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  Luciano Cruz-Coke: El ministro galán

  Han pasado tres lustros desde que el director Ricardo Vicuña lo llevara sin escalas de un pub a la televisión. A días de convertirse en ministro de Cultura, su falta de título actoral y su fama de "pesado" quedan de lado para sus colegas del otro bando, que valoran el recorrido de un tipo que llegó a la actuación de casualidad y logró levantar un teatro.

Domingo 14 de febrero de 2010| por Rodrigo Alvarado E. / La Nacin

"Que se vaya, lo encuentro un tipo medio raro y no me gusta la gente rara". El juicio de un jovencísimo Luciano Cruz-Coke sobre el cantante mexicano Emmanuel en el Festival de Viña de 1989, fue su debut en la pantalla chica. Incluso antes de la presentación junto a su banda Bohemia en "Extra jóvenes" en 1991, donde hacía los coros con botas, pañuelo y guitarra flecha, a Felipe Viel. Son videos que están en YouTube, y el primero actualiza una pregunta no del todo inapropiada sobre el próximo ministro de Cultura del gobierno de Sebastián Piñera: ¿Castigará lo que no le guste?

Los medios le han confeccionado fama de altanero y sus cercanos de "hombre de una sola línea". "Nunca ha dejado de ser cuico y no le interesa hacerlo", dicen, "eso molesta". Pero después de que Piñera lo presentará el martes en el Museo Histórico Nacional, entre sus colegas actores hay un cierto consuelo en que sea él y no el escritor Roberto Ampuero quien esté al frente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA).

Lo dijeron esta semana Cristián Campos, ex agregado cultural en Washington y la actual ministra Paulina Urrutia: "Luciano es una persona en la cual confiamos". Hasta Alfredo Castro, carta cultural de Jorge Arrate, que le hizo un "parelé" en un programa político, está de acuerdo. "Me parece bien, es una persona amabilísima, muy querible y que se formó a sí misma. Le deseo lo mejor".

El propio Cruz-Coke ha dicho a este medio que su administración pretende construir sobre lo ya hecho por la institucionalidad cultural creada en los últimos gobiernos de la Concertación y que no se actuará con "revanchismos": "No existe esa animadversión en particular. Cada uno tiene que hacerse cargo de lo que dice, pero creo que el CNCA con Piñera no tendrá sesgo ideológico".

¿Qué pasó en veinte años? Los recortes de prensa hablan de un tipo capaz de conjugar titulares humildes -"Me falta mucho, mucho, mucho"- con otros soberbios -"no tengo que pagarle deudas al medio"-. Y es que por mucho tiempo el actor transitó por el camino de validarse entre sus pares sin tener que transar su personalidad en un competitivo medio que no perdona a los que entran por la ventana.

POR LA VENTANA

La historia televisiva de Cruz-Coke es más repetida que la de Carolina Arregui. En 1994 cantaba en el Pub Licity cuando el director Ricardo Vicuña lo invitó a actuar en la teleserie de Canal 13, "El amor está de moda". De ahí en adelante se convirtió en el protagonista de "Amor a domicilio", "Adrenalina" y resignado explicaba las características de sus personajes con un "no soy ni bueno ni malo, soy galán". Como sea, su popularidad lo llevó al cine en 1996 con la película "Bienvenida Cassandra", de Marco Enríquez, donde interpretó a un ganoso y conflictuado cura.

Lo de "galán" cambió con "Fuera de control" en 1999 y su recordado personaje Axel Schumacher. Pero varias cosas habían pasado antes. En 1997, mientras pololeaba con la actriz Aline Küppenheim, partió a estudiar un taller de actuación de diez meses en Lee Strasberg Theatre Institute de Nueva York, experiencia que algo le corrió el foco. "Me abrió la mirada a cosas que antes no quería ver", decía antes de dar su veredicto posneoyorquino: "En Santiago he visto una falta de tolerancia y un nivel de violencia terribles".

También había debutado en el teatro, reemplazando al actor Nicolás Fontaine en "Sostiene Pereira" (1998). Nissim Sharim, director de la obra, explicaba que "Luciano siempre ha tenido talento. Estoy contento con su desempeño". Cruz-Coke se estaba ganando al medio y recibió una nominación al APES por sus trabajos.

Su compañero en las teleseries del 13, Felipe Castro, asegura que en ese tiempo su colega no generaba anticuerpos en el elenco: "Él entró por la ventana a la televisión y solito se dio cuenta de que necesitaba herramientas y se fue a Estados Unidos. Lo que pasa es que Luciano no se anda con estupideces, ni con el serrucho bajo el brazo. No le conozco ninguna cochinada", sostiene, "y si se puede hablar del actor más odiado, ése es mi amigo Vasco Moulian, pero Luciano no, al contrario".

EL CAMBIO

Por una mejor oferta laboral, en 2001 Cruz-Coke recaló en TVN para trabajar en la popular "Amores de mercado". Pero también por los problemas que arrastraba dentro de Canal 13, debido a la espiral de mediocres teleseries que terminaron sepultando el área dramática un año después de su partida. Junto a María Izquierdo, Luz Croxatto y al propio Felipe Castro propusieron la creación de un departamento de dramaturgia permanente.

"Siempre pensamos lo mismo de Canal 13 y míralo ahora, no tiene eje ni línea editorial. En cambio al otro lado estaba Sabatini con su Chile y uno saltaba de una serie a otra sin saber bien adónde. Luciano siempre ha querido hacer las cosas bien, que le resulte o no es otro cuento. Pero es un tipo muy trabajador y perfeccionista, se hizo a pulso", cuenta Castro sobre su colega que tampoco escondía sus opiniones respecto al gremio: "Me molesta ese discurso que tienen los actores, que tratan de lavarse las heridas actuando a los griegos para sacarse la vergüenza que les da trabajar en televisión. Me parece una ridiculez. Llenan sus teatros y hacen sus obras gracias a eso".

Francisco Ossa, compañero de Cruz-Coke en la obra "Julio César" (2005) y responsable del Teatro del Puente, cuenta que "Luciano viene de otro mundo, no viene de una escuela de teatro, se saltó una parte, pero ya está metido dentro del ambiente. Por eso estuvo mucho tiempo peleando por sacarse el cartel del tipo que salió de las teleseries. Pero levantó un teatro y no es menor, muchos se quedan en lo primero".

Ossa se refiere a Lastarria 90, un lugar emblemático donde operaron el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica y el Teatro El Aleph, y que en 2002 estrenó junto a su socio Felipe Braun, como un espacio destinado a compañías emergentes. Allí se desarrolló como gestor cultural, estableciendo alianzas con el mundo privado y también con el Estado, del que ha recibido tres Fondart para la sala. Y allí tampoco ha escondido su carácter seco con los inspectores que llegaban a ver la remodelación del lugar y que pasaban derechito donde Braun. "Es un huevón pedante", dice un actor que estuvo en Lastarria 90, "pero por lo menos da la posibilidad a compañías jóvenes". LCD

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