
Viernes 28 de mayo de 2010| por Artemio Echegoyen / La Nacin
Fuera de la canción "Cómeme, perro", en que reconocía el hablante su deseo (cito de memoria: "Soy bien hombre pa'mis cosas: puta la yegua pa'güena"), poco se refiere el varón chileno-literato a la hembra-sapiens como "yegua". Es denominación que las mujeres aplican a sus congéneres, como crítica tal vez envidiosa de animalidad gozante. La hablante de este libro de poesía prosaica -"La perla suelta", de Paula Ilabaca (1979)- expone en tercera persona las vicisitudes deseosas de la yegua, y también de la perla y la suelta. ¿Son la misma en santísima trinidad? Anda calurosa la hablante: evoca coitos y despotrica contra no-potros como el eunuco o el amo, y sus insatisfactorias blandiucas: "Hace un mes que no jodo con nadie". Un españolismo, como "correrse" por culminar. Ilabaca es deslenguada, o sigue a su lengua al pie de la letra, dando vida a la inquietante voz de la suelta/perla/yegua. Como sea, olemos en estos textos una onda muy chilena: son términos que han ingresado en el castellano literario de este país. Como follón, sinónimo de la maldá.
"No estoy enamorada. Una yegua no se enamora", dice la perla suelta y con hambre: "Feed me when I'm hungry", solicita un epígrafe de Tricky, quien también pide, en otro verso, ser bebido/a hasta quedar seco. No es fácil seguir un hilo "narrativo" en esta poesía en prosa, pero, leyendo con el hemisferio derecho, igual nos cautiva. Acaso porque la calentura nos pertenece a todos/as, y tiene significación metafísica.
"Y la perla había pensado que nunca más lloraría por él, por el amo, por el eunuco", dice, desconociéndose. "¿Era yo? ¿Ésa era yo", se preguntaba al comienzo. "Esta casa está llena de desidia, esta casa y la sombra de un miembro perturbándolo todo; esta casa, sus rincones limpios, el ruidito de la canción famosa de los picos gemelos". Intertextualidad con el melodrama, doble sentido, polisemia, pero ¿cómo en una morada plena de desidia puede haber rincones limpios?
El hemisferio derecho toma las cosas como vienen y puro las siente. Así es la poesía, o alguna (no la de Borges), y en "La perla suelta" entendemos que existe una identidad femenina ganosa, incompleta, sometida a su anhelo, haciéndose caldos con un falo vuelto abstracción, una onda muy densa. "( ) / Vamos, rájame el corazón, decía la perla, / así no más, muy suelta de cuerpo. / En eso el rey se la pone. / Y la perla inevitablemente ennegrece, / con todo dentro suyo". Ya lo ven: versos formales y excelentes, también. Y una ennegrecida, muy rejodida relación entre sexo y autoridad social. La perla es joyita de la corona nacional.
LA PERLA SUELTA
Poesía parrafal
Paula Ilabaca
Cuarto Propio, 2009, 86 páginas