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Directora de “Rara”: “Buscábamos entrar a la casa de los no convencidos"

Directora de “Rara”: “Buscábamos entrar a la casa de los no convencidos"

Pepa San Martín se aleja de las caricaturas y de la denuncia social para contar en su ópera prima cómo es ser una preadolescente en una familia homoparental, desmitificando en base a un relato sutil y emocional que se puede hacer un cine cercano y con una mirada crítica sobre la sociedad sin caer en estereotipos, construyendo con matices y naturalidad una historia que recoge el caso de la jueza Karen Atala. En entrevista con La Nación habla de su cinta.

Jueves 3 de noviembre de 2016 | por Bruno Delgado + Sigue a La Nación en Facebook y Twitter

Mirar con ojos libres de prejuicios, cambiar la rabia por amor y comprensión, y reflexionar desde el reconocimiento en el otro. Eso es a lo que invita la directora nacional María José San Martín con su película “Rara”, que lleva algunos días en cartelera y que pone sobre la mesa una historia tan cercana como imprescindible para nuestros días, siguiendo el camino trazado por las nuevas voces del cine local que mezclan la urgencia social con la frescura del desenfado.

Pepa San Martín, como firma en su primer largometraje tras varios años como asistente de dirección, habló con La Nación sobre su ópera prima, en la que narra desde la visión de una niña preadolescente cómo es vivir en una familia homoparental, donde las peleas madre e hija se matizan con almuerzos de pizzas y jornadas de karaoke improvisadas en el living, como en cualquier hogar de sus vecinos de Viña del Mar que miran con desconfianza a este nuevo clan familiar. 

Aún sin complejos, pero empezando a vislumbrar y entender por qué al resto del mundo le llama la atención su vida familiar, Sara (Julia Lübbert) mantiene una relación de lo más natural con su mamá biológica, Paula (Mariana Loyola), su mamá adoptiva Lia (Agustina Muñoz), su hermana menor Catalina (Emilia Ossandón) y su padre Víctor (Daniel Muñoz).

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En su sutil y contenida ópera prima, levemente basada en el caso de la jueza Karen Atala (2004), San Martín narra con una cámara que acompaña a su protagonista con breves planos secuencias, desenfoques y segundos planos, evadiendo con gracia y sensibilidad la denuncia, el espanto y la queja, para abrirnos las puertas a conversaciones en habitaciones de clase media, patios de colegio y autos lejos de ser último modelo.

Entre clases de vóleibol y fiestas de cumpleaños, se cuelan gatos huérfanos buscando un hogar y el deseo de Sara por encontrarse (y entenderse) en un mundo que le exige sentirse rara porque su familia es feliz cuando, a ojos del resto, debiese ser caótica y desafortunada. También hay psicólogas inquisitivas que quieren encontrar en ritos iniciáticos adolescentes señales de una desesperación, pero por sobre todo hay padres que quieren lo mejor para sus hijas aunque en el camino pierdan el norte y se enfrasquen en disputas legales más motivadas por el temor que el odio.

Imagen foto_00000004Aplaudida y premiada en el extranjero, como ya se está haciendo habitual en los trabajos nacionales, ganó galardones en los festivales de Berlín (sección Generación Kplus) y San Sebastián ( sección Horizonte Latino), la directora de “Rara” tenía la película clara sobre cómo y a quiénes hablar sobre igualdad de género y derechos de minorías sexuales: “Buscábamos entrar a la casa de los no convencidos, no en los que ya están de acuerdo. Queríamos entrar muy despacio en las casas donde se niegan estas situaciones y para eso quería hacer una película amable y desde el amor. Soy una convencida de que los adultos sólo cambiamos por los niños”.

- "Rara" se escapa de la denuncia aunque deja en claro cuáles son los temas que le interesa tratar.

- Tampoco quería hacer una película LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y personas transgéneros) que hablara de un tema en específico. El tema de la madre es una capa de la película. "Rara" se trata del crecimiento, de la búsqueda de identidad, de cómo se puede construir y destruir una familia. Quería que el público se sintiera reflejado y no sólo los que tienen una familia homoparental, sino cualquier familia que sufra una desestructuración.

- Los matices son protagonistas de la película, no hay caricaturas de héroes y villanos

- Lo más difícil era evitar rodar una película de buenos y malos. El amor es el motor de todos los personajes. No es la violencia ni la discriminación. Por eso elegí a Daniel Muñoz para el papel del papá, porque para mí es uno de los grandes actores que podían lograr ese matiz. La película no tiene como finalidad retar o decir qué están haciendo mal, sino invitar a una reflexión sobre la sociedad que queremos construir. Quiero que vean la situación desde otro lugar. Yo que soy homosexual estoy cansada de las películas pro homosexuales que tratan el tema violenta y panfletariamente.

- Gracias al tono más cercano y amable, la película convoca a las familias, ¿era parte de los objetivos? 

- Quiero que el público la vea. No soy tan ambiciosa para creer que puede cambiar el mundo pero sí me parece interesante que, hablando tanto de la familia, tengamos pocos lugares en los que las familias pueden encontrarse. Hay que revisar cuántos espacios damos socialmente para que la familia piense. Me parece interesante la reflexión en familia.

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- Debutaste en un largometraje propio trabajando con niños, ¿cómo fue la experiencia?

- Fue maravilloso. Todos me preguntaban lo mismo. Sabíamos que aunque tuviéramos un gran guión (co escrito con Alicia Scherson) o que tuviéramos las mejores locaciones, si las niñas no funcionaban no había película. Fuimos conscientes de que no podíamos apurarnos en ese proceso. Hicimos un casting que duró un par de meses y cuando tuvimos a las niñas, más que juntarnos a ensayar, tomábamos once, íbamos a la piscina o a una exposición. Nosotros jugamos a hacer una película con las niñas porque de lo contrario era mucha presión. Llegamos al set con las relaciones armadas. Las niñas eran amigas; conmigo y la Mariana Loyola ya tenían una relación muy cercana.

"NOS FALTA MUCHO"

- ¿Cómo ves que se han instalado en Chile los derechos para familias homoparentales?

- Hemos avanzado, es innegable. Las organizaciones activistas han hecho un buen trabajo, pero creo que nos falta mucho. Las leyes las crean en las salas estos grandes señores parlamentarios pero se aplican en las calles y el arte es una muy buena herramienta para sensibilizarlas. Los homosexuales aún estamos en tela de juicio. Aún tenemos que demostrar que somos personas normales. Tenemos que ser súper buenos trabajadores, buenos hijos, buenos amigos, tenemos que demostrar que podemos criar. Aún estamos en la fase de la demostración. Si te caes en alguna de esas fases se te viene el yugo social.

- ¿Eso fue lo que crees que le pasó la cuenta en el caso de Atala?

- Ese fue el juicio que se le hizo a Karen Atala. Todos los problemas que podía tener la niña adolescente fueron interpretados como síntoma de que su mamá fuese lesbiana. Y es normal pasar por esa fase de odiar a tu mamá y tu casa cuando eres adolescente. Sin embargo, ¿qué hizo la sociedad? Responsabilizó a la mamá por ser lesbiana.

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- Además, hay una cierta desprotección judicial.

- Claro, no tenemos derecho filiativo y no podemos constituirnos políticamente como una familia. Por eso los gays quieren el matrimonio, no es por una tendencia católica, es que solo el matrimonio es una institución política de familia. Al no poder adoptar a los hijos de mi pareja o no poder inseminizarme y ser las dos madres de ese hijo, somos ciudadanas de segunda clase. En la década del 90 se hablaba de los hijos ilegítimos. Ahora, los hijos de familias homoparentales son los hijos ilegítimos de esta era. Mi hijo no va a tener los mismos derechos de los de familias heterosexuales. No me vengan con que está todo bien, estamos recién empezando. Nuestra generación esta jodida, los niños son los que valen.

- Otro tema que está en constante evolución es la escena local del cine. ¿Aún crees que carga con la mochila de que es fome y se escucha mal?

- El cine está viviendo un cambio. No es coincidencia que estemos contando historias inspiradas en casos reales. Es verdad que el público chileno aún cree que el cine de acá es fome y latero. Con todas las cosas sociales que están pasando, me parece que la emocionalidad está recuperando su espacio. Antes nos daba miedo emocionarnos: mientras menos emoción, más cool y eso se está acabando. Quiero que la gente ría, llore y reflexione. Me parece que es parte de la evolución de nuestro cine que es tan joven. Veníamos de películas muy políticas, de dictadura y de miserias, necesarias en ese momento. Después hubo otra camada y hablaban de ficción pura, con historias más universales pero se perdía el reflejo de lo que estaba pasando. También necesarias. Ahora viene esta otra parte donde sí nos estamos mirando a nosotros.

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