
Viernes 12 de febrero de 2010| por Ral Sohr/ La Nacin
Ayer se cumplieron 20 años de la liberación de Nelson Mandela. El líder del movimiento que condujo la lucha contra el supremacismo blanco, el apartheid, caminó luego de 27 años en prisiones sudafricanas no sólo como un hombre libre sino como un igual a sus compatriotas blancos.
Al mismo tiempo fue legalizado el Partido Comunista y empezó la transición a una democracia para todos. Hoy, a los 91 años canceló, a última hora, su presencia en la ceremonia que marcó su histórica salida de una celda.
Mandela ingresó al Congreso Nacional Africano (CNA) en 1944 para luchar contra las políticas de discriminación racial de la minoría blanca.
La organización fue declarada ilegal en 1960 y Mandela auspició la creación de un ala militar, volcada a una campaña de lucha armada que incluía el empleo de métodos terroristas.
El CNA decretó entonces la libertad de acción para sus militantes. Los que quisieran seguir el camino de Mandela podían unirse al Umkhonto we Sizweit (La lanza de la nación), que en su proclama de lucha de 1961 estableció: "Seremos el brazo armado del pueblo contra el gobierno y sus políticas de opresión racial. Seremos la fuerza de choque del pueblo que lucha por su libertad, sus derechos y su liberación final".
Al año siguiente, Mandela fue arrestado y condenado a cinco años de trabajos forzados. Muchos de sus compañeros fueron capturados en 1963 y él fue juzgado de nuevo, donde se le sancionó con prisión perpetua.
Veinte años los pasó en una diminuta celda en la tristemente famosa prisión de Robben Island.
En 1993 recibió el Premio Nobel de la Paz. En 1994 fue electo Presidente de Sudáfrica. Mandela así como sus compañeros de lucha debieron optar entre la revancha y la reconciliación.
La mayoría del CNA optó por la segunda vía, aceptando la injusticia que ello significaba en muchos casos.
Para comprender mejor la historia reciente sudafricana recomiendo con el mayor entusiasmo el libro "El factor humano" del periodista inglés John Carlin. En la obra narra la preparación del país para la copa mundial de rugby que se efectuó en 1995.
Los negros odiaban el rugby, porque lo consideraban el juego de los opresores blancos. La mayoría negra juega fútbol. Dicho sea de paso, tuvieron que esperar hasta 2010 para tener su Mundial.
El deporte, como ocurre a veces, se convierte en un campo de batalla político. El libro que sirvió de base para la película de Clint Eastwood es, como casi siempre, muy superior a la película "Invictus", estrenada la semana pasada en Chile.
Mandela comprendió desde temprano que los sentimientos pesan más que los razonamientos para el grueso de la población.
La minoría blanca sudafricana estaba aterrada. Muchos pensaban que era sólo cuestión de tiempo antes que tuvieran que dejar su país. Grupúsculos fascistas exigirían la formación de un Estado blanco independiente.
A través de una política de cautela, de concesiones calculadas y del deporte, Mandela junto al CNA lograron llevar a buen puerto una transición que muchos pensaron sería imposible.
El Mundial de Rugby fue la gran señal masiva a través de la cual los negros manifestaron que no buscaban venganza.
Aun más, estaban dispuestos a respaldar a los blancos en su lucha por lograr el máximo cetro del violento deporte.
Mandela y los logros de Sudáfrica, en la construcción de una sociedad multirracial, son un ejemplo luminoso de lo que es posible lograr cuando existe voluntad y conciencia política.