
Martes 31 de agosto de 2010| por MARTÍN HUERTA
El Poder Legislativo en Shile no sirve, se lamentó Rocío cuando le robaron piezas vitales de su camioneta. Fue a la policía para decir que detectó a comerciantes que ofrecían esos mismos repuestos por internet y la prensa. -No quiero pagar por lo que me pertenece- arguyó ¿Qué podemos hacer?- pidió consejo. ¡Nada!- dijo Carabineros, si no comprueba que esas especies son suyas. Así es la ley -dijo el investigador-.
La Rocío pagó 400 mil pesos y tal vez le instaló la pieza en su móvil el mismo delincuente que la robó y destrozó la cerradura del motor. La muchacha cayó en manos de una desarmaduría, sitios de acopio de repuestos generalmente robados y que funcionan al amparo de la ley. Si estos negocios fueran fiscalizados, podrían ser una buena alternativa para quienes no pueden comprar piezas nuevas para sus vehículos. Lo lamentable es que las leyes no regulan ni fiscalizan esta actividad, haciendo que fundadas dudas se ciernan sobre ella.
¿Y cómo debería ser la ley? Los legisladores debieran dictar leyes en favor de las víctimas, con extensión para fiscalizar. ¿Cómo? Simple: (1) Que cada vehículo desarmado tenga identidad a la vista: patente, número de motor, señas del antiguo dueño y factura de su procedencia. (2) Que por cada repuesto que se compre se extienda factura de compra y, tal vez, un lapso de garantía si corresponde. Sin esto no deberían operar.
Todo pasa porque algunas desarmadurías ofrecen con total impunidad repuestos de vehículos último modelo; y si pensamos un poco, nadie que tenga un móvil nuevo lo vende para desarmarlo, a menos que haya sufrido un accidente y vaya a dar a un corral municipal. De ahí que es preciso que se justifique la procedencia. Sé de muchas personas que han sufrido robos de y desde sus pertenencias móviles en estacionamientos públicos pagados y los llamados malls, donde sus denuncias son ignoradas por los concesionarios. Nada se puede hacer porque ni la policía ni las municipalidades fiscalizan ni obligan.
Es hora que la ciudadanía se una y haga valer sus derechos, que denuncie los siniestros que pasan y, además, exija buenos tratos y solicitud cuando va a estampar reclamos. Muchas veces somos vistos peor que los malhechores. Y para el Poder Legislativo, diputados y comisiones: ustedes que se deben a nosotros, a nuestros votos; perciben excelentes sueldos, viáticos y muchas regalías del Estado, deténganse a pensar que la ciudadanía está sufriendo de una escalada de delitos; asaltos en las calles y carreteras, robo de partes: espejos o tapas de ruedas y vehículos completos.
Entre las desventuras, la peor es la falta de seguridad y de justicia.