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La Carmela del bicentenario

Es una villana atractiva, seductora, con un encanto irresistible, que conquista a los telespectadores a pesar de que roba, miente y utiliza sin escrúpulos las debilidades de otras personas para ascender en la escala social y llegar a ser la mujer más importante del país.

Domingo 5 de septiembre de 2010| por DIEGO MOULIAN

La comparación con “Ángel malo” fue recurrente en los medios luego del estreno de “Primera dama”, el lunes de esta semana. Es cierto, los personajes principales de ambas teleseries de Canal 13 -Nice (Carolina Arregui) y Sabina (Celine Reymond)- tienen un común denominador muy potente: son mujeres jóvenes y bonitas, de origen humilde, cuya motivación central es salir de la pobreza, tener una casa grande y lujosa, vivir rodeadas de riqueza y comodidades. Sin embargo, la ambición de la empleada doméstica de mediados de los ’80 estaba dulcificada por el amor hacia su patrón, Roberto; en cambio la protagonista del más reciente culebrón de la ex estación católica persigue lisa y llanamente el poder y el dinero, sin espacio para sentimentalismos.

La brutal honestidad de Sabina la convierten en una de las malas más malas de la historia de las teleseries chilena, como la definiera Larry Moe. Es una villana atractiva, seductora, con un encanto irresistible, que conquista a los telespectadores a pesar de que roba, miente y utiliza sin escrúpulos las debilidades de otras personas para ascender en la escala social y llegar a ser la mujer más importante del país. En este sentido, el trabajo actoral de Reymond es de alto vuelo: construye un personaje perverso pero querible; allí radica el secreto de su éxito.

El enfrentamiento entre Sabina y Estrella, su madre (personificada sólidamente por Carolina Arregui), permite entender cuál es el origen de su desbocada ambición. Cuando su progenitora -una mujer honesta, trabajadora, orgullosa de su familia y que vive feliz en un modesto pueblo de pescadores- la encara para preguntarle por qué quiere irse a Santiago, su hija le responde con total crudeza: “Usted mira por esa ventana y ve a un par de cabros chicos jugando con una pelota de trapo, y con eso le basta para estar contenta todo el día. Yo miro por esa misma ventana y veo pobreza, me da pena y rabia… Todo es feo, sucio y pobre. Estoy ahogada por la pobreza y el olor a pescado”.

La nueva apuesta dramática del canal de Andrónico Luksic no juega a los misterios. Desde un comienzo, los telespectadores sabemos que Sabina consiguió su meta: es pareja del Presidente Leonardo Santander (Julio Milostich) y se convirtió en la primera dama de la nación. A partir de ahí -a través de una serie de saltos temporales- se muestra cómo fue su carrera hacia el éxito y se insinúa lo que será su caída luego del atentado en contra del Primer Mandatario, con el cual se inicia el primer capítulo. Ojalá que en lo que viene el relato no sea demasiado duro en castigar a Sabina, ya que la teleserie perdería gran parte de su interés si cae en un tono moralizante y enjuiciador frente a sus fechorías.

En estos días, para conmemorar el bicentenario, se anuncia el reestreno de “La Pérgola de Las Flores”, obra emblemática de la dramaturgia nacional, donde se cuentan las peripecias de Carmela, la típica joven campesina, cándida e inocente, que emigra a Santiago a mediados del siglo XX. La villana principal de “Primera dama” encarna a la Carmela del Chile de hoy: actualmente, las muchachas provincianas no tienen un pelo de tontas; saben que para triunfar en la gran ciudad hay que tener cuero de chancho y sacar los cuchillos cuando es necesario. Sabina es hija de su tiempo. //LND

La Nación

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