
Domingo 21 de marzo de 2010| por Pamela Gutirrez
Mañana van a estar de mudanza en la Fundación Educación 2020. Estaba ubicada en una antigua ala de un edificio de 150 años de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile que se vio afectado por el terremoto. Pero esa no es la mayor preocupación del coordinador de este movimiento, Mario Waissbluth, sino que lo es elhacer un llamado a las autoridades para que los "cabros" ingresen a clases, aunque sea a una guardería, para salvaguardarlos del trauma que ha significado este sismo.
-A su juicio, ¿cuál es la mayor urgencia en educación, considerando el reciente terremoto?
-Van a tener que montarse soluciones de emergencia, porque hay que meter a los cabros en establecimientos lo antes posible. Ni siquiera tanto para enseñarles matemáticas, por ejemplo, sino que por un requerimiento sicosocial. Tenemos informes de sicólogos que dicen que están tan traumatizados, que lo único que quieren es volver a clases, para tener una semblanza de normalidad en su vida y para tener contención. Los cabros tienen a sus familias traumatizadas y han visto durante semanas escenas de horror, miedo, destrucción y saqueo en la televisión. El daño escolar mayor, y que no somos capaces de dimensionar, es el sicológico y que no sabemos qué secuelas va a tener. Ese debe ser el frente prioritario del programa de emergencia escolar.
-¿Qué le han parecido las propuestas del Ministerio de Educación para paliar las consecuencias del terremoto?
-Educación 2020 siempre ha sido un grupo ciudadano, por ende díscolo y, por lo tanto, siempre estará criticando a cualquier gobierno. Sin embargo, en esta ocasión, llamamos primero a la ministra Jiménez y luego al ministro Lavín y nos pusimos a su disposición. Éste no es el momento de estar discutiendo políticas públicas, sino de ayudar sin condiciones.
-Del programa de Piñera en Educación, ¿qué metas van a ser impracticables, en razón del sismo? ¿Los colegios de excelencia, por ejemplo?
-Nosotros estábamos bastante satisfechos con los programas de ambas candidaturas. Ahora el tema de los liceos de excelencia, para nosotros, es una minucia muy poco preocupante. No estamos en desacuerdo con los liceos de excelencia, pero hay que dejar en claro que estos establecimientos con suerte van a atender al 2% de la población escolar y van a seleccionar al mejor 2%. Nuestra preocupación es el 98% y nuestra definición de colegio de excelencia es aquel que no selecciona alumnos y que es capaz, tanto en básica como en media, de enseñarles a los más porros. El desafío de la educación no es enseñarles a los mejores, sino que ser capaces de llegar a los cabros vulnerables, cuya familia no tiene capital cultural y que no pueden ayudarlos con las tareas.
-¿Qué va a pasar con el Simce y la PSU, dado que hay regiones donde no se está haciendo clases?
-El Simce se va a deteriorar, sin duda. O sea, se va a empeorar más allá de lo que está, porque la educación estaba terremoteada antes del sismo. ¿Significa esto que no hay que medir? No estoy de acuerdo. Creo que no hacerlo es como tratar de tapar el sol con un dedo; hay que medir en las buenas y en las malas, mas que no sea para saber lo que está pasando. Lo que sería de una injusticia total es que, si un colegio disminuye su puntaje
Simce, se castigara a los profesores. El colegio va a disminuir su Simce, porque quedó la crema. El desafío este año es dantesco en la zona damnificada. Estamos en una fase de emergencia en que la meta debiera ser simplemente normalizar, que los cabros puedan estar sentados en una sala de clases, con un profesor al frente, para dar una sensación de normalidad.
-¿Qué le parece que hayan sido los colegios los más dañados por este sismo?
-En un país sísmico como éste, donde se sabe que cada cierta cantidad de años hay terremotos, los que deben resistir son los hospitales y las escuelas. Si hay algo que no se puede caer en Chile son esos establecimientos y, por lo tanto, el estándar de construcción de la nueva escuela tiene que resistir un sismo grado nueve. No sólo por razones escolares, porque en cada barrio debe haber un centro comunitario en un país sísmico. Lo que necesitaríamos son escuelas búnker, por ponerle algún nombre.
-¿Usted cree que la destrucción que causó el terremoto en los establecimientos educacionales se podrá solucionar sólo en cuatro años?
-(Piensa un rato) Tiendo a pensar que el terremoto también es una oportunidad. Lo peor que podríamos hacer es movilizarnos y construir para que las cosas queden tal como estaban. Veo que la crisis escolar tiene tres fases. La primera es meter a los cabros al colegio como sea, aunque en vez de un profesor haya una tía que los cuide, porque se trata de una intervención social y no escolar. Para que los estudiantes estén con sus compañeros, puedan recibir alimentación y contención emocional. Y eso no se logra en 45 días ni con flecos ni varitas mágicas. Voy a ser el primero en ir a la Plaza de la Constitución y sacarme el sombrero si se logra en ese plazo, porque el desafío es monumental. La segunda fase es la normalización en que se logre tener a los cabros en clases, con ramos. La tercera fase es lo que nos gustaría ver y es cómo aprovechamos esto para, ahora sí, crear un sistema escolar de excelencia en las zonas más afectadas y ojalá que se extienda a todo Chile.
-¿Y va a defender al ministro Lavín en caso de que el Presidente le pida su renuncia por no cumplir con el plazo de 45 días?
-Yo lo voy a defender. Creo que el desafío de 45 días para poner a los cabros en guarderías es de por sí monumental. Si se logra, me voy a sacar el sombrero, porque sería una gesta heroica. La segunda fase, no tengo idea cuánto puede tardar. Ni siquiera se le puede pedir al gobierno un plazo para eso, porque va requerir un esfuerzo de planificación tremendo. Es cosa de acordarse de que hay profesores damnificados. Y en Iloca, más encima. No es sólo un desafío de infraestructura física, sino de transporte, conectividad, que los colegios tengan electricidad, agua potable y se haya solucionado la situación laboral de profesores que van a estar en las más exóticas e impredecibles circunstancias, con un programa de contención emocional en escuelas donde ya su situación estaba terremoteada de antes. //LND