
Martes 16 de marzo de 2010| por MARTÍN HUERTA
José Martí, 1853, el poeta cubano, iniciador del modernismo, arte social al servicio comunitario, vivió parte de su vida en el exilio, murió por la libertad de Cuba en 1895 y fue tomado como un ejemplo por la revolución castrista, que ha convertido a Cuba en una isla-prisión. Esto es apropiación de valores morales. Martí, aquel humanista, no sería feliz con lo que pasa hoy en su patria. Talvez hubiera estado en la lucha inicial junto a Fidel Castro, pero luego habría aborrecido algo que se transformó en contra de su pueblo.
Recordemos que hacia 1962, Cuba fue suspendida de la OEA por el supuesto irrespeto del régimen hacia los derechos esenciales del hombre: la libertad de pensamiento y expresión de sus ideas políticas, religiosas y sociales, y muchos años después, en 2009, fue readmitida. Mal readmitida, porque esa consideración fue otorgada sin condiciones, habida cuenta de que nada cambió en los abusos que los hermanos Castro han infligido e infligen al pueblo cubano. ¿Quién les otorgó potestad para tanta crueldad contra hombres y mujeres que ansían pensar por sí mismos, a desarrollarse según su inteligencia y empeño, a desplazarse por el mundo sin restricciones ni anuencias gubernamentales, todo sea dentro de los límites formales de la convivencia universal?
Pero la muerte y la represión para el pueblo cubano siguen ante la mirada errática y ausente de la OEA, cuyos estatutos la obligan a preocuparse por la democracia y porque los derechos humanos no sigan siendo vulnerados por un régimen de alcahuetería para algunos y dolor para la gran mayoría. Hace poco ha muerto, inmolado por su propio parecer, un hombre encarcelado por pensar diferente y que se atrevió a denunciar con su muerte lo que acontece en la isla de Martí. El joven albañil Orlando Zapata Tamayo, que a sus 42 años desapareció de este mundo por propagar lo que sucede en su patria. Este muchacho, cuyo cuerpo está en descomposición, no soportó la descomposición eterna del régimen opresor de los hermanos Castro y prefirió reunirse con José Martí, que dijo: La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla. Luego lo hará Guillermo Fariñas. Las únicas que se han manifestado en las calles de La Habana han sido mujeres las Damas de Blanco. ¿Y por qué las entidades mundiales y los gobiernos no alzan su voz? Ah Quienes avalan con su silencio y conformidad son pusilánimes que se rinden al parecer de sus amigos como a las armas de los enemigos. Los derechos humanos irrespetados por cualquier régimen opresor es aborrecible. Ni de las riendas de su caballo debe desasirse el jinete; ni de sus derechos el hombre libre, decía Martí.
Para las Damas de Blanco, para la valiente bloggera Yoani Sánchez y para Guillermo, que tienen fe en el mejoramiento humano como postulaba Martí, un futuro en libertad. Para Orlando, una lágrima.