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  Crisis financiera: ¿el retorno de Obama?

Miércoles 1 de octubre de 2008


El lunes 15 de septiembre, muchos estadounidenses fueron despertados del "trance" en el que parecían haber caído al término de la Convención Republicana y la presentación de Sarah Palin como compañera de fórmula del candidato republicano, John McCain. El nerviosismo generalizado que desencadenó la fuerte caída de los mercados financieros permitió a los demócratas neutralizar el complicado panorama que había creado la irrupción en la carrera presidencial de la joven y carismática gobernadora de Alaska.

McCain buscó bajar el perfil a la peor crisis financiera en décadas apresurándose en afirmar que la base de la economía norteamericana seguía siendo sólida. Quizás esta intervención haya servido como tibio mensaje de alivio para el mundo de los negocios, pero en absoluto para el grueso de la sociedad norteamericana, que sigue reprobando, en forma categórica, el manejo económico de la actual administración de George W. Bush. Todo volvió a ser como el período previo a ambas convenciones, con Barack Obama manteniendo una ventaja modesta pero esperanzadora para quienes ni siquiera desean imaginar la posibilidad de la permanencia de los republicanos en el poder.

Aunque la economía no había dejado de ser el tema más importante en las elecciones, el equipo de McCain estaba sumando éxitos en su objetivo de opacar la imagen de líder poco convencional y transformador de Obama. Pero es justo sostener que frente a la sorpresiva aparición de Palin, la sobrerreacción del aparato comunicacional de los seguidores de Obama alcanzó, también, uno de sus puntos más bajos. El contraataque de los demócratas (notoriamente movido por la incredulidad y el pánico) estaba exponiendo una actitud reaccionaria, de "arrogancia intelectual" y menosprecio. Y no es primera vez que los "aliados intelectuales" y liberales del Partido Demócrata se preocupan de convertirse en la peor receta para potenciar las posibilidades de sus presidenciables.

Esta vez, al igual que las fracasadas campañas presidenciales de Jimmy Carter en 1980, Walter Mondale en 1984 y Michael Dukakis cuatro años después, la desconexión entre el norteamericano común y la elite comunicacional (e intelectual) del partido se estaba haciendo más y más evidente.

Sin embargo, con la preocupante y bullada sacudida del mercado financiero, Obama ha recibido la estafeta y, con ésta, la oportunidad de desvincularse de una campaña menos positiva e inconsistente. Para suerte de él, en un descuidado uso de las palabras (que siempre dicen mucho más que las estudiadas) fue el propio McCain el que se preocupó de insinuar a los indecisos que su manejo de la economía, en caso de resultar electo, no sufriría mayores cambios. En otras palabras, que el candidato demócrata no estaría tan equivocado en seguir explotando un eslogan simple, pero potencialmente demoledor: "Que el liderazgo de McCain no ofrece más que la continuación del estilo de gobierno de uno de los presidentes republicanos peor evaluado en la historia de los Estados Unidos".

 

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