
Viernes 13 de febrero de 2004
Mientras ayer una veintena de periodistas, camarógrafos y gráficos se agolpaban a las afueras del departamento de la modelo María Eugenia Larraín en calle Martín de Zamora, el productor de su boda junto al ex futbolista Iván Zamorano, tomaba una de las decisiones más difíciles de su carrera: cómo enfrentar la suspensión del matrimonio que se realizaría este sábado en el mísimo Palacio Cousiño, donde los preparativos ya estaban en su etapa final.
Un anuncio que causó conmoción en el país y que al parecer, la pareja habría decidido durante el fin de semana pasado. Mientras la pareja protagonizaba un idílico fin de semana en el sector de Cachagua, habrían abordado una vez más el tema sobre cuáles serían las cláusulas económicas del matrimonio que se realizaría hoy jueves. Un tópico que había generado disputas anteriores, pero que sólo alcanzó real relevancia a días de su enlace definitivo.
Las razones
En tal sentido, ella quería casarse en sociedad conyugal, mientras él -resguardando su amplio patrimonio- prefería que lo hicieran con separación de bienes. En ese minuto, comenzó la cuenta regresiva de una bomba de tiempo que sólo estallaría ayer, en el mismo tiempo en que todo Chile suponía que la mediática pareja estaría dando el sí ante la ley.
Es que Zamorano no aceptó las exigencias de Larraín y decidió cortar relaciones de manera momentánea. Además, la mujer de Vértigo le habría pedido administrar parte de sus nuemerosos negocios en nuestro país, entre los que se cuenta la empresa Passball junto a su gran amigo, el también ex futbolista Hugo Rubio.
Tanta petición desmedida provocó también la ira de Erika Zamorano y Wilson Flores -hermana y cuñado del ex colocolino, respectivamente- quienes poseen fuertes intereses en los negocios de su familiar y no aceptaron en ningún caso la intromisión de su novia.
Tal discusión habría generado un fuerte sentimiento de despecho en la rubia de ojos celestes, quien una vez en Santiago decidió tomar un avión con dirección a las Palmas de Mallorca (España), sin avisarle a nadie, con el objetivo de olvidar la fuerte disputa y meditar de manera apurada la decisión que tomaría curiosamente para el Día de San Valentín.
Un tercero en el camino
La escultural celebridad habría llegado a España el domingo por la noche, donde se reencontró con su ex novio: el empresario dedicado al rubro automotriz, Giovanni Ananías, con quien pololeó durante 4 años justo antes de embarcarse amorosamente con Iván. En tal sitio, la ex pareja habría viajado por diversos parajes hispanos para retornar ayer en la mañana a nuestro país, con una escala previa en Buenos Aires durante la tarde del miércoles.
Por otro lado, existen especulaciones en torno a una eventual cita de la maniquí con el tenista español Carlos Moyá, con quien sostuvo un breve romance mientras ofició como promotora en el campeonato ATP efectuado en 1997 en el estadio San Carlos de Apoquindo (ver recuadro).
Tal encuentro se habría generado tras variadas llamadas del ex Top Ten durante los últimos días.
El autogol de Iván
Por su parte, Zamorano se encontraba ayer en Cachagua para evitar el asedio periodístico que generaría la noticia y para olvidar junto a parte de su familia (su madre, Alicia Zamora, su hermana Erika y su cuñado, Wilson Flores) la enorme pena detonada por el viaje y el enojo de su futura esposa.
Incluso, el pichici habría pensado en escapar al extranjero (México o Europa) para soslayar una tragedia y, por sobre todo, un golpe a su imagen pública que considera insuperable y que mancha para siempre la semblanza bonachona y amena construida durante más de una década en las canchas.
Paralelamente, el padre Felipe Berríos, quien saltó a la fama con su mediática campaña Un Techo para Chile, habría insinuado que la pareja pasaba por una fuerte crisis y que en esas condiciones, él no estaba dispuesto a darles la bendición de la Iglesia Católica.
En Chile, nadie lo podía creer, el futbolista más famoso de nuestra historia, el hombre que le ganó a la adversidad, el embajador de la Unicef, el ídolo cercano a los pobres y a los niños, él mismo que hace unos días pidió que rezaran por su felicidad, que le llevaran regalos a su ciudad deportiva y que meditaba largas horas para decidir si quería que le tiraran pétalos de rosas o pompas de jabón a las afueras de la Iglesia Los Sacramentinos, suspendía su matrimonio indefinidamente.
Un amor violento
"No existe en este mundo algo más hermoso que estar contigo, sentir latir tu corazón junto a mi mejilla. Te amo tanto, que cuando estás ausente, no encuentro solución para mi respiración" (Poema del parte de matrimonio escrito por Zamorano).
"Ella se tomó fotos con Beckham porque le encanta sacarse fotos con los jugadores, pero Kenita no me cambia por nada"
"La primera vez que me llamó, casi me desmayé. La miré a los ojos y supe que era el amor de mi vida".
"Estoy ansioso por entrar a la Iglesia, quiero que llegue pronto ese día".