca, ese día yo me levanté a las seis de la mañana, antes de que se fuera, y lo vi salir desde mi ventana, vi como se subía al bus, y una sensación extraña me quedó en el cuerpo", recuerda.

El derrumbe que dejó sepultados a Víctor Segovia y otros 32 mineros en la mina San José ocurrió a las 14:45 horas del jueves 5 de agosto.

Pero Maritza sólo se enteró del accidente en la noche, por la televisión. "Nunca nadie de la empresa se nos acercó a decirnos qué había pasado, a mí nadie me informó nada, llegué acá por mi propia cuenta".

La hermana de Víctor Segovia, Silvia, también está en el campamento que levantaron las autoridades para albergar a los familiares de los mineros atrapados. Además de su hermano, Silvia tiene sepultados allí a sus primos Esteban y Pablo Rojas.

"En el hospital de Copiapó nos juntamos con mis tías, la mamá de mis primos, todos decidimos subir a la mina a esperar que los encuentren.", cuenta Silvia.

Ella subió con su pareja y su hija. El grupo familiar de los Segovia presente en el lugar bordea las 30 personas, pero el resto no le son extraños tampoco.

"Todos nos conocemos, somos más de 200 personas en el campamento esperando a algún familiar y ya nos sentimos como una gran familia", dice.

Silvia se ha encomendado a la Virgen de la Candelaria y reza con fuerzas para que todo salga bien.

A pesar de estar quemada por el sol y no tener la higiene personal que le gustaría, entre la ropa que se trajo de su casa para esperar a sus familiares echó un cosmetiquero, poleras coquetas y dos pares de anteojos de sol.

Eso sí, no quiso echar radio ni televisor, no le gusta escuchar las especulaciones de los periodistas, así es que matan el tiempo conversando en familia, recordando buenos tiempos con su hermano, y estando atenta a cada palabra que les entregue la autoridad.

BAJA ACCIDENTABILIDAD

Según datos del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), hasta el 3 de agosto de este año habían ocurrido 28 accidentes en faenas mineras en nuestro país, en los cuales murieron 31 trabajadores, concentrando el mayor número de accidentes la Región de Atacama, con 10 sucesos.

Pese a ello, no es la minería la que presenta el mayor índice de accidentes laborales. Según la Mutual de Seguridad, en la cúspide del ranking se encuentra la industria, el transporte y la agricultura.

Pero es en la minería donde la tasa de accidentes se asocia mayormente a fallecimientos, y por causas que son espeluznantes, como desprendimientos de planchones de roca, aprisionamiento, caída de altura, falta de oxígeno, tronadura y aplastamientos.

imagen"Hace un par de años estábamos sellando el túnel de acceso a la mina con una rejilla y algo pasó que se nos derrumbó un lado, nos cayó todo el material molido sobre las cabezas. En esos casos el casco es mero adorno, porque el impacto es tan grande que casi no sirve. Yo quede con una lesión cervical", cuenta a LND el minero Sergio Acevedo, que labora en una mina muy similar a la San José ubicada en Los Andes.

Las minas subterráneas son las más peligrosas, ya que según Sernageomin presentan 58.5% de accidentes versus las minas a rajo abierto donde el registro es de 12,5%.

Las estadísticas de este organismo indican que los lunes y jueves son los días donde sucede el mayor número de accidentes fatales en minas. El de San José fue la tarde del jueves 5.

LA HUELLA DE LA MUERTE

Las condiciones de trabajo en la gran minería han mejorado ostensiblemente en nuestro país, la imagen del obrero entrando al socavón con pala y picota quedó fijada en los años 80.

Pero es en la mediana y pequeña empresa donde, a pesar de contar con recursos para maquinarias, los empresarios no han invertido en seguridad.

"En la pequeña y mediana minera la inversión en seguridad es inexistente, el sector empresarial debe hacerse cargo de sus falencias, no es posible que para poder sacar más material por menos dinero, se juegue con la vida de los trabajadores. No es posible que en la mina San José, que es una mediana empresa, los pernos de fijación se hayan disminuidos en varios centímetros sólo para poder tener más acceso al metal. Los mineros exigimos mayor fiscalización para las empresas del rubro, sobre todo para las empresas contratistas, donde los problemas son aún mayores", dice ofuscado a LND Raimundo Espinoza, presidente de la Federación de Trabajadores del Cobre (FTC).

imagenLa institución encargada de fiscalizar la seguridad y medio ambiente de las faenas de las 3.493 empresas mineras en Chile es Sernageomin, quienes por ley deben velar por la integridad de los 174.125 mineros que en ellas laboran.

Mismo organismo que esta semana fue descabezado por el Gobierno y sometido a investigación por la Comisión de Minería y Energía de la Cámara de Diputados, que debe encontrar las razones por las que Sernageomin aprobó la reapertura total de la Mina San José en 2008, después de haber sido clausurada por una resolución del entonces director regional de Sernageomin, Antón Hraste, tras una explosión de roca que le costó la vida al trabajador Fernando Contreras Contreras. (Ver entrevista en recuadro).

En Arica-Parinacota hay un fiscalizador para 10 faenas. En Tarapacá, dos inspectores para 580 faenas. En Antofagasta, tres para 1.635 faenas. En Atacama, donde esta la mina San José, tres fiscalizadores para 844 faenas.

En Coquimbo, tres inspectores para 334 faenas; y en las regiones de Valparaíso, Metropolitana y O'Higgins, dos fiscalizadores para 965 faenas, denuncia Luís Enrique Lira, presidente de la Asociación de Funcionarios del Sernageomin, en un comunicado de prensa que lanzo en la semana con ayuda de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF).

"Tenemos un tremendo déficit de personal precisamente en materia de seguridad, y se necesita una cifra muy, pero muy superior a la existente en la actualidad", afirma Lira.

Para él esta debe ser una de las causas que explica por qué la mina San José, perteneciente a la minera San Esteban Primera, reabrió sus puertas en 2008 después de estar siete meses cerrada.

Por el accidente de ese año, la empresa pagó 90 millones de pesos a la familia del minero fallecido, a modo de acuerdo que permitió terminar con la causa penal que se había abierto por cuasi delito de homicdio.

Según datos recopilados por el sindicato de trabajadores de empresa minera Sur Andes Ltda., la minera San Esteban presenta problemas de seguridad desde el año 1999 en las minas San José y San Antonio, ubicada a escasos kilómetros una de otra, las cuales son presididas por Marcelo Kemeny Fuller y gerenciadas por Alejandro Bohn Berenguer, quien es dueño del 70% del yacimiento San José.

En 2001 registra un gran accidente en la mina San Antonio, donde el funcionario Iván Toro perdió la pierna derecha al interior del yacimiento. En ese momento comienzan las denuncias masivas de los trabajadores quienes acusan problemas de seguridad.

En 2003 fallece un trabajador en la mina San José, ante esto el sindicato de la empresa presenta un recurso de protección a la Corte de Apelaciones de Copiapó, tendiente a garantizar la integridad física y síquica de sus trabajadores, no obtuvo resultados positivos.

Ese mismo año, la Dirección del Trabajo de la región ordenó el cierre del yacimiento por no existir las salidas de emergencia estipuladas en el articulo 79 de la ley minera, la cual estipula que: "toda mina en explotación deberán existir, a lo menos dos labores principales de comunicación con la superficie, ya sean piques, chiflones o socavones".

La clausura duró solo dos meses, ya que la empresa se comprometió a corregir la situación.

El accidente de este 5 de agosto dejó al descubierto que la empresa no había terminado de escalerar la chimenea de ventilación que, supuestamente, iba a operar como segunda vía de comunicación con el interior.

imagenEn 2007, además de la explosión de roca que costó la vida de Fernando Contreras y determinó el cierre de la mina San José, la mina San Antonio registró un gran accidente en el que fallecieron otros tres operarios. En julio recién pasado, ocurrió otro más.

Esta vez no hubo víctimas fatales, pero sí lesiones graves. Ante esta seguidilla de tragedias, los funcionarios de San Esteban decidieron reunirse una vez más con la autoridad fiscalizadora.

La cita se concreto el 12 de julio, tres semanas antes del derrumbe que dejó 700 metros bajo tierra a los 33 mineros que hoy esperan sus familiares.

COLAPSO TOTAL

Los 33 hombres atrapados en la mina San José llevan ya 10 días enterrados. Se espera que estén en un refugio que tiene capacidad para 10 personas, con alimentos y agua para tan sólo 72 horas, por lo que las posibilidades que estén vivos son remotas, sólo un milagro de San Lorenzo, patrono de los mineros puede ayudarlos a salir de esta tragedia con vida, rezan los creyentes.

Sus capacidades físicas y la experticia de los años de trabajo bajo tierra pueden salvarlos, presumen sus compañeros de labores. Y la templanza y fuerza mental pueden ser las virtudes que lleven a buen término esta tragedia, advierten los sicólogos.

Maritza Segovia cree fervientemente que volverá a ver a su padre con vida, aunque en las noches tiene pesadillas. A su hijo de dos años lo mandó el martes a la casa de su abuela en Paipote para evitarle la lluvia que cayó en esa zona.

"Se llama Víctor, igual que mi papá, es su regalón, incluso nació el misma día que mi papá. Me parte el alma, porque cada día que hablamos me pregunta por el tata y no entiende bien qué sucede. Sólo me pregunta cuándo el tata le traerá las paletas de pin-pon que le había prometido".

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"ERA UNA IRRESPONSABILIDAD ABRIRLA"

"La mina San José siempre fue problemática", sentencia el ex director regional del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) Anton Hraste, quien estuvo en el puesto durante 12 años.

El ingeniero civil en minas fue el hombre que logró su cierre total en 2007, después de un fallecimiento al interior de la faena. La clausura duró solo siete meses y Hraste fue destituido de su cargo.

imagen"El 30 de junio del 2007 me sacaron de la dirección de Sernageomin sin ninguna justificación, y pocos meses después se reabrió San José. Para mí fue impactante porque me había prometido que esa mina jamás volvería abrir, incluso se estipuló que para seguridad se tapara la entrada con toneladas de material, era una barrera dura", cuenta Hraste, quien hoy se desempeña como asesor de mineras extranjeras en Copiapó.

-¿Cuáles fueron las razones puntuales porque se pidió el cierre?

- Estallido de roca y malos antecedentes. Comprobamos con un estudio que el estallido de material comenzaba desde la entrada de la mina, entonces era cosa de imaginarse como era en su interior. Por ello era una irresponsabilidad abrirla. Ese yacimiento era como una montaña de arena compactada, las raspabas un poco y se desmoronaba.

-¿Entonces cuales fueron las justificaciones para abrirla?

-No lo sé, nunca he leído el informe y nunca quise ir a verla porque me sentía molesto. Se supone que se le entrega autorización a la faena cerrada cuando se vuelven a establecer los parámetros de seguridad, por eso me pregunto por qué el director de Sernageomin que dio la autorización para ello no ha dado la cara, es su responsabilidad, y tengo entendido que esa persona sigue trabajado en la institución.

-¿Ha podido subir a ver las condiciones actuales de la mina después del derrumbe?

-… (silencio) No he podido subir, este es un accidente que se podía haber evitado y me siento culpable con los obreros por no poder haber hecho más para evitarlo. (Hraste se emociona hasta las lágrimas y se interrumpe por unos minutos la conversación)

-¿Cuál debería ser la sanción para la empresa San Esteban?

-Una multa civil y penal, porque las multas en dinero no significan nada para una empresa que genera dos millones de dólares al mes.

LA "GUAGUA" DE SAN JOSÉ

La legislación chilena prohíbe que menores de 21 años laboren al interior de las minas. Pero Jimmy Sánchez tiene 19 y hace cuatro meses había comenzado a trabajar en la mina San José.

Padre de una hija de dos meses, Bárbara, Jimmy es uno de los 33 hombres a los que sus familiares esperan en un improvisado campamento levantado a la entrada de las faenas.

Jimmy es el regalón de los obreros de la mina San José, el pokemón que les da alegría a lo obreros de Copiapó con su fervor por la Universidad de Chile y por el reggaeton.

imagenEl padre y el abuelo de Jimmy también son mineros y trabajaron años antes en este yacimiento.

"Sabía como era acá, pagaban bien, pero el peligro era mucho. Le pedí que no siguiera, que se cambiara a otra mina, pero a él le gustaba trabajar acá, tenía su grupo de amigos y se sentía cómodo", dice su padre, Juan Sánchez.

"A pesar de todo, yo tengo esperanza, sé que es el más joven del grupo, pero el resto lo ayudará a orientarse, su alegría y ganas de vivir lo sacarán vivo", asegura.

Al abuelo de Jimmy, Marino Sánchez, le cuesta hablar de su nieto, la voz se le corta y los ojos se le llenan de lágrimas al sumar los días que su regalón se encuentra atrapado.

Marino es un minero jubilado, tiene 48 años de oficio en el cuerpo y asegura haber visto muchos accidentes bajo tierra, pero ninguno le había estrujado tanto el corazón como este.

"Jimmy esta vivo, tiene la fuerza", son las únicas palabras que este viejo obrero del metal puede decir antes de abrazarse con su familia buscando consuelo.

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