
Miércoles 17 de marzo de 2010| por JOHN VINOCUR
A fines de la semana pasada, Nicolas Sarkozy dijo que el tema de un posible segundo período presidencial, cuando estoy en la mitad de uno, es risible si se consideran los asuntos que preocupan al pueblo francés y a mí. Me prohíbo hasta pensar en eso. En un mundo de declaraciones voluntariosas e insostenibles de credo político, ésa tuvo una vida útil asombrosamente corta. Un desempeño extremadamente fuerte de la izquierda en la primera ronda de las elecciones regionales nacionales del fin de semana le abrió el camino a la campaña presidencial de 2012 en una forma que teñirá todo lo que Sarkozy haga, en casa o el extranjero, durante los próximos dos años, aunque él dice que no decidirá si vuelve a presentarse hasta fines de 2011.
Los resultados de la primera vuelta dieron credibilidad como posible candidata presidencial a Martine Aubry, líder del Partido Socialista. Fortalecieron el rol de Daniel Cohn-Bendit como voz de un movimiento ecologista que podría complementar a los socialistas en un eventual gobierno nacional de izquierda. Y, de modo desconcertante, los resultados dieron también forma a una especie de deux ex machina político francés. El Imán Perdido es Dominique Strauss-Kahn, actual director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y ex ministro socialista de Hacienda.
En algunas mentes francesas, representa un tipo de experticia capitalista apoyada por una preocupación social con mejor capacidad para lidiar con una economía que arrastra ahora un déficit de más de 8% y un desempleo superior a 10%. El potencial candidato cuenta con una deliciosa ironía que juega a su favor: mucho más que las afirmaciones de Sarkozy de ser inmune a los pensamientos de reelección, el puesto de Strauss-Kahn en Washington le brinda verdadera cobertura y credibilidad para permanecer alejado de un posicionamiento presidencial en persona.
Pamplinas, es la respuesta del bando de Sarkozy a lo que parece ser el surgimiento en la izquierda, luego de años de riñas ineficaces, de figuras legítimas que puedan confrontar al Presidente directamente a los ojos. La explicación: estas nuevas circunstancias permitirán al Presidente ser Presidente hasta 2012 mientras que, por primera vez desde su elección en 2007, la atención pública obligatoriamente se vuelca a escrutar la fuerza y la coherencia de aquellos que desafían su liderazgo.
Aquí calza una segunda ironía, esta vez más maliciosa que gozosa: las grandes fortalezas de Sarkozy (su fuerza de voluntad, su energía y su franqueza) pueden sobrepasarlo. La semana pasada, mientras enfatizaba su distancia y su desdén hacia las políticas de la reelección, no pudo resistirse a reseñar su estrategia para ganar un segundo mandato. En una entrevista con Le Figaro Magazine, el Presidente dejó en claro que, luego de decidir en poco tiempo más sobre lo adecuado de que las mujeres musulmanas oculten sus rostros (tema que él ha descrito como un desafío a la identidad francesa) y reformar el sistema de jubilaciones del país (lo que ampliaría la vida laboral de los trabajadores hasta los 67 años), tiene planes para hacer una pausa legislativa durante 2011.
Esencialmente, eso significa no pedir nada que suena a nuevo o a sacrificio desde fines de 2010 hasta el día de la elección. Al mismo tiempo, Sarkozy se está perfilando para un rol como un amo del universo, diciendo que usaría la Presidencia francesa de un año de los grupos consultivos G-20 y G-8 de las principales naciones económicas para revisar el sistema monetario internacional. ¿Cuál es el blanco? Estados Unidos y su devaluado dólar como divisa de reserva mundial. En realidad no hay otra manera de leer la entrevista de Sarkozy cuando dijo: No corresponde a Europa pagar las deudas de otros. El dumping monetario ya no es aceptable. Para un hombre que quisiera volver a ser Presidente de Francia y que ha dicho a los franceses que su competitividad se ve afectada por un dólar estadounidense barato, ésta es perfecta política doméstica.
Sarkozy ha indicado que al organizar esta megaproducción puede contar con Brasil y Rusia y, posiblemente, con China en papeles secundarios. Si el estrellato internacional también neutraliza al reservorio de atractivo y autoridad de Strauss-Kahn, tanto mejor. Y dado que instala un posible mano-a-mano con Barack Obama en un año preelectoral para ambos presidentes, entonces Sarkozy puede sentir que el suministro de impacto y asombro del tipo de Washington, que mantiene en vilo al resto del mundo, habría disminuido hasta el punto de socavar su defensa de una tasa de cambio ventajosa para el dólar.
Pero hay grandes problemas en camino. Uno implica un apoyo más débil al Presidente dentro de su partido gaullista. Otro es que algunos de los formadores de opinión que dieron su respaldo al Sarkozy-candidato para sacar a Francia de lo que él una vez describió como sopor, autoengaño e ineficacia general, han sido categóricos en que el Presidente no ha cumplido.
En enero, Jacques Marseille, un historiador y economista que inicialmente saludó a Sarkozy como un agente de ruptura o cambios profundos, descubrió que no ha habido casi ninguno. La recesión le hizo un favor a Sarkozy, dijo Marseille dos veces antes de su muerte. Le permitió designar una serie de chivos expiatorios (las finanzas anglosajonas, los banqueros, los bonos de los CEO) sin desarrollar las reformas estructurales que Francia necesita. La semana pasada, un destacado intelectual de la izquierda, André Glucksmann, quien consideraba a Sarkozy capaz de reorientar a Francia hacia un rol mundial más realista, criticó la decisión del Presidente de negociar la venta de cuatro buques de ataque a Rusia, preguntando: ¿Es serio o realista sostener que las ventas de armas alientan las reformas e inhiben las pasiones imperialistas?. Glucksmann respondió la pregunta con una advertencia sobre un Presidente que corre el riesgo de encontrarse cautivo de sus propias fantasías.
Pero el problema más grande de Sarkozy podría ser que su plan de juego para 2012 no encaje con la realidad económica más cercana a casa. Nicolas Baverez, ensayista y economista que sirvió una vez de inspiración a las nociones de Sarkozy para cambiar Francia, ha escrito que la cesantía de largo plazo, con las compensaciones de desempleo acabándose en 2010 para más de un millón de trabajadores franceses, excavará un profundo hoyo de exclusión para muchos hogares que habían vivido con relativa tranquilidad. Dijo en un comentario que la circunstancia genera un alto riesgo de tensiones, injusticia y extremismo político.
En respuesta a este tipo de shock social, sostuvo Baverez, las formas clásicas de intervención del Estado tienen un efecto limitado. En ninguna parte de su advertencia sugirió que el gobierno estuviera preparado para lidiar con las consecuencias. Ni mencionó el nombre de Sarkozy.
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