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Las grietas que nos dejó ver el terremoto

El terremoto mostró dos rostros muy diferentes. Uno conocido para quienes hemos vivido eventos similares en el pasado: la fortaleza de una sociedad acostumbrada a lidiar con la naturaleza, capaz de organizarse para volver a levantarse. No obstante, otro rostro menos agradable nos ha golpeado: los medios de comunicación mostraron una y otra vez el pillaje y el vandalismo y la imagen de una mujer pidiendo que los maten a balazos.

Martes 16 de marzo de 2010| por JAIME VILLARREAL

El terremoto mostró dos rostros muy diferentes. Uno conocido para quienes hemos vivido eventos similares en el pasado: la fortaleza de una sociedad acostumbrada a lidiar con la naturaleza, capaz de organizarse para volver a levantarse. No obstante, otro rostro menos agradable nos ha golpeado: los medios de comunicación mostraron una y otra vez el pillaje y el vandalismo y la imagen de una mujer pidiendo que los maten a balazos. Uno podría preguntarse qué puede haber llevado a esas personas a comportarse así. Tal vez la respuesta está en las cifras de pobreza, porque entre las regiones donde ésta es mayor están las de Biobío (1) y del Maule (5). Un país donde 20% de hogares de mayores ingresos concentra más de 50% del total de ingresos autónomos, en tanto que 20% de hogares de menores ingresos reciben sólo 4,1% de estos ingresos, revela una profunda herida o grieta social que, estresada por una situación de catástrofe, sólo puede supurar de maneras tan desagradables como las que vimos.

Los mismos medios de comunicación mostraron horrorizados a saqueadores temerarios, como si no tuvieran nada que perder, corriendo con pantallas, equipos electrónicos y máquinas de lavar. Pero en período normal esos medios se encargan de restregarles a estas personas, en su propia cara, dichos productos que “no pueden dejar pasar la oportunidad de tener”, como si fueran de primera necesidad.

El plan nacional para la superación de la pobreza se ha focalizado en dos ejes temáticos: desarrollo de capacidades humanas, directamente dirigido a combatir la pobreza y cerrar brechas, y crecimiento económico para la generación de empleo, como soporte fundamental del proceso. Es en este eje donde las políticas del gobierno deben apuntar, diseñando un sistema de instrumentos de fomento acordes con las ventajas comparativas de las regiones. Así, por ejemplo, la zona siniestrada en la costa de las regiones del Biobío y Maule es una zona que naturalmente posee una aptitud turística; en consecuencia, pudiera recibir apoyos e incentivos especiales del gobierno para volver a levantar una oferta turística que esta vez no sólo reúna las condiciones arquitectónicas y de seguridad adecuadas para soportar desastres, sino que al mismo tiempo cumpla con los requerimientos de calidad y diseño armónico para mejorar su oferta, lo que junto a la capacitación específica de los emprendedores y el personal a cargo, consolide una imagen fuerte y atractiva para el turista que visite la región. Así, y no a balazos, será posible no sólo contener la delincuencia, sino más importante, comenzar un proceso reconstructivo para cerrar una grieta social, residuo no deseable del sistema que hemos creado, permitiendo que otros chilenos, no los mismos de siempre, puedan ver la vida de modo más esperanzador.

* Gerente CentroIniciativa Facultad de Economía y Empresa Universidad Diego Portales

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