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Tiempo para empezar

Mi tiempo está cumplido en este medio, nadie me ha despedido, nadie me dice que no puedo seguir acá, pero está claro que tengo sentido de ubicación en el universo y otros actores han de ingresar a dar una línea editorial distinta.

Lunes 22 de marzo de 2010| por MANUEL MARTÍNEZ

Hace seis años que escribo en este medio de comunicación, desde un día en que caminando por el sector del Bellas Artes me encontré con Rodrigo de Castro, ex director de La Nación, que me invitó a exponer mis puntos de vista sobre lo que entiendo por sociedad. Buscaba gente que pudiese, desde otro prisma, mostrar una perspectiva del acontecer cotidiano. Los dos primeros años entregué esta columna por un incentivo monetario, al que renuncié al tercer año para lograr plena independencia. Discrepé en varias oportunidades de aquellos que hablaban que este medio era un pasquín de izquierda. Es claro que la orientación editorial tiene un prisma y está ceñida a lineamientos del sector gobernante, pero en este diario no escriben sólo personas de una línea política.

En estos seis años aprendí a dar y recibir, es decir, entregué mis puntos de vista y recibí una buena cantidad de críticas, algunas de un nivel que son dignas de guardar, de aprender, de hacerlas propias; otras que no vale ni siquiera la pena comentar, no por menoscabar al que desea opinar, sino porque muchas se fundan en un desconocimiento de quien escribe o definitivamente hay mala leche o envidia. De lo anterior me preocupa una cosa: que varios de los comentarios que se vierten por estos días hablan con una suerte de odio, como que varios durante años se sumergieron en una forma mojigata de plantear sus pensamientos. No me debo a un mentor, a un pituto o a ser el delfín de algún ser superior, soy exitoso en varios aspectos, producto de mi constante deseo de hacer las cosas mejor. Me alegro con los triunfos de otros, incluso cuando a mis oponentes les va bien, lo cual no me frena seguir discrepando y busco la equidad en el medio. Veo que muchas acciones y actos nos hacen mediocres y por lo mismo los denuncié, y desde donde esté, lo seguiré haciendo.

Mi tiempo está cumplido en este medio de comunicación, nadie me ha despedido, nadie me dice que no puedo seguir acá, pero está claro que tengo sentido de ubicación en el universo y otros actores han de ingresar a dar una línea editorial distinta, en la cual no me podré sentir cómodo. Ya lo declaré hace unas semanas, soy de la oposición desde este 11 de marzo, por lo mismo doy un paso al lado. No soy como el ministro oportunista que acepta un espacio, por sobre principios e ideales.

Tengo la fortuna de no ser un parásito del sistema, sistema que no lo siento mío, porque lo siento en muchos aspectos cruel y poco humano. Aun así, creo que durante los años de la Concertación se hicieron muchas cosas buenas, se recuperó la democracia, algo muy complejo de explicar, pero democracia al fin; se lograron grados de libertad individual y colectiva que nadie puede desconocer, ya no existe ese temor a decir lo que uno piensa o siente. Las minorías, si bien aún no son en su totalidad respetadas, al menos son reconocidas. Saneamos un sistema económico que da resultados que sirven de modelo para otras zonas y latitudes. Nuestra querida Michelle logró acercarse a los más necesitados, dando una serie de incentivos que en parte mejoran su calidad de vida. Deudas siempre quedan y sabemos que es difícil construir después de una tormenta que posibilitó a unos pocos adueñarse casi de todo, sin complicaciones ni miramientos. La brecha se distanció lo suficiente como para acortarla con una vara mágica, pero los intentos no sólo se quedaron en palabras; en varias de mis columnas hice planteamientos de reconocimiento hacia los gobiernos de la Concertación y también expuse mis críticas, por cierto, no estoy en la línea de decir que todo es absolutamente bueno o que nada lo fue.

Se abre otro capítulo de la vida republicana, no soy pitoniso para hacer predicciones, pero bueno, así va el naipe, unos a reinar y los otros a ponernos en marcha para ordenar la casa que se nos desplomó. Gracias a los muchos que han leído estas más de 600 columnas, sigo en internet, sumergido en mi blog. La gracia de la tecnología es poder crear muchas posibilidades de comunicarnos, los medios no son sólo los que se publican en papel, enhorabuena… Usted como yo podemos armar nuestro propio medio, o al menos escribir lo que nos parezca, no dependemos de un espacio específico, sólo dependemos de las ganas y motivaciones.

Gracias a los muchos amigos que encontré en este medio. Desde ya me despido hasta cuando sea, donde sea y en el momento que se dé. Es el tiempo para empezar una nueva etapa. (Esta despedida la comencé a escribir mientras permanecía en el Barco de la Paz, terminándola en medio de estos días de dolor y sufrimiento en la ciudad de Constitución. Se hace urgente que todos levantemos una nueva Constitución).

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