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Miércoles 29 de enero de 2003
Era una noche de viernes. Adela había ido al cine con su marido y seis amigos. Después de la película decidieron ir en patota a su casa. Pedro, su marido, se fue a la cocina. Ella preparó tragos para todos. Para él, un gin con tónica, como le gustaba. Pero cuando fue a dejárselo, el vaso se le cayó de las manos: su marido, ese hombre con el que estaba casada hacía dos años, se estaba besando apasionadamente con Rafael, un amigo común. Luego vino el desastre. Adela subió corriendo a su pieza y gritó llorando:¡váyanse todos de mi casa, maricones de mierda!
Esta historia real dio vida al libro La Dificultad de ser Gay en Chile y en Todas Partes (Editorial Sudamericana), de Adela Wilson, nombre ficticio de la autora, quien pese a la experiencia sufrida se internó en el mundo de la homo y bisexualidad para conocer los factores que inducen a alguien a ocultar algo así. Su conclusión es tajante: el doble estándar parece ser el único recurso para disimular, esconder o negar una inclinación sexual demonizada y condenada socialmente.
Si bien este es uno de los factor que explica la bisexualidad en nuestro país, el fenómeno es mucho más complejo y no puede entenderse sólo bajo el prisma de una homosexualidad no asumida.
Lo que sí está claro es que existe, que no es tan marginal como se piensa, que son personas más comunes y corrientes de lo que imaginamos y que se esconden bajo un manto de silencio para evitar la censura social.
SEXO CLANDESTINO
En Chile no existen estadísticas que den luz sobre la cifra real de bisexualismo. En la Encuesta Nacional de Comportamiento Sexual, realizada en 1988 por el Ministerio de Salud, un 0,3% de los entrevistados se declaró homo- bisexual y un 0,1% bisexual, cifras que oficialmente se consideran por debajo de la realidad, ya que un sondeo anterior de la Fundación Nacional Contra el Sida (Funacs, 1996), efectuado en estudiantes jóvenes de ambos sexos, un 2.7% de hombres y un 1.1% de mujeres declararon actividad sexual con una persona de su mismo sexo. A la subnotificación se suma un hecho indesmentible: a mayor discriminación y homofobia en una sociedad, menor reconocimiento del homosexualismo o la bisexualidad.
Pero no sólo las cifras dan cuenta de que el bisexualismo es parte de nuestra realidad diaria. Una reciente investigación sobre prostitución masculina para hombres en Santiago, realizada por el Movimiento Unificado de Minorías Sexuales y el Centro de Estudios de la Sexualidad (CES), vino a confirmar un secreto a voces en nuestro país: una parte importante de los clientes de los trabajadores sexuales masculinos, tanto callejeros como de "privados", son hombres casados y padres de familia.
"Me he acostado con casados con argollas y todo. Tipos a los que la mujer los ha llamado al celular", confesó a La Nación Francisco, un prostituto callejero de Santiago Centro.
Fernando Muñoz, sociólogo e investigador de este estudio, destacó un dato revelador: "Los prostitutos del centro denominan a sus clientes los oficinistas, ya que gran parte son administrativos o profesionales medios que ocupan sus horas de colación o fines de semana para llevar a cabo estas prácticas sexuales fuera del hogar. La mayoría se autodefine como heterosexual".
EL SILENCIO Y LA DISCRIMINACIÓN
Muñoz cree que un número no menor de estas personas son homosexuales no asumidos. "Muchos tienen grandes confusiones con su sexualidad, muchas trancas. Otros se casan por apariencias, eso se da especialmente en los de generaciones más antiguas", dice.
Esta opinión es compartida por Anabella Arredondo, coordinadora ejecutiva de la Comisión Nacional del Sida (Conasida), quien sostiene que la homosexualidad o las conductas homosexuales son fuertemente rechazadas en todos los niveles sociales. "Generalmente ocurre que cuando tienes un entorno tan sancionador, como estrategia de adaptación empiezas a buscar formas de ocultar esto y entre ellas está esconderse detrás de una pantalla heterosexual, pese a tener una orientación o deseo sexual hacia personas del mismo sexo, el que practican de forma clandestina", dice la profesional.
Arredondo indica que, pese a eso, también hay etapas en la vida de una persona -como la adolescencia- donde existe cierta ambigüedad e indecisión respecto a la orientación sexual, lo que se conoce como un "período exploratorio".
Otros especialistas en tanto sostienen que la bisexualidad es también una opción y que efectivamente hay personas que gustan indiscriminadamente de ambos sexos.
Constanza Raurich, sicóloga clínica, piensa así. Según su experiencia profesional, el ocultamiento de la bisexualidad se da por la censura social a la conducta homosexual, lo que no necesariamente significa que esa persona sea un gay reprimido.
"Es difícil que alguien diga que le gustan los hombres. Más todavía si le gustan los hombres y las mujeres... El asunto es que la bisexualidad no está en el imaginario de nuestra cultura. Existe la dicotomía heterosexual u homosexual, o eres uno u otro, entonces si eres bisexual creen que eres homosexual reprimido, pero la verdad es que no necesariamente es así. Hay personas que sienten deseo sexual por ambos sexos, pero eso no es admitido", comenta la sicóloga.
Esta situación hace que las personas bisexuales no se sinceren con los demás ni con ellos mismos y que exista desinformación en sus parejas respecto a las condiciones de la relación sexual que establecen. Estudios nacionales e internacionales dan cuenta de que los mayores obstáculos comunicacionales sobre orientaciones e identidad no heterosexual se encuentran en las figuras del bisexualismo y el lesbianismo. "La gente prefiere saber que alguien es gay y que se relaciona con hombres, antes que bisexual. El estigma sobre esta figura es mucho más fuerte", dice Raurich.
PERSONAS Y NO CUERPOS
Para Irma Palma, sicóloga experta en temas de sexualidad y académica de la Escuela de Sicología de la Universidad de Chile, todo indica que este fenómeno no es tan marginal como se piensa y que en sociedades como la chilena se realiza bajo una lógica heterosexual, lo quiere decir: mientras el hombre ejerza el rol sexual penetrador- masculino, sea esto con hombres o mujeres, sigue teniendo la autoconcepción de "macho" dentro del sexo, lo que explica que muchos bisexuales no se consideren como tales. "No es como el caso de una amiga bisexual brasileña que me decía yo me enamoro de personas, no de cuerpos , lo que claramente refleja un cambio en la mirada", cuenta Irma Palma, quien postula que el dinamismo cultural de una persona perfectamente podría expresarse en conceptos como "hoy soy heterosexual, mañana no sé".
La gran pregunta es si nuestra sociedad está dispuesta a asumir esta realidad, a establecer relaciones sociales menos discriminatorias que propendan a un sinceramiento y visibilización de estas personas, donde cada cual pueda elegir libremente con quién y en qué condiciones estar.
DESAFÍOS FRENTE AL SIDA
Los datos que maneja Conasida sobre la evolución epidemiológica del VIH revelan un crecimiento sostenido de contagios por relaciones sexuales entre hombres y mujeres en comparación con los casos transmitidos por relaciones sexuales entre hombres. A diferencia de los gays, que reconocen su condición sexual, los bisexuales la esconden por miedo a la poderosa condena social que pesa sobre ellos. Este silencio hace imposible determinar las verdadera relación entre sida y bisexualidad o poder trabajar con esta población sin rostro.
No obstante, las cifras de mujeres con VIH no necesariamente dan cuenta de la bisexualidad de su pareja, aunque sí es un factor. "Sabemos que las mujeres que adquieren el virus lo hacen a través de relaciones sexuales con hombres, ahora ¿qué hacen esos hombres?, no sé", dice Anabella Arredondo.
Sin embargo, para la coordinadora ejecutiva de Conasida el tema es, más que si la pareja puede o no ser bisexual, tener una actitud activa frente a posibles riesgos. "En la encuesta de comportamiento sexual, un 11% de las personas reconoció haber tenido parejas extra a la estable, cifra que coincidió casi exactamente con quienes dijeron sospechar que su pareja le había sido infiel. Esto indica que muchas mujeres saben que su pareja las engaña, pero no quieren asumirlo. Todavía creen que el tema del sida está en la población homosexual y por ello se sienten seguras, pese a que a veces sospechan de un engaño. Tienen que tomar las riendas y establecer convenios con la pareja, sincerarse, negociar, es decir, sino hay exclusividad sexual, entonces hay condón o no hay pareja. Ella tiene la obligación de defender su vida".