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Obama enfrenta a Israel

Obama enfrenta una serie de retos domésticos. El más importante, la reforma del sistema de salud. Para tener éxito requiere hasta el último voto del Partido Demócrata.

Viernes 19 de marzo de 2010| por RAÚL SOHR

LA INCÓGNITA ante la fuerte fricción política entre Israel y EEUU es por qué tardó tanto en ocurrir. Desde su llegada a la Casa Blanca, el Presidente Barack Obama señaló que nuevos asentamientos israelíes en territorios ocupados dañaban los esfuerzos de paz con los palestinos. Hillary Clinton, su secretaria de Estado, precisó que estaban contra toda nueva colonización o ampliación de lo existente. Años antes, cuando Benjamin Netanyahu, el Primer Ministro israelí, ejerció por primera vez el cargo (1996-99) tuvo un encuentro con el Presidente Bill Clinton. El gobernante israelí procedió a darle una larga perorata sobre qué debía hacerse en el Medio Oriente. Ante ello Clinton replicó: ¿Dígame cuál país es la superpotencia aquí?

El episodio desencadenado por el anuncio de la construcción de mil 600 nuevas viviendas en el sector palestino de Jerusalén constituye un guante lanzado al rostro de Washington. Peor aún, el anuncio fue realizado durante una visita del vicepresidente Joe Biden a Israel. Estados Unidos recibió el hecho como una afrenta y Netanyahu debió disculparse por lo inoportuno del anuncio, pero reiteró que seguirá adelante con las construcciones previstas.

En el actual rompecabezas del conflicto israelí-palestino cada protagonista actúa, en gran medida, en respuesta a sus adversarios domésticos. Netanyahu se siente acosado por la extrema derecha fundamentalista, que le exige ocupar territorios sin miramientos hacia los palestinos. Echar pie atrás podría costarle el quiebre de la coalición de gobierno. Pero desde la perspectiva de los intereses estratégicos de Israel, la disputa por las nuevas casas es algo muy secundario.

La preocupación central del Estado hebreo, según lo han proclamado todas sus autoridades sin excepción, es la posibilidad de que Irán desarrolle armas nucleares. En consecuencia, es incongruente que Israel tense en forma seria sus relaciones con EEUU, sin cuyo apoyo es imposible frenar las presuntas ambiciones iraníes.

Para la Autoridad Nacional Palestina (ANP) resulta muy difícil participar en conversaciones de paz, de proximidad o a través de interlocutores, cuando enfrentan la violación de una de las condiciones elementales para dialogar. La ANP está bajo presión permanente de parte de la organización islamista Hamas, que controla la Franja de Gaza. La intransigencia israelí y la inoperancia estadounidense fortalecen las filas de los militantes confesionales. Éstos señalan que las iniciativas diplomáticas no llevan a ninguna parte y que el “ente sionista”, como suelen llamar a Israel, no quiere ver un Estado palestino independiente.

El Presidente Obama, por su parte, enfrenta una serie de retos domésticos. El más importante, la reforma del sistema de salud. Para tener éxito requiere hasta el último voto del Partido Demócrata. Pero algunos congresistas son firmes partidarios de brindar apoyo a Israel a todo evento y podrían condicionar sus votos a cambio de una postura que permita mayor colonización israelí. En todo caso, el debate en Washington está tomando ribetes inéditos. Si bien Hillary Clinton señala que la alianza con Israel es inquebrantable, el general David Petreaus, el uniformado responsable de todas las fuerzas norteamericanas en la región, viene de plantear que la situación de su país en Irak y Afganistán se complica debido al conflicto israelí-palestino.

En sus palabras, “el conflicto fomenta sentimientos antiamericanos debido a una percepción de que Estados Unidos favorece a Israel”. En consecuencia, la intransigencia israelí podría ser contraria a los intereses norteamericanos. Es un argumento de peso cuando hay decenas de miles de soldados desplegados en ambos países y que a diario experimentan víctimas. Está por verse cuál es la superpotencia.

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