
Inicio » Cultura y Entretención
Viernes 4 de junio de 2010| por Gabriela Garca / La Nacin
Aparece de noche. Brilla. Se mueve. "Y hoy, ¿por qué no?", dice el cartel donde una botella de champagne Valdivieso se descorcha y vierte su espumante contenido en dos copas. El neón acaba de ser declarado Monumento Nacional. Pero hace rato que daba vueltas en la cabeza de Tomás Espinosa.
Director y dramaturgo de la compañía Geografía Teatral, dice que "es un clásico con el que han crecido varias generaciones de santiaguinos". Instalado en 1955 por la empresa Luminosos Parragué en la esquina de la calle Rancagua (a sólo dos cuadras de Vicuña Mackenna y Bustamante), ha resistido indemne el paso del tiempo y la construcción de DFL2. Ha actuado hasta hoy como estrella vigilante.
"Hay estudios que lo asocian con la vuelta al hogar, con la carretera, porque late justo en el corazón de la ciudad", explica Espinosa sobre el viejo aviso que junto al de las pantys Monarch, tiende puentes emotivos entre una multitud de desconocidos. "Su tintineo permite hacer una revisión transversal de Chile. Preguntarse por ejemplo si hemos respondido colectivamente esa pregunta que se enciende cuando termina el día, que nos interpela y nos pone en contacto con la memoria", agrega el teatrero que desconociendo la declaratoria que firmaría el pasado Día del Patrimonio el ministro de Educación Joaquín Lavín, investigó los infinitos significantes que encierra dicha botella y presentó el proyecto al Fondart.
LUGARES COMUNES
Y es que rescatando la dramaturgia del olvidado chileno Armando Mook ("Natacha" o "Isabel Sandoval Modas") o desnudando la tensa relación que sostienen los ciudadanos con la delincuencia a través de una joven rechoncha ("Jaula obesa"), Geografía Teatral (integrado por jóvenes salidos de la Universidad de Chile) hace rato que viene siendo un radar de los lugares sociales, políticos y emotivos comunes de los chilenos.
Siempre en sintonía con el pan de cada día, tal vez por eso a la hora de ser convocados por el Instituto Chileno-Norteamericano al Festival de Dramaturgia Norteamericana Contemporánea, Tomás Espinosa no dudó en dirigir una obra sobre la violencia intrafamiliar: "A lie of the mind" ("Una impostura del recuerdo") de Sam Shepard. "Es como trabajar con un actor virtuoso, un agrado", dice el director sobre la pluma que creó el montaje que presentarán desde el 16 de junio en Lastarria 90. Y que comienza con la ruda pelea de un matrimonio, donde ella resulta con daño cerebral y a él no le queda otra que irse.
"Aunque es una obra extranjera y habla de las zonas más oscuras de la sociedad gringa, la familia que la protagoniza podría estar en cualquier parte de Chile. Inserta en una irremediable pobreza intelectual, su torpeza emocional se agranda y los espacios que antes eran de amor dan pase a la violencia", dice Espinosa.
Pese a que no cree que la familia haya muerto, para seguir funcionando, dice, necesita someterse a una revisión. "¿Cómo se puede llegar a destrozar a los uno ama?", se pregunta el director.