
Inicio » Cultura y Entretención
Domingo 25 de julio de 2010| por Marcos Moraga L.
Entre el temblor del sonido envolvente y las mañas de una tercera dimensión que estira la pantalla hasta las narices, las películas animadas de hoy parecen a años luz del trazo tiritón con que el ratón Mickey conducía un barco a vapor. Pero el progreso no se cargó el trabajo de los dibujantes. Entre ellos, Josh Cooley, artífice en el papel de los personajes de las últimas glorias de la casa Pixar: "Up" (2009), "Ratatouille" (2007) y "Cars" (2006).
Cooley es el hombre de los storyboards en Pixar. Pero también artista gráfico con un catálogo que se distancia de la categoría "todo espectador" que reúne todas las obras de la empresa responsable por "Toy story 3", una película que superó la marca del millón de espectadores durante la semana pasada en Chile. En ese registro está "Movies R fun", el libro que Cooley estrenó esta semana en la convención anual más importante de cultura pop que transcurre en Estados Unidos, la Comic-Con de San Diego. "Pero están también acá en mi tienda (www.cooley.bigcartel.com) para ustedes que no pueden soportar el funk apestoso y nerd de la convención", avisa en su blog (cooleycooley.blogspot.com).
El cuento va así: en sus ratos libres (que no deben ser tantos, como escribió cuando vio el primer tráiler de "Up": "Me gasté muchos años haciendo este storyboard. Y con gusto me la gastaría de nuevo"), Cooley comenzó a trasladar cuadros cinematográficos retorcidos al lenguaje de los libros infantiles, haciendo un guiño ácido a las ediciones Golden Books de Random House, que en Estados Unidos simbolizan el canon histórico de los cuentos para niños.
"Terminator", "El silencio de los inocentes", "El gran Lebowski" y "El padrino", entre otros, reciben el tratamiento Cooley. Caballos decapitados, androides asesinos y transformistas secuestradores se acercan a los personajes coloridos con que Pixar domina el cine actual.
Fuera de cuadro
Los cuadros de "Movies R fun" infectan ahora un blog del todo incorrecto. A tiempo en que llegaban las primeras ediciones del libro, Cooley estrenaba su mazo de cartas "Intercontinental cuties", donde cada carta del naipe inglés aparece ilustrada por una chica pin-up, a la usanza de las barajas porno: eso, rebuscando influencia en esas fantasías cosmopolitas de Disney, donde cada país era simplificado en personajes animados.
En su blog también se alojan extravagancias como el corto animado sobre los paramédicos que iban a llevarse al abuelo de "Up" al asilo enfrentando una rebelión de jubilados; o la historia de amor y sábanas entre un unicornio y una sirena; o la descripción sobre sus procesos creativos, que según Cooley, envuelve piqueros a piscinas llenas de fideos con queso, videojuegos donde se aporrea a las monjas en la cabeza y otras actividades enriquecedoras: "Para después dibujar algo a la rápida, porque se te acaba el tiempo. Paso seis: escanear en la lujosa computadora, apretar el botón 'color'. Y el computador hace el resto por ti". LCD