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En Rusia, la hora es motivo de debate

Los gobiernos han recurrido por mucho tiempo a zonas horarias para propósitos políticos, y al otro extremo de Rusia está China. Después de que Mao y los comunistas tomaron el poder en 1949, trataron de consolidar su control ordenando una sola zona para todo el país. Se supone que en China todos viven según la hora de Beijing, aunque el país es lo suficientemente grande para tener hasta cuatro o cinco zonas.

Martes 16 de marzo de 2010| por CLIFFORD J. LEVY

Vadim V. Vodyanitsky dirige una planta pesquera en el lejano oriente ruso y hay una pregunta que complica sus días, tan crucial como el itinerario de los barcos o los patrones de las mareas del Pacífico: ¿qué hora es en Moscú, a 7 mil kilómetros de distancia? Hay muchas maneras de medir el tamaño de Rusia, pero Vodyanitsky puede hablar de una de las más apremiantes: tiene once zonas horarias, desde la frontera polaca hasta las proximidades de Alaska, un sistema tan vasto que uno puede protagonizar un agudo caso de jet-lag en un vuelo doméstico. Las zonas horarias, establecidas por los soviéticos para ejemplificar el porte del país, han sido una fuente de orgullo, pero el gobierno las ve como un inconveniente.

Los gobiernos han recurrido por mucho tiempo a zonas horarias para propósitos políticos, y al otro extremo de Rusia está China. Después de que Mao y los comunistas tomaron el poder en 1949, trataron de consolidar su control ordenando una sola zona para todo el país. Se supone que en China todos viven según la hora de Beijing, aunque el país es lo suficientemente grande para tener hasta cuatro o cinco zonas. Nadie está promoviendo una misma zona horaria para Rusia, lo que podría llevar a todo tipo de absurdos, como tomar desayuno en el lejano oriente en el medio de la noche. Pero cuando el Presidente Dmitri Medvedev sugirió que el país debería contemplar rebajar las diferencias horarias, pareció estar dando apoyo a las propuestas de altos funcionarios del lejano oriente.

Gennady I. Lazarev, un prominente académico de Vladivostok y uno de quienes proponen el cambio, dijo en una entrevista que Rusia debiera iniciar un experimento que acerque en una hora al lejano oriente con Moscú, esperando un año para que la gente se adapte y luego acortando la diferencia en una hora más. Lazarev, quien es miembro de la legislatura regional por el partido gobernante, dijo creer que el lejano oriente está dos horas fuera de lo que él considera el tiempo biológico correcto, es decir, el tiempo más adecuado para el reloj interno del cuerpo humano.

El actual sistema es algo loco. Cuando es mediodía en Vladivostok, son las 10 AM justo al otro lado de la frontera china. En Tokio son las 11 AM, a pesar de que Tokio está mucho más al este que Vladivostok. Aun así, las propuestas para modificar las zonas han generado hondas sospechas, en especial en el lejano oriente y en Siberia, donde la gente tiene antiguos resentimientos hacia Moscú. El lejano oriente tiene una economía débil y una población dispersa y en disminución. Sus residentes suelen quejarse por la falta de apoyo federal. En Khabarovsk, la segunda ciudad más populosa del lejano oriente, el ilustrador Andrei Gordeyev dijo que al plantear el tema de la reducción de las zonas horarias, Medvedev está “lanzando polvo a nuestros ojos”, una expresión que implica un intento por impresionar a alguien con algo que en realidad tiene poco valor. A otros los inquieta que acercar la hora a la de Moscú ayude a las empresas y al gobierno, pero dañe el bienestar de las personas, obligándolas a pasar más tiempo en oscuridad.

El factor ya es crítico en invierno, cuando en el peor de los casos sólo hay unas pocas horas con luz de día. En sus declaraciones, Medvedev mencionó que si bien las once zonas horarias solían ser mostradas como “un símbolo vívido de la grandeza de nuestro país”, esa noción podría tener que ser descartada. Quizás no, dijo Elia Kabanov, en Novosibirsk. “Once zonas horarias: es un rasgo de Rusia, parte de nuestra idea nacional si se quiere”, dijo. “Es algo que nos distingue de China o Estados Unidos, y algo que necesitamos preservar para las generaciones futuras”.

Pero Vodyanitsky, el dueño de la planta pesquera en el lejano oriente, dijo que la situación era cada más insostenible. Dijo que la diferencia horaria no sólo causaba ineficiencias, sino que también originaba extrañamiento entre distintas partes de Rusia. Dijo que recibe regularmente llamados a su oficina a medianoche de gente de Moscú. “No tienen idea de que estamos siete horas por delante en Vladivostok”, dijo. “Y se indignan de que no conteste mi teléfono. Dicen ‘¿cómo es que ustedes no están trabajando? ¿Qué son ustedes, flojos?’”.

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