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Gastón Salgado se pone en guardia para interpretar a Martín Vargas en Mega

Gastón Salgado se pone en guardia para interpretar a Martín Vargas en Mega

El cabrón malo de todo casting cuenta porqué se quiere desprender poco a poco del estereotipo y de cuál es su método basado en la invocación, el trabajo duro y el amor. A la espera del estreno de la miniserie sobre el púgil, el actor comparte los detalles de su fórmula y método.

Martes 18 de octubre de 2016 | por Carlos Salazar   Publicado por: La Nación - Foto: Fabián Vargas + Sigue a La Nación en Facebook y Twitter

El nombre de Gastón Salgado ha sonado a cuatro bandas este semestre. Con dos películas de autor en la recién pasada competencia de Sanfic, una de ellas en cartelera, y también con el montaje en el Teatro Camino de la obra "Rocha", que se hace cargo de los inmigrantes. Mientras Mega sigue marinando la miniserie "Pega, Martín, Pega" para su estreno inminente, pero sin fecha.

Ahí, Salgado se calza los guantes y encaja los golpes como el púgil osornino que llegó a pelear el título mundial. En el mundo real, el actor, recordado por ser el narco de la pobla de "El reemplazante", dicta clases y evalúa su futuro como el actor moreno de San Joaquín al que siempre llaman para papeles de carácter anclados en la periferia social y psicológica.

Un carabinero con problemas con la bebida en "Juana Brava", un araucano estratega en "Sitiados", un sociópata en la cinta "Camaleón", uno de los asesinos de Daniel Zamudio en "Niño nadie" o un milico que hace las paces con la historia en "Población Tejas Verdes" son un amplio registro que ha sido horadado en la misma piedra. A Salgado no le molesta (aún) este perfil, porque sabe que a estas alturas el carácter y su biografía son su empresa. Un valor agregado que lo diferencia de otros actores a un nivel genético.

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"¿Qué tienen en común mis personajes?. Creo que representan historias de jóvenes que durante mucho tiempo han estado callados pese a que existen y son parte de la realidad. Gente que no ha tenido una representación fuera del estereotipo y el estigma. Tiene que ver con eso: poder ponerse en el lugar del otro, pero desde la experiencia. Yo tengo calle, nací en San Joaquín, crecí en la población y eso me da la calidad de un sobreviviente y una inteligencia distinta", dice sobre un ethos compartido con otros sobrevivientes que quizás no tuvieron la suerte suya.

"Pero si te fijas, no hay diferencia en esos perfiles. En todos trato de buscar cuál es mi lugar e intento no hacer solo personajes de narco o carabinero o mapuche solo por ser moreno. Siempre trato de mostrar una estructura, porque una imagen no funciona así solamente, pero el chileno es prejuicioso: si usas jockey, buzo y zapatillas eres flaite; si te pones traje de dos piezas, eres secretaria. Se categoriza a las personas cuando todos somos mucho más de lo que aparentamos. Lo que yo busco es que mis personajes sean simplemente un disfraz, pero ese real que otros usan para encajar socialmente, demostrar algo o simplemente defenderse", asegura sobre su personal stanislavski. Un método no patentado pero consagrado.

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Insiste: "Tengo calle. No tengo plata, pero tampoco tengo miedo. La actuación sólo puede brindar un buen registro si te sacas de encima el miedo. La expresión te exige verte como lo que la gente quiere ver y eso es algo que me pasaba en "El Reemplazante". Ahí, mi personaje, el Claudio, era un vecino mío. Un cabro igual a ese hueón y me valgo de eso, sin miedo a lo que quiero que ocurra porque desde el principio no lo juzgo".

Gastón define su estrategia como la del "copión". La del ladrón que se apropia del gesto de otros para agregar su propia impronta, como cuando fue un Denzel Washington sudaca que le quebraba el servicio al "Profe Charly" y, más recientemente, una adaptación urbana de Martín Vargas para la serie sobre el mítico boxeador. "Básicamente yo soy un copión porque busco un registro y le pongo mi propia manera de hablar, mi observación y lo que el resto del equipo pueda aportarme a esa copia desde el maquillaje, la fotografía o la iluminación",asegura.

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Ese extenso rastro de personajes del actor puede seguirse a través de la web como las piedras del camino que conducen a un bosque impenetrable. El mismo metal en esa mirada se encuentra en los clips de producciones de FOX desperdigadas por Youtube, compilados con los mejores momentos del Claudio, videos que Gastón Salgado colgó hace 8 años cuando era estudiante, jardinero y electricista. Videos donde llama a financiar películas de amigos, tareas para un taller donde interpreta una escena de "Carretera perdida" de David Lynch, un reel con sus extremos actorales, un corto donde el albañil desafía al futre a una partida de ajedrez, un video clip pachanguero sobre un mal amor  y otros experimentos fellinianos como "El Hombre Eléctrico" donde Salgado es el motor de un desértico pueblo del norte.

"Traté de borrar algunos, pero no pude. Son muchas cosas que hice con cabros del Arcos, las escuelas de cine de la Universidad Mayor y Uniacc. Ha sido casualidad que estén ahí, pero ahora que lo pienso, detrás había una estrategia inconsciente de darme a conocer y parece que funcionó como si lo hubiese planeado. Hoy muchos de estos compañeros son directores con los que trabajo permanentemente", añade.

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Está satisfecho como intérprete, pero también como parte de la producción de "Camaleón", la cinta debut de Jorge Riquelme estrenada este mes: un curioso thriller psicológico en el que comparte con Paulina Urrutia, Paula Zuñiga y Alejandro Goic. Aquí Salgado es Gastón, Urrutia es Paulina y Zúñiga es Paula en una película que es más experimento y escuela sobre los dobleces de la vida real que academia actoral. "Lo que hacemos con Jorge es un trabajo de ensayo donde investigas, buscas pero realizas una invocación generando cierta energía, personas en la misma parada que hacen las cosas sin ego, desde el amor y lo mejor que tengan. Esa es nuestra manera de trabajar", apunta el actor y productor. Salgado agrega que los premios y el financiamiento llegan solos cuando se trabaja con esa fórmula. No por nada la película consiguió su presupuesto total (y algo más) a través de plataformas de crowdfunding.

Sobre la cinta, el actor cuenta que su historia fue apareciendo a través de esta invocación de la que habla. "Uno va construyendo espontáneamente y con la guía del director. Hicimos varios finales hasta que la película adopta su forma definitiva, incluso la participación del entorno es algo orgánico: recuerdo que en plena grabación apareció un pajarito muriendo que también acabó siendo parte de la historia y que conforma momentos que dialogan con esta película mágica. Detrás de "Camaleón" hay algo complejo, están las máscaras de una misma persona. Es una película que habla de la mentira, de nuestra idiosincrasia del doble estándar, de cómo absolutamente todo el mundo miente. La mentira es algo latente y presente en todos nosotros y quienes nos gobiernan", asegura. Su personaje en la cinta es (otra vez) un estilizado delincuente que reconstruye el portonazo que da en una casa del litoral a la cabaña de dos mujeres solitarias.

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-¿Cuándo crees que comenzó a dignificarse el rol del flaite en la TV chilena y se pasó del estereotipo a un estudio auténtico del personaje?

-Creo que eso pasó cuando empezaron a contarse otras historias en las teleseries. La historia del obrero, del mecánico, del vendedor del mercado como protagonistas. Las teleseries de los 90 tuvieron más tiempo para desarrollar estas características cuando se volvieron genéricas. De alguna manera se aprovechó ese potencial de la TV de mostrar las realidades. Aunque aún hay temas que falta por tratar. Hace un tiempo, con el director de "Camaleón" fuimos a grabar a una pobla de verdad en Maipú.

"Era un día domingo -cuenta- me tendí en la plaza principal a tomar sol como si estuviera en el Parque Bustamante. Ahí yo... con lentes oscuros. Y los locos empezaron a echarme la choreá altiro. Claro, era una pobla de bloques, había cabros pasteros y todo, pero los medios se quedan con eso y no con la gente hermosa que nos iba a ver, nos ofrecía un vaso de bebida o conocer sus casas de gente trabajadora con orgullo. Eso también lo deberían mostrar. Las cosas que pasan realmente más allá de la anécdota. En ese sentido, los choros son cabros que sobreviven, son cabros inteligentes que tienen -desgraciadamente- a otros choros como referentes y ese es el problema cuando se trata del narco de la población. Siguen modelos, van copiando y siempre lo vas a querer replicar o mejorar. Y mientras estás siguiendo ese camino, ves al mismo tiempo la otra injusticia: la de los políticos que 'te cagan' por todos lados. Gente que son prácticamente forajidos".

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-¿Crees que se puede llevar ese mensaje desde la vereda del actor, del realizador?

- Sí. Uno nunca debe hacer las cosas por obligación. Pretender eso es un ego, yo no me siento distinto a cualquier persona, ni que mi opinión sea más importante que la de otro. Al menos lo que intento es ver un lado equilibrado desde una posición más neutral porque entiendo los lugares pese a tener mi opinión sobre todo y entender lo que pasa. La gente desconoce lo que pasa a nivel de estructura social. Mi opinión es honesta, desde el amor y la proactividad.

"Lo que uno puede hacer desde la pega es mostrar su arte con amor, con un esfuerzo extraordinario como el de personajes increíbles como Michael Phelps, Usain Bolt. Son personas que triunfan porque se entregan y se abnegan. Comen solo lo que deben comer, descansan lo que deben hacer, trabajan lo que deben hacer y más. Se coartan de un montón de hueás para hacer las cosas de la mejor manera posible. Para hacer a Martín Vargas estuve en una verdadera crisis durante seis meses. Aislado de todo el mundo en una cabaña de la Comunidad Ecológica. Solo en la montaña. Me pegaba el pique a diario a Conchalí a entrenar, preparándome físicamente, sin fumar, sin tomar, sin carretear. Siempre en diálogo con lo que la vida quería enseñarme", remarca.

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-¿Y que aprendiste sobre Martín Vargas que no salga en los libros de historia?

-Tuve la guía del propio Martín. Eso fue intenso, muy intenso. Me dejo estudiarlo, grabarlo y él me daba material para sacar sus gestos, su manera de hablar. Aprendí de él lo que representa desde el interior. Esa imagen viva e indestructible del hombre chileno, pero el chileno esforzado que protege a su familia y lo hace todo por ella, todo. El que se levanta temprano a entrenar y trabajar, que también es bueno para el copete, es chistoso, chicha fresca y picarón; el que es bueno para contar historias y algunas otras que no son verdad. Martín Vargas representa todo lo que es chileno. Al hombre común y corriente que llega a enfrentar a otro igual de poderoso por el título mundial con coraje y verdad.

-Desde esa mirada, ¿Qué temas falta por ver en el teatro, cine y las teleseries?
-Noto que faltan las grandes historias de personajes icónicos como Andrés Pérez, de Clotario, de los grandes ladrones chilenos de la década del 50. Más personajes de la realidad, de la tragedia y la historia de esas personas que, como todos, no nacieron malas o dañinas, sino que fueron las situaciones de la vida las que fueron mermando su esperanza. En "Rocha", con Antivilo somos dos hermanos: Román y Luchín. ¿Cachai toda esa carga, ese significado?. Se te viene a la mente la canción de Víctor Jara, también creado a partir del cabrito con los mocos colgando, el caballo y la pobla... ¿En qué se convierte esa persona al crecer?: en un rechazado, en un inmigrante en su propio país.

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-Quizás falta un Gastón Salgado para interpretar esas historias

-Yo siento que quiero dinamitar ese espectro, esos estereotipos. Quiero que los actores morenos interpreten de todo en un país donde todos somos mestizos, donde los inmigrantes están enriqueciendo la cultura de una manera increíble. Chile es una amalgama hermosa de muchas cosas. Categorizarlas es absurdo y el prejuicio siempre ha sido el gran error del chileno, una limitante terrible. Nos da risa a estas alturas con el Tato Dubó y el (Daniel) Antivilo porque siempre nos encontramos en los mismos castings. Son dos grandes referentes y parece que siempre nos llaman para los roles populares. Cuando hay que recrear ciertos mundos.

 

►La invocación de Gastón Salgado para "Camaleón"

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