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Miércoles 5 de septiembre de 2007
Hojear "The big book of breast" encima de una pila de libros de cocina en alguna librería deja un gusto a nostalgia. La saudade de una época en que los senos femeninos no tenían aditivos ni se rellenaban como zippos. La editora Dian Hanson antologa las mejores fotografías y entrevistas hechas a las más turgentes mujeres sin brassiere de las últimas décadas. Un recorrido por el relieve exuberante de chicas que deleitaban las fantasías de Federico Fellini, Howards Hughes y adolescentes de hormonas desatadas entre 1930 y 1970.
El libro suma 4 kilos de pura carne y cuenta con fotografías XL de esas doradas colinas de senos grandes, pequeños, albinos y prietos, de aureolas, pecas y texturas que recorren los nombres de las modelos más infames de su época. Virginia Bell, Lisa De Leeuw, Paula Page, June Palmer, Tempest Store, Candy Barr, Candy Samples y varias otras candys junto a la invicta dueña del récord Guinnes por las más grandes ubres de la historia de occidente. Norma Stitz. Todo natural.
A LO HECHO, PECHO
Las 396 páginas de "El gran libro de los senos" (Contrapunto, $ 42.800) muestran fotos de gusto delicado y otras que intimidan. El paso del blanco y negro al color, la única diva latina Isabel Coca Sarli (en "Intimidades de una prostituta", de Armando Bo), o secuencias de secretarias, enfermeras y los más nobles oficios, pero a cargo de lolas de calendario. Entre ellas la googleable sueca Uschi Digard o Candy Barr (ex polola de Jack Ruby el asesino de Lee Harvey Oswald y estrella porno desde los años 50, cuando sólo tenía 16 años y se disfrazaba de cowboy girl) que interpreta sesiones de una candorosa dueña de casa que realiza sus labores en bolas. El resto son tetas sobre las que se podría jugar un sudoku o equilibrar un vaso de whisky.
Las páginas del libro reúnen además vasta teoría sobre una ontología del busto, si se quiere. Grandes pensadores como Freud explicando que la fijación oral de muchas culturas radica en el acto espontáneo de hacerle el amor con la boca a la mamá desde las primeras horas de vida, eventos que nos entregan obsesiones como las de Fellini y sus Saraghinas voluptuosas de la infancia. Un detalle que la editora consigna es que la obsesión de los norteamericanos con las tallas de senos XL radica en que desde 1956 aproximadamente sólo de los recién nacidos no fueron amamantados en el país del norte y hasta Dolly Parton se dio cuenta de ese nicho, cuando entrando en la adolescencia llegó a la conclusión vocacional respecto a sus grandes pechos: "¿Por qué no divertirme con ellas?, ¿Y por qué no ganar una fortuna con ellas?".