
Miércoles 14 de julio de 2004
¿Alguien tiene una imagen clara de Enrique Correa Ríos antes del plebiscito de 1988? Probablemente sólo los mapucistas 'duros' de las dos vertientes -Garretón y Gazmuri- y los 'aparatos' en el exilio del PS, el MIR y el PC, que lo conocían como un hombre importante en la izquierda, pero escasamente visible en el escenario público. Ni siquiera en la campaña del No tuvo presencia abierta, sino que apostó a cuidar las espaldas de Genaro Arriagada, el poderoso secretario ejecutivo del comando, instancia donde Correa era un subsecretario.
Sin embargo, su minuto de gloria estaba a la vuelta de la esquina. Apenas se impuso el No, las figuras del comando corrieron a tomar posiciones de cara a las elecciones del '89 y Arriagada incurrió en su error táctico decisivo: apostó a que el presidenciable fuera un novato Eduardo Frei, pero la hora no estaba para liderazgos emergentes, sino para los que tenían una deuda pendiente desde el golpe de Estado y la interna DC la ganó Patricio Aylwin, con quien ya se había comprometido el PS Almeyda. En ese proceso, Correa -aún miembro del MAPU- reemplazó a Arriagada y se convirtió en pieza estratégica en la asesoría al futuro Presidente.
Mientras los demás hombres fuertes del No se batían por escaños y futuros altos cargos, Correa cimentó su poder aconsejando a Aylwin, a quien había conocido traumáticamente en los '60, cuando la falange se escindió para generar el MAPU. 'Don Patricio' no olvidó la lealtad de Correa ni la huida de otros y lo nombró ministro secretario general de Gobierno.
El rol de portavoz, Correa lo subvirtió por entero y junto con Edgardo Boeninger, y en menor medida Enrique Krauss, se convirtió en uno de los hombres clave de la transición. Su éxito en este período, que lo convirtió luego en su mejor carta de presentación ya en el mundo 'privado', sin embargo lo puso también en la línea de fuego de los sectores más 'ortodoxos' y autoflagelantes, que le fueron sumando sus cambios personales como una cuenta de 'traiciones'.