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Sábado 9 de abril de 2011| por Roberto Valencia
Unas 5 mil personas, 17 canciones y una hora 20 minutos de puro rock and roll duro que literalmente hizo estallar al Teatro Caupolicán. Así fue la actuación de Motorhead, la banda británica que llegó a Chile a revivir sus clásicos, además de su último y vigésimo álbum "The world is yours".
La jornada comenzó con la presentación de los teloneros nacionales Hielo Negro y Devil Presley, que calentaron los motores de la promisoria jornada de la versión de este año del Big Metal Fest.
AMBIENTE
La presentación de Motorhead estuvo a cargo del antropólogo "metalero" Sam Dunn. El autor de los clásicos documentales de heavy metal "A Headbanger's Journey", "Flight 666 con Iron Maiden" y "Global Metal" arengó a los asistentes con un "hemos escuchado que los chilenos son unos locos fanáticos de Motorhead".
Y el fervor de los jóvenes se hizo patente, con varios de ellos descolgándose desde la platea para llegar hasta la cancha. La temperatura al interior del recinto de calle San Diego fácilmente superó los 40 grados, y en las graderías destacaron varias banderas chilenas con el rostro de Lemmy Kilmister, líder de Motorhead, además de algunas banderas de la región de Magallanes .
"Ace of spades", "Killed by death", "Rock Out" , "Going to Brazil" y "Overkill" fueron algunos de los clásicos interpretados en el concierto, durante el cual se grabó el material que será presentado mundialmente en el documental de Motorhead, motivo por el cual la banda fue acompañada por 18 técnicos.
El desafío planteado por Sam Dunn fue aceptado sin problemas por la fanaticada en la hora y media de recital, con pasajes donde los mismos Motorhead debieron esperar un par de minutos para tocar sus canciones debido a la euforia que mostraba el público. Era tanta la algarabía que el mítico Lemmy y el guitarrista Phil Campbell se miraban mutuamente aprobando con sus rostros la energía demostrada por los asistentes.
La interacción de la banda con el público superó las expectativas de los propios músicos, al punto que Kilmister señaló en la mitad del concierto que "ustedes los chilenos son una excelente audiencia y esperamos volver en otra oportunidad".
El ambiente dentro del Caupolicán reflejó la concupiscencia de este público por el rock and roll duro; ese deseo irrefrenable de llevar el ritmo por parte de adolescentes, jóvenes y rockeros canosos que asistieron con sus casacas de cuero negra o de jeans desteñidos con un gran parche en la espalda. No por nada, después de Iron Maiden, las poleras de Motorhead son las más vendidas en el país.
En cada momento de pausa, el baterista Mikkey Dee se alzaba desde su batería para entusiasmar al público, mientras los camarógrafos de la banda grababan a los asistentes en la mitad de la cancha, donde en repetidas ocasiones se formó un remolino humano de torsos desnudos.
El grupo británico continuará con sus presentaciones en Argentina, Brasil y Uruguay.
A la salida del concierto Carabineros debió cortar el tránsito en calle San Diego para dejar salir a los 5 mil asistentes que se repartieron entre los que se retiraban a sus casas y aquellos que se quedaron en las shoperías del sector para comentar el show visto.