
Martes 13 de septiembre de 2011| por Nación.cl
El obispo luterano Helmut Frenz, destacado defensor de los derechos humanos en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet, murió este martes en Alemania, su país de nacimiento.
Al comunicar su muerte, la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (Fasic), entidad que fundó en 1975, lo calificó como "un hombre comprometido con el tiempo que le tocó vivir", tanto en Alemania como en Chile. Destacó que como pastor luterano "estuvo al lado de los perseguidos y postergados, preocupado y comprometido por los derechos humanos".
Nacido el 4 de febrero de 1933, en la ciudad de Allenstein, Frenz estudió teología en las Universidades de Bonn, Goettingen y Kiel, y en 1959 fue ordenado pastor luterano, labor que desarrolló durante 6 años en Alemania.
Llegó a Chile en 1965 como pastor de la Iglesia Luterana de la ciudad de Concepción, donde orientó su labor hacia la cárcel y diversos campamentos poblacionales de la localidad de Hualpencillo.
Casado y padre de 10 hijos, Frenz fue elegido en 1970 obispo por el Sínodo de la Iglesia Evangélica Luterana de Chile y se trasladó a Santiago, donde fundó la Organización Ecuménica "Diaconía".
En septiembre de 1973, tras el golpe de Pinochet, fundó la Comisión Nacional de Ayuda a los Refugiados (Conar), reconocida por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y por el régimen a través de la cual alrededor de 7.000 refugiados extranjeros pudieron salir de Chile.
Junto al cardenal católico Raúl Silva Henríquez, Frenz fundó el Comité de Defensa de Derechos Humanos, que después pasó a denominarse Comité de Cooperación para la Paz en Chile, compartiendo la presidencia de esa entidad con el obispo católico Fernando Ariztía Ruiz.
El pastor Frenz fue uno de los primeros que realizó un estudio donde se establece que la tortura se aplicó en Chile en forma sistemática. Junto al obispo Ariztía, entregaron al general Pinochet, el 11 de septiembre de 1974, el informe donde le comentaron situaciones de "apremios físicos".
Pero en ese diálogo, el mismo Pinochet le admitió que en su régimen se aplicaba la tortura: "Los comunistas más peligrosos son los miembros del MIR. Deben ser torturados porque de otro modo no cantan. La tortura es necesaria para erradicar el comunismo de raíz", le dijo al pastor.
En 1974, en reconocimiento a su labor humanitaria, el entonces Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, príncipe Saddrudin Aga Khan, le otorgó la más alta distinción de la ONU, la medalla Friedjof Nanssen.
Sin embargo, debido a esa labor humanitaria, el 3 de octubre de 1975 el régimen de Pinochet lo expulsó de Chile. "Pasamos por momentos de mucha angustia. Pero lo más impactante fue observar a miles de angustiados, refugiándose en nuestros templos, víctimas de tortura. Los cadáveres en el río Mapocho y la pobreza en las poblaciones, y sólo unos pocos aplaudiendo a los militares", contó en su oportunidad Frenz a La Nación.
Pese a ello, el pastor sacó cuentas positivas: "Fue un tiempo duro, pero también fue un tiempo de enriquecimiento moral, ya que era posible encontrar una comunidad de hermanos y hermanas católicos, luteranos, anglicanos y judíos que trabajábamos juntos en el campo de la defensa de los derechos humanos".
Su experiencia en el país la resumió en su libro "Mi vida chilena. Solidaridad con los oprimidos" (Ediciones Lom 2006), donde aborda los pasajes que marcaron su vida entre 1965 y 1975.
El 30 de julio de 2007, el Estado de Chile agradeció su labor humanitaria, cuando la entonces Presidenta Michelle Bachelet firmó la ley que le concedió la nacionalidad chilena por especial gracia.
En la ocasión, Bachelet manifestó que "ningún poder pudo apartar a Chile del corazón de Helmut Frenz, ni a él del corazón de millones de chilenos y chilenas que lo reconocemos como uno de los héroes de la paz".
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