
Jueves 20 de mayo de 2010| por Fernanda Donoso / La Nacin
El alter ego de Enrique Vila-Matas anda muy activo de nuevo: viajando. Siempre se resiste a partir, pero lo logra. Ahora es un editor de Barcelona -son paradigmáticos los editores catalanes- que ha abandonado su oficio después de un viaje un poco depre a Lyon. En realidad, Samuel Riba se considera a sí mismo el último editor del mundo en la noche de los tiempos (apocalípticos estamos), aunque confiesa que ha publicado a muchos escritores sin jamás descubrir a un autor desconocido que hubiera acabado revelándose como un escritor genial.
Riba ha dejado de tomar alcohol por asuntos de edad y salud, y eso "lo ha postrado en un estado de sobriedad permanente". Acaba de escribir una teoría de la novela. La escribe encerrado en un hotel de Lyon, en vez de asistir a un congreso de literatura, y decide (acertadamente) botarla a la basura: "Qué pérdida de tiempo más grande, pensó Riba, hacerse con una teoría para escribir una novela (...). Porque vamos a ver, pensó Riba, si uno tiene la teoría, ¿para qué quiere hacer la novela?". El dato duro es que después se queda directamente sin planes. Especialmente cuando no puede volver a "la juventud, esa edad en la que no le tenía miedo a nada". No le queda más que emprender el viaje. Es una huida y una exploración, y ahora su destino es Dublín.
Antes de partir, su padre, crípticamente, le habla del misterio. De "la dimensión insondable". Very good. Esta vez, su mujer no lo ha echado de su casa para encontrarse a sí misma, pero de algún modo él persigue a un fantasma: un antiguo amante de ella. ¿Importa eso? No mucho. Sin embargo Dublín está ahí, como la premonición de una felicidad muy nublada y lluviosa, pero felicidad al fin.
La primera pregunta de Riba cuando niño había sido: "¿El entusiasmo, qué es?". Ahora está obligado a fabricarse un entusiasmo que sirva de combustible para la travesía literario-sentimental que hará con un par de amigos hacia el corazón de Dublín, el folclorizado reino de James Joyce, uno de los caminos más arduos de ese mito del viaje llamado Ulises. En Dublinesca, Vila-Matas da un giro: "Lo mejor del mundo es viajar y perder teorías, perderlas todas", dice, como antes había decidido que "viajar es perder ciudades". Culto, divertido, brillante, como siempre, sigue perteneciendo a la Orden de Caballeros del Finnegans, en cuyo escudo reza el lema extraído de una frase de Joyce: "Gracias. ¡Qué grandes estamos esta mañana!".
DUBLINESCA
Enrique Vila-Matas
Seix Barral / Biblioteca Breve
Barcelona, España, 2010
327 páginas