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  No quiero volver al altar

  Aunque la remozada legislación civil chilena facilita el trámite, pocos separados están dispuestos a calzarse anillos nuevamente. El miedo al fracaso, los hijos y consideraciones financieras asoman como razones de pesos.

Martes 27 de julio de 2010

Miguel (37 años) está divorciado hace un año y medio. Estuvo 10 años legalmente casado con Carolina, con la que tuvo un hijo (hoy de 9 años), y aunque a partir del quinto año de matrimonio que la relación no funcionaba, Miguel no estaba seguro de divorciarse, porque temía que pudiera afectarle a su hijo.

"Lo más fuerte que uno vive es la relación padre e hijo y para mí no era muy grato separarme por eso. Un día me dije, quiero ser feliz y si yo lo estoy, mi hijo también va a estarlo", cuenta. Así se contactó con Ricardo Viteri, director de SeparadosdeChile.cl, una organización de abogados que informa y guía a personas en su misma situación, y junto a él y su ex esposa comenzaron a hacer los trámites, siempre enfocados en la protección del menor.

Tras un año de diligencias, en febrero de 2009 ya estaba divorciado, hace poco fue padre, junto a su actual novia, y en septiembre de este año se volverá a casar. Todo con la venia de su hijo.

"Mi relación actual es totalmente distinta. Yo creo que me casé tempranamente, a los 26 años, eso básicamente te genera cierto grado de inmadurez. Creo que es mejor terminar la universidad, trabajar, gastar en lo que quieres, ahorrar, antes de los 30 es un poco complejo", dice.

Desde 2005, año en que entró en vigencia la ley de divorcio en Chile, según cifras del Registro Civil, se han registrado 128.921 divorcios. En el mismo período se han realizado más de 310 mil matrimonios, y en el 8,8% de ellos, según Ricardo Viteri, participó algún divorciado, de los cuales, el 61% son hombres. Son, según las cifras, quienes menos tardan en volver a tener pareja después de la separación.

Según la sicóloga Ana María Zlachevsky, directora de la Escuela de Sicología de la Universidad Mayor, esto sucede porque los hombres son más dependientes y necesitan que alguien reemplace lo que solían tener mientras estaban casados. "La mujer está acostumbrada a ser dueña de casa y si está acostumbrada a trabajar también, con el divorcio tendrá un doble rol que lo ha tenido siempre. El hombre no, necesita que le cumplan el rol de hacerse cargo de la casa, que nunca hizo, entonces va en busca de alguien que lo complemente, por llamarlo así", explica.

Primero los hijos

Mientras la mayoría de los hombres no tarda más de un año en encontrar una nueva pareja, existe una gran diferencia sobre todo con las mujeres separadas que tienen hijos, gran parte de ellas tarda más de dos años en volver a tener pareja, mientras que otras optan por ni siquiera volver a intentarlo. Los hijos y la independencia son cosas que no están dispuestas a transar.

Los niños son un factor importante, dice Zlachevsky. "Las mujeres somos primero madres y después pareja. Las mujeres ven primero los hijos antes que la pareja, los hombres no", dice.

Claudia obtuvo su divorcio en febrero, llevaba casi 19 años separada de su marido y a pesar de eso, sentía que no podía deshacerse de él. "Consultando a mi asesora de la AFP, me dijo que si me pasaba algo todos mis ahorros iban a pasar a mi marido, aunque estaba separada de él hace muchos años, 'así son las leyes', me dijo, y así a todas partes que iba, si abría una cuenta corriente o quería comprar algo, siempre tenían que ver los antecedentes de él. Yo decía que era injusto, porque yo me manejaba sola, no recibía plata de él como para que le estuvieran consultando, así que decidí invertir un poco y sacármelo de encima", cuenta.

El trámite duró tres meses. Hoy si bien tiene pareja, asegura que no volvería a casarse.

Miedo al fracaso

Andrés (40) lleva siete meses con su nuevo estado civil. Antes estuvo once años casado, aunque hace más de tres que no vivía con su esposa. En 2008, con un hijo mayor de edad, decidió que lo mejor era divorciarse.

Aún cuando reconoce que su anterior matrimonio fue un fracaso, "no tengo miedo a la palabra, cuando me casé, lo hice para toda la vida, estaba enamorado de la mujer con la que me casé, pero el amor se acabó y se produjo el quiebre", dice, añadiendo que está dispuesto a intentarlo otra vez.

Hoy tiene una nueva pareja, la que también tiene un hijo, y dice que con ella se proyecta, al punto de querer volver a casarse. "Creo en el matrimonio, en la relación de pareja y en la familia. Yo siento que con ella tengo una familia y aunque no creo que vuelva a tener hijos, si se diera la posibilidad, yo feliz", asegura.

Aunque el miedo persiste. "Sí tengo miedo a volver a fracasar, cuando uno comienza una relación nunca está seguro de que va a durar para siempre, yo pensé que iba a durar para el resto de mi vida, pero no", dice.

Viteri que se casó por segunda vez sólo cuatro meses después de divorciarse, asegura que aunque está enamorado, no puede evitar pensar que puede caer en lo mismo. "Sigue latente esa aprensión de que uno pueda fallar nuevamente, pero hay también una convicción interna de que la persona con que se está al lado y con la cual está tomando esta segunda decisión en la vida, es realmente la indicada", sostiene.

En realidad, el miedo no es sólo al fracaso, no es el único. "Hay muchos que ni siquiera son capaces de divorciarse por primera vez, a pesar de que el matrimonio no funcione, por miedo", dice Viteri. Según cifras del Poder Judicial, una de cada tres demandas de divorcio son abandonadas en tribunales y no siempre las reconciliaciones son las protagonistas, tener que pagar una compensación económica, también se ha convertido en un factor importante.

Algunos casos se encuentran con una contrademanda que puede exigir muchos millones. Si bien sólo el 30% de los cónyuges que exigen compensación la obtiene -al cumplir los requisitos-, al no haber una fórmula para calcularlas, muchos prefieren escapar.

"El mayor temor en el caso de los hombres es la compensación económica implícita dentro de lo que es el divorcio, si es que la pidiera la cónyuge. No existe ninguna fórmula legal en este minuto que permita calcularla anticipadamente, la ley no previó eso y queda a criterio del juez. Pueden ser 2 a 3 millones como pueden ser 100", explica Viteri.

Julia Failla, abogada especialista en divorcios, sostiene que la compensación económica procede cuando uno de los cónyuges "no ha podido desarrollarse profesionalmente durante el matrimonio por estar al cuidado de los hijos o del hogar común". Generalmente son las mujeres y su compensación la calcula el juez, considerando la duración del matrimonio y la vida en común de las partes, la situación económica de ambos, la edad, la salud del beneficiario y su calificación profesional, entre otros.

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MATRIMONIOS EN ALZA

Como ha sucedido en los países donde se legisla el divorcio, a partir de su entrada en vigencia en Chile, el número ha aumentado anualmente. En cinco años el país alcanzó una tasa de divorcialidad que otros países tardaron hasta 20 años en obtener: un índice de 3,5 (tasa calculada según el número de divorcios/población media x 10.000 habitantes) y con ello, el octavo lugar entre las tasas más altas a nivel global. Sin embargo, al contrario de los efectos que la misma ley tuvo en el mundo, en Chile el número de matrimonios no descendió, al contrario, el mismo año de la entrada en vigencia de la ley, se revirtió la baja sostenida que las uniones legales tenían desde 1990.

Viteri asegura que el fenómeno se debe a que muchos de los que se divorciaron estaban esperando la ley justamente para volver a casarse. "El divorcio en Chile fortaleció de alguna manera la institución matrimonial, la prueba es que su entrada en vigencia revirtió 14 años de tendencia a la baja del matrimonio. A partir de 2005 que coincide con la entrada en vigor del divorcio se revierte la caída y empieza a subir la cifra, alcanzando los primeros dos a tres años sobre los 59 mil, manteniéndose ahora en estos últimos dos períodos, bordeando los 58 mil", dice.

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