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No me salves ahora

Viví por dentro la "batalla entre Dios y Satanás" que el polémico grupo evangélico libra en las calles de Concepción. Recibí el insulto de un travesti y sentí temor cuando dijeron que tiraban sangre con sida. Son el brazo armado del Señor. Ellos creen que Cristo me envió a escribir estas letras. Yo no sé. Quizás lo sepa el Altísimo.

Domingo 24 de agosto de 2003

Estoy tomado de las manos sintiendo la presión de los Valientes de David en mi piel. Faltan minutos para que el reloj marque la medianoche del sábado y un viento frío azota las calles de Talcahuano. En el living de la casa del pastor Carlos Adams, líder de la agrupación, piden a Dios que los guíe en esta nueva jornada.

Afuera deambulan travestis, prostitutas y otros desamparados de la noche. Me piden que cierre los ojos. Escucho balbuceos ininteligibles y la palabra amén me taladra los tímpanos una y otra vez, como si se tratara de una maldición.

Abro los ojos y los veo ensimismados, casi en trance. Los cierro rápidamente por temor a ser sorprendido. No sé por qué siento miedo. Tal vez no quiero salvarme. Mientras lanzan gritos de alabanza para que Jesucristo los acompañe yo recuerdo la imagen de La Reina del Cielo que quemaron en La Tirana. Veo, también, a las prostitutas del Barrio Rojo de Conce arrastrando calzones rojos por las calles, rito que, según ellas mismas dicen, les trae clientes ávidos de sexo.

-Que la fuerza y el amor de Cristo penetre en tu corazón, hermano -dicen las voces antes de apagarse.

Abro los ojos. Estamos listos para salir a la calle a compartir la palabra de Dios. Estoy seguro que aunque Cristo despegara sus brazos de la cruz, y me zamarreara con una fuerza divina y aplastante, no recibiría una milésima parte de la fe que posee este polémico grupo.

El viernes 15 de agosto la Iglesia Católica celebró la Ascensión de la Virgen María al cielo. Ese mismo día me metí en la intimidad de los Valientes de David.

OVEJAS DESCARRIADAS

La luz solar ataca sin piedad las costras del rostro del "alcalde", un viejo indigente que reposa su encorvada espalda sobre una pared blanca. El hombre espera, junto a otras trece "almas descarriadas", que los Valientes sirvan el almuerzo. Estoy parado dentro del templo que arriendan en el corazón del Barrio Rojo de Concepción para realizar su batalla contra la "prostitución carnal y espiritual del hombre". El aire es pesado y huele a frituras y a sudor de semanas. Siento miradas de miseria clavadas en mí.

El "culto" o "lugar de evangelización" del grupo evangélico está acuñado entre dos prostíbulos, en Bulnes 1070. Al frente de ellos se encuentra la boite Nubia, otro lenocinio que ofrece sus servicios al cliente que busca sexo. En el templo reparo en unas cartulinas amarillas donde se lee, bajo el título motivos de oración, los nombres de prostitutas, regentes (cabrones o proxenetas), locales (casas de niñas y boites) y travestis del sector. Algunos pasajes bíblicos reproducidos en impresiones de computador terminan de adornar las paredes de un edificio viejo que algún día fue casa de citas.

Marisol, la esposa del pastor Adams, me explica que por el fin de semana largo están entregando almuerzos y no cenas. En una mesa de ping pong instalada en el lugar, que en otra época servía de habitación para fornicar, disfrutan el menú del día: pescado frito con arroz y ensalada de achicoria con repollo.

Ronny Bedwell, un ex estudiante de leyes alcohólico, me ofrece su plato. Acepto y conversamos. Me dice que gracias a Dios hay gente que se preocupa de los desamparados. "Ellos se metieron al hoyo donde estoy", acota, mientras devora su ración.

-Usted es chico, pero legal -me dice de improviso-. La otra vez vinieron unos periodistas de la tele y no se quisieron sentar a la mesa. El camarógrafo estaba cagado de hambre pero no se sentó. Nos miraba para abajo por ser pobres, sin saber que la vida da muchas vueltas y que nadie está libre de parar en la calle.

Ronny se confiesa cristiano, pero sólo a veces. Cuando quiere comer llega a donde los Valientes y después se lanza a tomar copete. "Un día me van a encontrar colgado", musita con melancolía.

LOS LOCOS ADDAMS

Tras el almuerzo nos vamos a Hualqui, un hermoso pueblo ubicado a orillas del río Bío Bío. En el aire hay aroma a leña ardiendo y en las calles brumosas veo filas de cristianos cantando. En ese lugar la iglesia Bautista organizó un culto denominado "Nuevo canto para Cristo" y los Valientes de David asisten en patota: es decir, la familia de Adams y unos cuantos amigos, los que, en total, no superan la veintena.

Pese a que los músicos les falta ensayo y desafinan constantemente, el pastor anfitrión los alienta a seguir con un acento caribeño: "En el cielo se escucha bien, hermanos". Me siento adentro de una versión reality del añoso Club 700. El frío penetra los huesos y todos esperan la anunciada muestra del video de La Tirana.

Luego de unos cantos de alabanza, Adams toma la palabra y proyecta en una pantalla blanca el viaje del grupo a la primera región.

-En el norte de Chile -dice- la idolatría es muy grande, hermanos. Y la maldición de la Reina del Cielo alcanza todos los lugares. La Virgen del Carmen representa una potestad satánica que aleja al hombre de Dios .

En la imagen se proyecta el viaje hacia la fiesta y el pastor pone pausa, diciendo:

-Teníamos amenazas de muerte -confiesa con dramatismo-, querían que nos metieran presos, incluso los reclusos estaban listos para hacernos daño, pero el consejo de pastores de Talcahuano le pidió a Dios que nos hiciera invisibles.

La concurrencia mira con asombro la imagen del grupo paseando entre medio de los guardias que dispuso la fiesta para evitar que ellos entraran.

-Esta es La Tirana -continúa el hombre, mientras que en pantalla las diabladas y los tambores retumban sordamente. Justo en un close up a la virgen, Adams dice que La Tirana es un tubo directo hacia el infierno-. Debemos liberar a nuestro país y Latinoamérica de la ruina y la maldición que viven millones de personas que la Iglesia Apostólica Romana está mandando al infierno.

Adams pide a los hermanos que abran sus nuevos testamentos en el Apocalipsis, capítulo 18, donde cita un pasaje que revela que la Reina del Cielo será quemada con fuego.

-Nosotros quemamos la idolatría y la prensa dijo que quemamos a la Virgen del Carmen -termina el pastor.

A esa altura no soporto el frío, ni las bendiciones, ni a la Reina del Cielo.

-Espero que Dios guíe su pluma hermano -me dice un tipo calvo, de mirada tan pura, como extraviada. Prefiero retirarme a fumar un cigarro a las orillas del majestuoso Bío-Bío.

TRISTEZA EN LA CALLE

La evangelización de noche, o la palabra contra "la prostitución física" es el trabajo que ha hecho famoso al grupo en todo Chile y el extranjero. Cuando el sol se pone, la intersección de Bulnes con Orompello, se convierte en "Sodoma y Gomorra".

En el Barrio Rojo penquista decenas de jóvenes travestis, y otro tanto de prostitutas, se toman las calles. Los travestis me piropean, pero después de disparar el primer flash, recibo unos garabatos violentos: "ándate, sapo culiao", gritan desde uno de los cinco prostíbulos. Hasta ahí me llegan las ganas de oficiarla de reportero gráfico.

Los Valientes salen a luchar contra la "perdición". Ven un auto estacionado y a un travesti apoyado en la ventana del vehículo. Allí se paran, a un lado del chofer, y le preguntan:

-¿Sabe que ella es hombre?.

La mayoría de los clientes se marcha pelando forros. Los travestis se violentan y los amenazan, diciendo que "un café o un sandwich no les alcanza para vivir". De noche también aparecen los traficantes y los cogoteros, de modo que, cuando llega Carabineros o la prensa, los travestis lanzan sangre con sida para alejar a los "intrusos". Pero el grupo evangélico no tiene miedo de los ataques. De hecho, cuentan que dos travestis que quisieron hacerles daño, terminaron bastante mal.

"Uno no nos dejó trabajar, nos gritaba y nos insultaba sin parar, hasta que dio un paso a la calle y ahí, delante de todos, un auto lo atropelló. El tipo voló por los aires", cuentan excitados. "Otro travesti que entró al culto con un palo, cayó gravemente enfermo y fue a morir a Santiago", afirman. No creo en sus dichos. Sin embargo, grande es mi asombro cuando dos periodistas de la zona me confirman los hechos.

-Nadie nos puede hacer daño. Dios nos protege -me dice Adams, mientras viajamos a Tomé.

Ahí el trabajo se centra en las afueras de la discoteque Charly, ubicada a un costado de una enorme fábrica abandona que hoy sirve de guarida para jóvenes drogadictos y adolescentes fugados de sus casas. Los Valientes de David comparten palabras y volantes con quien quiera oírles. El viento sopla con fuerza, los muchachos los escuchan y, en un abrir y cerrar de ojos, terminan orando. Contemplo la escena sorprendido cuando Paola, la hija mayor de Adams, me pregunta qué es lo qué estoy viendo

-Niña -digo bromeando-, aquí yo hago las preguntas.

-Lo que ocurre ante mis ojos es la acción de Dios -me responde Paola, y agrega-, tal vez estás reporteando esto por voluntad del Señor.

Yo miro las estrellas preguntándome a dónde se había marchado mi fe.

Antes de separarnos Adams me dice que planean viajar al Barrio Rojo de Amsterdan, antes que finalice el año. También me cuenta que van a volver al Carnaval de Río y que preparan algo grande para la celebración de San Sebastián de Yumbel, el 20 de enero próximo. "Vamos a ir a la misma Plaza de San Pedro en el Vaticano a sacarle la máscara a la Iglesia Católica", señala el pastor con estusiasmo.

Nos despedimos en Avenida Prat el domingo a las cuatro de la madrugada. Mientras ellos se marchan, la imagen de la calle del confort (Ongolmo), llamada así porque es allí donde putas y travestis tienen relaciones sexuales dejando el cemento sembrado de papel higiénico, se me clava en la memoria.

Espero en un Esso Market la llegada del nuevo día. En mi bolso descansa un Trópico, de Henry Miller, y en el bolsillo de mi cazadora, el Nuevo Testamento azul que me regaló el pastor Adams. Me inclino por el primero y leo: "Cristo no volverá a bajar más a la tierra, ni cesará el asesinato, ni el robo, ni la revolución y, sin embargo... y sin embargo, uno espera algo".

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