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Miércoles 13 de junio de 2012| por Carlos Salazar
Los coreanos saben tocar las fibras exactas para crear una emoción. Probablemente por eso los mejores violinistas y cellistas del mundo provienen de allá. Probablemente, esa también es la razón de que también nos conmueve el hecho de que el nuevo dedo que puede desatar la hecatombe nuclear sea de este país cuya exportación tradicional también son las teleseries. Chile ha abierto su economía también a productos como el k-pop y estas teleseries que se venden a nivel industrial en reductos como el persa Biobío y otras galerías. Ambos productos, la música y estas series conocidas como doramas, van de la mano ya que muchas de estos programas son protagonizados por estrellas del pop de oriente que son el equivalente a Justin bieber pero con ojos rasgados y pelo rubio oxigenado.
Con un maquiavélico interés en ese mercado es que Mega acaba de estrenar la tira “Casi el paraíso”, más conocida en el ambiente teenager como “Boys before flowers”, una rareza dentro del mundo de las teleseries en Occidente, no por su guión que es bien convencional, sino porque el éxito que ha logrado entre una fanaticada fiel es algo inédito en la región.
El nuevo aire de las estas teleseries en alta definición ocurrió a fines de los 90, luego de la crisis asiática, cuando con los mismos pocos recursos, las teleseries debieron buscar más creatividad y atractivo con los mismos recursos y consideró abrirse a nuevos mercados desde la perspectiva cultural. Desde entonces, sin dejar de lado la identidad y la tradición, se propusieron estas historias universales barnizadas de sentido común y livianitas de sangre.
En “Casi el paraíso", Jan Di es una adolescente que trabaja repartiendo la ropa de la lavandería de sus padres. De temperamento explosivo y extracción pobre, la joven se encuentra ante un chico suicida en el techo del colegio cuico donde hace el reparto. Tras salvarlo, la directora del colegio le otorga una beca deportiva para estudiar en el pomposo Shinwha a cambio de su discreción por el bochornoso incidente.
Como es de esperar, una vez dentro, Jean Di deberá enfrentarse al crudo bullying y las burlas de compañeros de clase acomodada. El macho alfa de la escuela, un pedante millonario, pasa de las burlas y el maltrato a enamorarse de la chica a la que corteja con muy poco tino. Sin embargo la joven se fija en las buenas maneras del mejor amigo de éste. No hay mayor ciencia en la trama ni lo que sigue. Incluso no se diferencia a primera vista de las producciones mexicanas de laboratorio que hemos visto el último tiempo. Sin embargo el tono y el tratamiento de estos recursos trillados se mezclan con mucho humor, ironía y una visual preciosista y que cautiva con la elocuencia de la cultura del spot.
Pese a los antecedentes, el drama nunca llega a las cotas del melodrama venezolano o la caricatura argentina, ni rasga la misma piedra como las teleseries chilenas y sus guaguas cambiadas, el encantador pobre que vence el tren del clasismo o el follón histérico del trasnoche.
Acá, por ejemplo, la familia de la protagonista está compuesta por un papá ludópata, una mamá que apuesta por bajarle la autoestima a su hija y un hermano mayor adicto a la tecnología. La suma de ese frikerio entrega momentos hilarantes sacados de cualquier hogar de clase media del mundo. También son un hallazgo los esfuerzos destemplados del patán enamorado de la jovencita, un magnate capaz de gastar millones de dólares en acaparar la atención de la chica que sólo lo ignora. Pero, vamos. Que es solo una teleserie. Un protagonista importante también es la tecnología, algo de artes marciales y otros aciertos como reirse de los chicos populares porque no usan uniforme o incluir en el guión una realidad tan incómoda como el suicidio escolar en clave mordaz.
Otro punto a favor de estas comedias es su corta duración que las hace más fáciles de seguir. El más largo no tiene más de 30 capítulos y el más corto dura seis entregas, según la industria coreana que prefiere la variedad sobre la lógica del estiramiento de estas historias. Allá se transmiten en horario estelar y están orientadas a todo espectador.
Si Mega le da el palo al gato (como ya lo hizo alguna vez con la lacrimógena japonesa “Oshin”) es de esperar que el mediodía empiece a ofrecer un poco más de ficción azucarada, pero inteligente en lugar de la farándula demente de cada día.
►¿Porqué "Casi el paraíso" arrasa con el rating?
►Un resumen en video de los mejores momentos de la teleserie coreana