
Domingo 21 de marzo de 2010| por Inbal Landau
Las constantes réplicas no hacen más que recordarnos la devastadora reacción que la naturaleza tuvo el 27 de febrero. No permiten que nuestras cabezas se despojen de la vivencia de esa madrugada y que puedan emprender el rumbo del olvido.
"No en el sentido de olvidar propiamente tal, sino que en el de seguir adelante", explica el neurólogo experto en trastornos del sueño,Walter Avdaloff. Hay personas que han perdido a sus seres queridos, otras a las que no les ha quedado ningún bien material; algunos han visto dañadas sus viviendas y sienten que con cada nuevo remezón podría terminar por caerse lo que aún está en pie. Muchos dormían a la hora del terremoto y desde aquel día no es cosa extraña que les cueste volver a conciliar el sueño con normalidad. Si a usted le ocurre y piensa que no es algo pasajero, no se inquiete. Existen técnicas y tratamientos para que, a pesar de la adversidad, pueda volver a descansar con tranquilidad.
Un trastorno del sueño ocurre luego de vivir situaciones que traen angustia y ansiedad, y corresponde a alguna alteración en el hábito que tiene una persona al dormir, como demorar más en quedar dormido, despertar antes de la hora en que uno solía hacerlo, tener constantes pesadillas, sufrir un incremento en las apneas del sueño o los ronquidos y la somnolencia diurna que reduce el rendimiento. Aun antes del terremoto -que ha incrementado ostensiblemente las consultas sicológicas-, una elevada cifra de ciudadanos padecía de problemas para dormir. El doctor Avdaloff señala que "en la población chilena en torno al 20% de los niños y adultos tiene insomnio".
-¿Por cuántos días una persona debe tener complicaciones en dormir para que se considere que tiene un trastorno del sueño?
-Para que no se considere una cosa transitoria, tiene que ser una situación mantenida en el tiempo por 30 días y que además altere la calidad de vida, de modo que genere angustia durante el día, somnolencia o problemas de memoria o concentración.
-¿De qué modo se manifiestan situaciones traumáticas como el terremoto en los sueños?
-Las pesadillas son un trastorno bastante frecuente que se conecta con las vivencias personales. En 1992, el sur de Florida fue azotado por el huracán Andrew, que tuvo una inusitada fuerza destructora y generó situaciones severas de estrés que se mantuvieron por mucho tiempo. Como consecuencia de eso, se produjeron muchas consultas por trastorno del sueño y se hizo un estudio sobre la aparición de pesadillas. Resulta que los contenidos de ellas no eran meramente una repetición del huracán o de las situaciones de angustia que se había vivenciado, sino que tomaban una simbología mucho más compleja, en la que cada persona incorporaba aspectos biográficos personales al hecho que había vivido. Recuerdos de infancia u otros de su vida generaban estos estados de angustia intensos en las noches. Era como si la situación traumática hubiera reactivado o desencadenado miedos y temores que ya estaban de algún modo solucionados. Entonces con lo que hemos vivido ahora, uno no espera que el terror de la gente sea exactamente el vivir otra vez un terremoto, sino que son y van a ser situaciones de angustia o incluso de pánico que tienen relación con la inseguridad que cada persona siente en este momento. En alguna medida, estas catástrofes importantes le quitan a una persona el sentido de seguridad básico que tiene. Y eso se ve expresado en el sueño, porque, mal que mal, la hora de dormir debería implicar un período de refugio en que las personas se desconectan y logran un momento de paz.
-¿Recuerda cómo fue su experiencia tras el terremoto de 1985?
-La gente tenía muchas pesadillas, sobre todo remembranzas de lo que había sido ese episodio. Porque ese terremoto, a diferencia de éste, se vivió de día, sucedió algo así como a las ocho de la noche, por lo tanto la gente no estaba durmiendo. Este terremoto sacó a la gente del sueño. Eso hace una gran diferencia, que puede ser para bien o para mal, porque en el otro hubo muchas situaciones de pánico, de salir corriendo mientras se desplomaban casas de adobe por Melipilla y en la zona del epicentro en la costa, que fue en Algarrobo. Y en este caso, mientras soñábamos, pasó esto. Fue tan intenso el estímulo, que el dormir para muchas personas se ha transformado en algo amenazante. Hoy día lo que escucho en mis pacientes es que no quieren irse a acostar o no pueden dormirse, tienen temor a hacerlo y que otra vez vivan una cosa similar. Prefieren estar despiertos para poder reaccionar, de modo que es evidente que el terremoto haya sido mientras la gran mayoría de las personas estaba durmiendo, ncorpora un carácter mucho más amenazante.
-¿Qué otros trastornos pueden verse en estas situaciones?
-Hay quienes tienen crisis de pánico nocturnas, cosa que también ocurrió en 1985. Cuando se van a quedar dormidos empiezan con palpitaciones intensas, dificultades para respirar. Pero no solamente está el tema del insomnio, sino que otras alteraciones se ven acentuadas. Una se denomina "síndrome de piernas inquietas" y genera un severo trastorno del sueño, causado por movimientos incontrolables de las piernas durante su inicio, que se ven incrementados severamente por situaciones de angustia. Por otra parte, existe la narcolepsia y una de sus manifestaciones es la "parálisis del sueño", que consiste en que una persona despierta y siente su cuerpo inmovilizado, y se tarda entre uno y dos minutos en poder moverlo. Una catástrofe como la vivida también puede provocar somnolencia diurna. Hay personas que tienen episodios de sueño tan intensos que les hacen perder los estudios, que no son capaces de rendir, que dejan los trabajos y pasan desde minutos hasta horas durmiendo durante el día.
-¿A quiénes les calan las situaciones de estrés? ¿Sólo a los que sufrieron fuertes consecuencias o también a los que vieron la devastación por televisión?
-A todos, porque está el que lo vivió en Concepción con una magnitud de 8,8 y el que lo vivió en Calama, que prácticamente no lo sintió, pero que, sin embargo, a través de las comunicaciones, que son una cosa maravillosa y talvez maligna al mismo tiempo, igual lo ha vivido. Y como Chile es un país sísmico y se espera que en algún minuto haya un terremoto en el norte, el que no lo vivenció actualmente se anticipa al terror que podría tener si sucediera. Todos lo sienten. Con un pánico más intenso quien estaba en el epicentro o las cercanías o el que tuvo desgracias personales y de un modo menor el que no las tuvo. Las réplicas impiden el proceso fisiológico del olvido de la consecuencia emocional. Por lo tanto, persiste la sensación de angustia e inseguridad en las personas. Es como si estuviéramos recibiendo un recordatorio nuevamente de lo que pasó. Cuando tenemos un accidente y sufrimos una fractura de una pierna, tenemos un dolor intensísimo, sin embargo, un año más tarde, nos preguntan qué nos pasó y decimos que tuvimos una fractura, pero no que estuvimos gritando, llorando o imposibilitados de un modo terrible durante unos días. Eso es porque tenemos el recuerdo del acontecimiento, pero ya perdimos el recuerdo emocional del dolor.
-¿Por cuánto tiempo puede continuar esto?
-El proceso del olvido debería comenzar entre uno y tres meses tras el terremoto. Se supone que las réplicas irán disminuyendo en intensidad, de modo que en un plazo de tres meses podremos perder el recuerdo terrorífico del terremoto del 27 de febrero, pero mantendremos un recuerdo de que Chile es un país sísmico y que cada cierto tiempo hay algún temblor. Hay un grupo de personas que a partir de ahora va a desarrollar algún trastorno del sueño crónico, ya sea por haber tenido una disposición previa o una enfermedad latente.
-¿Puede ser permanente?
-Sí, hasta que consulten.
-¿Cuál es el tratamiento para estas alteraciones?
-Va a depender del tipo de trastorno del sueño. Hoy las personas están haciendo uso de ansiolíticos. Las farmacias y laboratorios están sobrepasados en su venta y producción. Sin embargo, los tranquilizantes son pan para hoy y hambre para mañana: son medicamentos que disminuyen la ansiedad, pero en forma transitoria y además generan la posibilidad de desarrollar dependencia. Hay que retomar el ritual de antes de acostarse, las características y horarios del sueño. Luego, hay personas que efectivamente van a requerir de algún tratamiento con medicamentos controlados y por un tiempo limitado, incluso de antidepresivos para las personas que desarrollen crisis de pánico por las noches. Va a haber una desestabilización de muchos problemas que estaban en forma latente y que ahora se van a hacer evidentes. Van a aparecer complicaciones nuevas, que no existían, como las mencionadas anteriormente o una alteración que se denomina "trastorno conductual del REM", que se traduce en que, cuando tenemos un sueño, nuestro cuerpo está paralizado de modo que todo está en nuestra esfera mental, pero no en la física. Puedo tener una pelea con leones o un sueño violento y sin embargo no me muevo. Y con esta alteración del sueño, las personas que habitualmente tienen sueños violentos pero no se mueven, comienzan a dar patadas y puñetes con los que pueden golpearse y herirse a ellos mismos o a una tercera persona que está al lado sin la intencionalidad de hacerlo, porque son movimientos de defensa contra supuestos atacantes que está viendo en sus sueños. Esto suele darse en adultos mayores. Con respecto a las pesadillas, si éstas se transforman en algo incapacitante o que provoque un gran sufrimiento, existe una técnica de modificación o control de la ensoñación, que consiste en que se entrena a la persona para que introduzca en su sueño algún elemento voluntario. Vale decir, si una persona tiene repetitivamente sueños angustiosos, se la entrena para que introduzca en ellos un elemento tranquilizador, como por ejemplo, que a lo lejos viene una persona que le viene a ayudar.
-¿De qué manera se introduce?
-Primero se genera una imagen que a él le resulte positiva y tranquilizadora y se repite en ensoñaciones durante el día, para que de a poco se vaya introduciendo en su sueño. Es muy interesante, porque podemos modificar en parte el contenido de lo que soñamos. Para esto los pacientes deben tener capacidad de imaginación.
-¿Cuál es la mejor forma para retomar la rutina? Parece difícil, considerando que muchos están enfrentando condiciones adversas...
-Se requiere retomar elementos recreativos durante el día y tener respeto en cuanto a la consulta por información: ver tanta televisión y leer tantas noticias resulta tóxico. En estos momentos ojalá que las personas pudieran juntarse a jugar cartas, jugar Metrópolis, conversar y que no sea sobre lo que ha sucedido, sino que sobre temas relacionados con la vida familiar, la historia, etcétera. Eso ayuda mucho a retomar la rutina. Incluso un momento de crisis y que limita las actividades que pueden realizarse, como lo es éste, puede ser un período de crecimiento personal y familiar, que da espacio para juntarse y tener conversaciones íntimas. Lo otro es considerar el deporte. El ejercicio ayuda mucho a disminuir los niveles de angustia de modo que es recomendable en estos momentos a todo el que pueda que por lo menos camine. Y de ahí para arriba.
-¿Qué enfermedades pueden producirse a partir del estrés vivido?
-Todo lo que significa la pérdida de vida y material es una especie de agresión contra el organismo. Esta agresión se manifiesta, dependiendo de la edad, de diversas formas. Hay personas que a partir de este minuto van a desarrollar dificultades respiratorias, hipertensión arterial, arritmia, crisis de pánico e incluso la muerte, como pasó con algunos que tenían enfermedades al corazón y que sufrieron un paro cardíaco relacionado al terremoto o las réplicas. En las personas más ancianas y que tenían un estado de demencia inicial, esto puede acabar de desencadenarlo. Esta situación de angustia intensa que han vivido lleva a una descompensación y hace manifiestos los deterioros intelectuales que hasta este momento estaban controlados.
-Salvo la demencia, ¿las patologías que puedan generarse son reversibles en alguna medida?
-Son todas reversibles e incluso una persona con demencia tiene un comportamiento mucho peor cuando está angustiada. Es cosa de ver a un anciano que, cuando lo está, funciona muy mal y cuando se tranquiliza recuerda lo que quiso decir. La ansiedad perturba y deteriora el funcionamiento de todos, pero si una crisis hipertensiva se trata adecuadamente la persona puede volver a su situación previa, aunque seguramente seguirá medicada. //LND