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El drama de las cárceles argentinas

El drama de las cárceles argentinas

Comida de mala calidad, sobrepoblación, pocas visitas, violencia y robos son algunos de los problemas que aquejan a los presidiarios.

Martes 11 de octubre de 2016 | por Deutsche Welle   Publicado por: Patricio Gutiérrez Villagrán - Foto: Agencia Uno (Referencial) + Sigue a La Nación en Facebook y Twitter

Artículo sindicado desde nuestro Medio asociado Deutsche Welle

El secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, Santiago Cantón, visitó muchas cárceles por toda Latinoamérica cuando era secrecretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y reconoce que las prisiones de su distrito son de las peores que ha visto. En diálogo con DW, dice que están sobrepobladas, se practican torturas sistemáticas, hay corrupción en las compras de insumos y falta capacitación del personal. Cantón admite que la provincia de Buenos Aires, donde vive el 38 por ciento de los argentinos, debe reformar su sistema penitenciario, construir más cárceles y controlar con pulseras electrónicas a los que salen en libertad condicional.

En Argentina viven tras las rejas poco más de 69 mil personas, según datos oficiales de 2014. Los presos se encuentran alojados en 180 cárceles, pero también en comisarías y alcaidías policiales. Casi un tercio de los presos se encuentra en las prisiones de la provincia de Buenos Aires, unos 31.224. Otros 10.424 permanecen en los establecimientos del servicio penitenciario federal, que está repartido por todo el país. El sistema de detención de la provincia de Córdoba es el tercero en importancia, con 6.347 presidiarios.

La cárcel más poblada de Argentina es la bonaerense Lisandro Olmos, con 2.713 reclusos repartidos tres unidades, cerca de La Plata. Le sigue el complejo carcelario número 1 de Córdoba, en las afueras de la capital provincial, con 2.569 reclusos repartidos en cuatro módulos. En tercer lugar figura el penal de Ezeiza, en territorio bonaerense, cerca del aeropuerto internacional próximo a la capital argentina, pero bajo jurisdicción federal, con 1.971 detenidos.

Mala calidad de vida

El 48% de los detenidos en las prisiones de este país ya ha recibido condena. El resto no. Los principales delitos cometidos por los reclusos son robo y tentativa de robo (33,1 por ciento del total), homicidios dolosos (11,9 por ciento) y narcotráfico (9,5 por ciento). Hay unos 247 detenidos por delitos contra la libertad cometidos por funcionarios públicos, 106 por violación de la ley penal tributaria y 17 por incumplimiento de los deberes de funcionario. Es decir, pocos presos por evasión impositiva y corrupción.

Una investigación de la Universidad de Tres de Febrero destaca que las cárceles argentinas están pobladas al 100 por ciento de su capacidad, frente a la superpoblación de las prisiones en otros países latinoamericanos analizados: Brasil, 175 por ciento; Chile, 123 por ciento; El Salvador, 165 por ciento; México, 189 por ciento y Perú, 120 por ciento. Sin embargo, se trata de cifras oficiales. Francisco Mugnuolo, procurador penitenciario federal de Argentina, encargado de proteger los derechos humanos de los reos, advierte que "en casi todas las cárceles se repite el cuadro de corrupción, hacinamiento y violencia”. En las federales, donde se alojan detenidos por delitos como el narcotráfico, se batió en 2015 la marca histórica de presos (unos 10.641) y aunque las autoridades informan que hay 11.850 plazas, Mugnuolo advierte que muchos duermen en los pasillos.

En teoría, el 62,8 por ciento de los reclusos argentinos tiene acceso a celdas individuales, una cifra que supera a los otros cinco países relevados por la Universidad de Tres de Febrero. El 85,4 por ciento cuenta con agua suficiente para beber, un nivel solo superado por Chile. El 98,4 por ciento accede al teléfono público, el 10,8 por ciento al celular (menos que en Chile y El Salvador), el 90,7 por ciento a libros, el 86,5 por ciento al televisor (les va mejor a los chilenos y salvadoreños), el 79,6 por ciento a la radio (por debajo de los presidiarios chilenos), el 77,9 por ciento a revistas y el 72,6 por ciento a periódicos (menos que en Perú).

La comida es de mala calidad para el 47,4 por ciento de los detenidos encuestados en Argentina por la Universidad de Tres de Febrero. El 64,3 por ciento de los reclusos en Argentina trabaja, un porcentaje menor que en México y Perú. Solo un tercio estudia, menos que los chilenos, salvadoreños, mexicanos y peruanos. En cambio, son los que más hacen deportes: el 76 por ciento practica alguno. El 73,8 por ciento de los presidiarios en Argentina confiesa que le han robado sus pertenencias. Solo a los chilenos les roban menos. El 45,9 por ciento reconoce que lo golpearon, más que en Brasil, México, Perú o El Salvador. El 9,5 por ciento ha visto que han obligado a algún compañero a mantener relaciones sexuales, un porcentaje mayor que en México. El 38 por ciento en Argentina recibe la llamada visita íntima, un guarismo menor al de las cárceles chilenas y peruanas.

Espacio para mejorar

Otro de los problemas de las prisiones son las adicciones. En Argentina, el 24,8% de los reclusos cuenta que son los propios agentes penitenciarios quienes ingresan drogas al penal, un nivel superior al de Brasil y El Salvador.

"Este  estudio  demuestra  que,  comparado  con  otros  países  donde  se  aplicó  el  mismo instrumento,  los  sistemas  argentinos  presentan  mejores  condiciones”, concluye la Universidad de Tres de Febrero. Pero, "dado  los  profundos  rezagos  que  existen  en algunos  de  los  otros  países”,  en  Argentina "hay mucho  espacio  para  mejorar”, añade la investigación dirigida por Marcelo Bergman. "Argentina no es una excepción respecto al resto de América Latina”, concluye Paula Litvachky, experta del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

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