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  "Alfa, charlie, tango": Aumenta interés por radiodifusión

  Han participado comunicando el país en varias de las peores catástrofes, a pesar que se quejan del escaso interés estatal por apoyarlos. Los cultores chilenos piden ser escuchados, pues garantizan ser un fiel medio de comunicación en emergencias.

Viernes 19 de marzo de 2010| por Cristina Espinoza / La Nacin

"Este es el servicio de emergencia radioaficionado, se declara estado de alerta", fue la frase que el encargado de Radio Club de Chile dijo a los pocos minutos de ocurrido el terremoto del 27 de febrero, con la que se daba inicio a una cadena de comunicaciones entre los radioaficionados de todo el país, que ante una catástrofe inmediatamente saben qué frecuencia utilizar.

Cruzando datos comenzaron a crear un mapa de las intensidades del sismo en diferentes regiones e incluso, una determinación aproximada del epicentro, por informaciones enviadas desde Arica -donde tenían internet- sabían que el NOAA de Estados Unidos había decretado alerta de tsunami, pero cuando Rafael Riesco, director del Radio Club y encargado nacional del Servicio de Emergencia de los radioaficionados, intentó entregar la información a la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) del Ministerio del Interior, no se le dio autorización y se le señaló que cualquier mensaje debía entregarlo por teléfono.

"¿Qué teléfono?", se pregunta ahora Rafael Riesco, cuando a esa hora todo Chile estaba incomunicado debido al colapso de las redes. No pudieron entregar la información, pero de todas maneras continuaron conectados compartiendo datos y entregando mensajes a los incomunicados. Aún lo siguen haciendo, y según CE3FFR, como es conocido Rafael en el mundo de la HF (high frecuency), se han dado más de mil mensajes.

Auge y caída de la HF

La radiodifusión se expandió en el país a partir de julio de 1922, cuando Enrique Sazié y Arturo Salazar comenzaron a realizar las primeras pruebas de transmisión. Desde entonces los radioaficionados se hicieron fundamentales frente a las catástrofes. A partir de 1971, paulatinamente fueron perdiendo importancia, aunque para el terremoto de 1985 reaparecieron para conectar el país. Sin embargo, la entrada de las nuevas tecnologías les dio el golpe final y a partir de los noventa, la mayoría de las instituciones comenzaron a desechar sus equipos.

"Personalmente conversé hace varios años, por lo menos diez, con la señora Carmen Fernández (ex directora Onemi), le hice ver la importancia de los radioaficionados en estas tareas y me dijo que no, que ella consideraba que no era lo mismo, que ellos con la telefonía celular e internet tenían todo controlado", sostiene Riesco. En la misma ocasión le solicitó autorización para ingresar a las frecuencias directas de la Onemi, para entregarles información en caso de emergencia, pero también se le negó, argumentando que eso es posible hacerlo por teléfono. Ahora confía en que la última lección les ayude a reconsiderar la decisión.

"Los radioaficionados estamos en una situación injusta, pero valiosa. Lo importante es que debido a los acontecimientos se demuestra que está tan vigente como antes", asegura.

Hoy son 4.745 radioaficionados que tienen su licencia, de los que menos de la mitad estaban activos hasta antes del terremoto. El colapso de las comunicaciones tras el terremoto y luego del apagón del domingo pasado, avivaron el interés por la radiodifusión.

"Hay gente que había perdido su licencia y la quiere renovar, quiere volver a ser radioaficionado, hay otros que quieren ser por primera vez y algunas empresas quieren tener un sistema de comunicación que no falle, pero en esos casos, deben contactar un servicio profesional pagado", cuenta Adriana Contardo (CE4HBN), presidenta de la Federación de Radioaficionados de Chile (Federachi).

"Cada vez que tiembla, los socios aparecen, preguntando cómo fue en tal parte y ligerito determinan dónde fue el epicentro, a veces no es tan ordenado como quisiéramos, hay más entusiasmo que orden, porque quieren participar", cuenta Contardo, una de las pocas mujeres radioaficionadas del país, con licencia de 1984. "Un socio en Constitución perdió todo, lo único que salvó fue el equipo y está transmitiendo todavía, de hecho, en este momento estoy tratando de gestionar un lugar donde viva", dice la presidenta de los radioaficionados. "Todavía hay gente que no se sabe de ellos, acá Talca está muy dañada, han demolido calles y no se sabe hacia dónde se fue toda la gente", cuenta la presidenta de los radioaficionados.

RADIOTRUNKING

Petetear en Chile es un verbo inventado para definir la acción de presionar el botón PTT (sigla del inglés push to talk) de las radios portátiles. Al hacerlo la radio busca el canal más cercano para transmitir y, con ellos, dos o más personas pueden comunicarse. Este tipo de radios, más sofisticadas que los clásicos walkie talkies, son la opción para empresas e instituciones en caso de colapso.

"La red de celulares está diseñada para que en cierto momento puedan hablar el 10% de las unidades suscriptoras que existan, si hay un millón, las conversaciones que se pueden dar son 100 mil, pero cuando hay emergencia todos quieren hablar, entonces hay 900 mil que no entran a la red", explica Pablo Gallyas, socio de Gallyas Telecomunicaciones, una de las compañías que en Chile ofrece el servicio de radiotrunking, que a través de radios portátiles permite la comunicación incluso frente a una catástrofe, pues no es posible colapsar la red, ni dependen de la electricidad, pues sus antenas cuentan con baterías de respaldo y equipos electrógenos (genera electricidad con un motor a combustible).

"Cuando tienes una repetidora y defines que esa repetidora la van a usar 50 equipos, funciona el 100%, no está sobrevendido. La telefonía celular tiene la ventaja de que en tiempos normales da un muy buen servicio, pero no sirve para una catástrofe ni para el Año Nuevo", sostiene.

El sistema de trunking de Gallyas funciona con antenas ubicadas en cerros, las que en conjunto pueden cubrir toda una región. Su alcance es de 20 a 30 kilómetros por antena, pero ya están trabajando para lograr que conectándolas, el alcance llegue a ser nacional. Hasta hoy, hay cerca de 12 mil equipos en el país, y a partir del terremoto, también han visto cómo ha aumentado el interés, cuenta Alfredo García, gerente general de la compañía. "Se veía a los celulares como la salvación del mundo, pero ya vemos las fallas por congestión o porque se corta la luz. A nosotros no nos pasa, porque necesitamos pocos sitios, una antena nuestra cubre gran territorio y no dependemos de la electricidad", sostiene García.

Además de ser un sistema operable fácilmente, sus equipos son resistentes a los golpes y al agua y están disponibles para arriendo o venta.

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