
Domingo 21 de marzo de 2010| por Pamela Gutirrez
Alejandro Cohen no ha cambiado mucho desde la última vez que salió en televisión, hace ya tanto tiempo que ni él mismo lo recuerda. Recibe a La Nación Domingo en su consulta de tao shiatsu, en Providencia, y nos pide que nos quitemos los zapatos. Con amabilidad, hace que nos sentemos en una cómoda colchoneta donde hay varios cojines. Es ahí donde atiende hoy a sus pacientes, a quienes les aplica la terapia que los aliviará de los dolores del estrés y otras angustias del alma. Está muy lejos de representar los 63 años que tiene y es imposible desligarlo de la serie que en 1979 lo convirtió en el Martín Rivas que permanece en la memoria colectiva de los chilenos de sobre 35 años.
El actor no ha visto la telenovela que actualmente exhibe TVN, en la que Martín Rivas es personificado por Diego Muñoz, pero sí recuerda la exigente preparación de la miniserie en la que él actuó, donde se respetó al máximo el texto de Blest Gana y donde no había lugar para improvisación ni licencias de libreto, como las que se observan en la actual versión.
-Inevitablemente, varias generaciones de chilenos lo tienen a usted como "el" Martín Rivas. ¿Cómo fueron las grabaciones en 1979 y qué desafíos implicó?
-Resultó un fenómeno interesante, a partir de la idea de Sergio Riesenberg, que siempre ha sido un hombre que ha tenido mucha visión respecto de programas televisivos y le gustan los grandes proyectos. De modo que esta producción marca ciertos hitos con respecto al inicio de algunas cosas. Por ejemplo, hasta ese momento, si es que se hacía algo en teleseries, que era muy vago, él planteó al canal grabarla fuera, cosa bastante inusual en esa época, porque normalmente se hacían sets. Por lo tanto, la miniserie que constituía cinco capítulos de largo aliento fue grabada en exteriores (Palacio Cousiño, entre otros) y hoy eso es absolutamente natural.
-¿Cómo llegó a personificar a Martín Rivas? ¿Lo llamaron, postuló?
-Por alguna razón misteriosa, y pese que investigué por mucho tiempo, nunca supe por qué durante cinco a seis años no me dejaban entrar al canal, después del golpe. Yo llegaba a las puertas del 7 y había un señor afuera que me decía: "¿Cuál es su nombre? ¿Cohen? (revisa una lista imaginaria). A ver, Cohen, Cohen, Cohen, no, no puede entrar". Un día me llama por teléfono Sergio Riesenberg para invitarme a conversar acerca de este proyecto de Martín Rivas y le dije: "Sergio, a mí no me dejan entrar; llego hasta la puerta". Me dice que no me preocupara y que iba pasar. Bueno, llego a la puerta y el mismo caballero me dice: "Señor Cohen, ¿cómo le va?, ¡yo lo acompaño!". Y hasta el día de hoy no sé por qué antes no me dejaban entrar, porque nunca he sido político ni de participar en partidos. Bueno, en la reunión le dije que aceptaba y le pregunté quién era la coprotagonista y me dice que era Sonia Viveros. Era maravilloso.
-¿Habían trabajado antes juntos? (La actriz falleció en 2003).
-No, fue la primera vez, pero a partir de ahí fuimos pareja durante muchas teleseries. Era una dupla que funcionaba bastante bien. (Da un suspiro) Uno siempre habla bien de los muertos, pero en este caso era realmente así: era una de las actrices más profesionales que he conocido. Ella, siendo estrella durante muchos años y que partió muy niña, llegaba con los textos aprendidos y era tremendamente colaboradora en la actuación. Eran admirables su profesionalismo y la humildad con que trabajaba. Fue muy lindo y un placer trabajar con ella.
-La novela habla de la revolución de 1850 y que también se recreó en la versión de 1979. ¿No hubo problemas con el gobierno, dado estaba en pleno régimen militar?
-Se hizo en el sector de Los Dominicos y se cerró una noche completa. Fue el acontecimiento de todo un barrio que participó de esta revolución, se avisó a todo el mundo para que no se pusieran nerviosos con el ruido de las explosiones y un regimiento colaboró con caballos. ( ). Era el Canal 7, del gobierno, y estábamos hablando de un hecho histórico, no había una sutileza o doble mensaje, sino que se basaba en la novela. Hubo mucha colaboración del Ejército.
-¿Por cuánto tiempo se prepararon los actores para hacer la miniserie?
-No recuerdo, debe haber sido unos dos meses. Los actores tenemos -o teníamos- la costumbre de hacer revisiones históricas y buscar fichas cuando se hace un personaje, si es que está inmersa en una historia, sobre todo cuando se trata de clásicos. Ahora, hay que pensar por qué Blest Gana ubica la novela en 1850 y por qué la mete en medio de una revolución. No es solamente una historia de amor. Es una historia de desencuentros, de un quiebre político y social. No es que Martín Rivas sea el guerrillero del amor. No existe eso ahí, porque está metido dentro de un contexto.
-El gran contraste del personaje que usted presentó y el que actualmente representa Diego Muñoz es que éste es más osado, más decidido e incluso lo visten de otra forma. En cambio, el suyo era más tímido y más formal. ¿Cómo fue la preparación de su personaje?
-Antes de la preparación del personaje, hay que ver sobre qué concepto se va hacer una serie y sobre qué vamos a hacer una adaptación. Ahora, aquí hay elementos muy fundamentales y que son inamovibles, como el caso de que hay un autor que se llama Blest Gana; como que hay una novela que él escribió que se llama "Martín Rivas" y hay una época específica en que Blest Gana centró el texto, el Chile de 1850. En esta historia, él muestra un episodio sociopolítico y económico del país. Uno de los argumentos que debato es justamente ése. Hay algo que es histórico, y si hay un documento histórico es "Martín Rivas", donde muestra una sociedad, una revolución, las clases sociales y las inquietudes a través de una historia que es inamovible. Ahora, lo que uno hace con eso, es otro asunto.
-La versión de 1979 está claramente apegada al texto de Blest Gana. ¿Cómo fue la adaptación de la novela a la TV?
-Además del equipo de actores y el director, había un adaptador que trabajó en forma muy ardua en convertir este diálogo clásico en algo asequible masivamente, sin perder su esencia. El adaptador trabajó muy apegado con el director y los actores, y prueba de ello es que gran parte de los vestuarios se consiguió con el Teatro Municipal. Imagínese, yo estaba en el Palacio Cousiño en una cama donde normalmente es imposible hacerlo porque está lleno de rejas, donde a lo más se la mira. Ésa era la parte simpática, el poder hacer uso de algo que no se puede tocar y apenas mirar.
-A su juicio, la versión que actualmente exhibe TVN, ¿es una adaptación de la novela?
-Acá no hay un tema de juicio valórico con respecto a la teleserie "Martín Rivas". Lo que estoy hablando no tiene ninguna relación con lo que se está haciendo. No es necesario verlo. Ellos parten de un contenido y de una adaptación que en realidad no lo es. Está más bien basado en una idea, inspirado en algo. Todas las teleseries son válidas, pero hay ciertas normas. Si hago algo basado en una idea o de alguien, tengo toda la libertad de variar, alterar fechas, personajes. Adaptación es lo que hicieron en la película de "Romeo y Julieta" donde estuvo Di Caprio, donde los personajes estaban ambientados en el Bronx, pero mantuvieron el lenguaje shakesperiano. Esta telenovela es una inspiración basada en una idea.
-Es imposible no hacer comparaciones entre la versión que usted protagonizó y la actual. Y muchos se quedarían con la suya.
-Si la juventud ve una teleserie como "Martín Rivas" o cualquiera de las que se están dando, ése es el formato mental que tienen de las teleseries. Si se comparan dos escenas de Martín Rivas, una de la versión anterior y otra de la actual, si alguien vio la primera, tiene un juicio. A la gente joven no se le puede decir si esta versión es mejor o peor, porque no tienen idea. No puede ser una crítica, porque para hacer eso usted y yo tenemos que haber visto lo mismo, para poder hacer un juicio. No se puede entrar a comparar algo o encuestar a la gente joven, porque se ocupan formatos de teleseries, que es el mismo de "Manuel Rodríguez" o "¿Dónde está Elisa?". Cambia la historia, pero es el mismo formato. En el caso de "Martín Rivas", hay una novela, existe un autor y si se va a hacer una adaptación, tiene que ser de la novela. Eso es lo que pienso yo y aquellas personas que vimos la versión anterior y leímos a Blest Gana. Comprenderás que Martín Rivas jamás se subió a un barco. El tipo venía con una carta que le entregó su padre antes de morirse, que venía muerto de susto porque venía de provincia, de ahí su timidez. Martín Rivas está dentro de un contexto histórico escrito por Blest Gana.
-¿Blest Gana estaría revolcándose en su tumba?
-No lo sé. Yo creo que más bien Shakespeare es el que más se revuelca. //LND