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Pascale Bonnefoy M. La solución definitiva al problema de Colonia Dignidad descansa en el pago de reparaciones de por vida a sus más de 200 colonos y ex colonos, el libre movimiento de sus habitantes y la renovación obligada de su actual jefatura tras el inminente fallo condenatorio del ministro de la Corte de Apelaciones de Talca, Hernán González, en contra de su plana mayor, señalaron a LND fuentes vinculadas al gobierno alemán. El acuerdo analizado entre los dos gobiernos implica que Alemania pagaría la reparación de los colonos alemanes, mientras que el Estado de Chile haría lo mismo con el número más reducido de chilenos. Ambos Estados se encuentran resolviendo el monto y modalidad de entrega de indemnizaciones. La Embajada de Alemania en Santiago dijo no estar autorizada para dar informaciones o comentarios sobre Colonia Dignidad: “Cualquier tema menos ése”, señaló un diplomático. Una fuente del Ministerio del Interior chileno que sigue de cerca el tema dijo no tener información sobre algún plan, “pero eso no quiere decir que no exista uno”. Por ahora, se prepara la salida de unos 30 colonos, acelerando el proceso de apertura de la comunidad germana, ubicada a 40 kilómetros de Parral. Otros tantos abandonarán Dignidad a mediano plazo, mientras que otros optarán por quedarse dentro del predio por voluntad propia. Desde que el líder de Colonia, Paul Schäfer, huyó del fundo en 1998 para evitar una orden de arresto dictada en su contra en 1997 por abuso sexual de menores, la cohesión interna se ha debilitado progresivamente, agravada por las distintas visiones de sus dirigentes sobre el futuro de la comunidad, sus decrecientes ingresos, debido a la baja productividad de sus principales empresas, y la presión y el alto costo económico de su defensa legal frente a las decenas de investigaciones judiciales en curso por delitos que van desde evasión de impuestos a homicidio. El juez González, quien desde 1996 investiga las acusaciones de secuestro y abuso sexual de menores en Colonia Dignidad, se apronta a dictar sentencia de primera instancia en contra de una veintena de sus dirigentes por los delitos de sustracción y negativa de entrega de menores, y como cómplices y encubridores de los delitos sexuales de su prófugo líder. Se espera que las condenas fluctúen entre 5 a 10 años de cárcel, y según abogados cercanos a la causa, existen escasas posibilidades de que alguno de ellos logre una pena remitida. El caso en contra de Schäfer continuará cerrado temporalmente mientras éste no sea hallado. La condena judicial descabezará a la comunidad germana, dispersando el férreo control que sus dirigentes han ejercido sobre sus habitantes desde hace décadas, a punta de castigos y condicionamientos físicos y síquicos, y en condiciones de extremo aislamiento. Por otra parte, la dirección de Dignidad ya no tiene la capacidad operativa de antes, ni a todos sus antiguos y poderosos aliados políticos, empresariales, militares y policiales. No sólo no está Schäfer y los tres ayudantes que se esfumaron con él, sino que tampoco están otros pesos pesados de la jerarquía. En este contexto se produjo la visita a Chile en agosto pasado de dos parlamentarios alemanes. El 17 agosto, el diputado de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), Wolfgang Bornsen, anunció desde Valparaíso que en los próximos meses una delegación del gobierno alemán ingresaría a Dignidad. “Creo que ahora es correcto enfrentar este problema en forma pragmática con el apoyo del Gobierno chileno e irlo superando de a poco. Lo que queremos es que se aclaren todos los secuestros que se han denunciado ahí,” dijo. Menos de dos semanas después, una delegación de ocho diplomáticos alemanes ingresó a Colonia para conversar con sus cerca de 200 residentes, la mayoría ciudadanos alemanes. Más de la mitad le expresó que quería “vivir en libertad”. Tanto el gobierno chileno como el alemán han concluido que la situación actual de Colonia Dignidad es insostenible, y de no anticiparse a darle una solución, podría salpicar a ambos Estados. “Hemos guardado muchos secretos a los chilenos. Hicimos más por Chile que los propios chilenos”, señaló una alta fuente de la colonia. Algunos de esos secretos, como la retención en sus terrenos de dos turistas extranjeros, ambos desaparecidos en 1985, ya se están filtrado. Frentes de guerra “Una tarde de principios de 1974, vi a Paul Schäfer llegando al edificio Diego Portales en su Mercedes azul. Fue recibido con la máxima consideración. Ahí se cayó la máscara de discreción sobre la colaboración de Colonia Dignidad con los militares,” afirmó a LND el ex jefe operativo del Frente Nacionalista Patria y Libertad (FNPL), Roberto Thieme. Tras el golpe militar de 1973, con el que contribuyó Colonia Dignidad brindando apoyo logístico a civiles y militares, la cooperación del grupo alemán dio un “salto cualitativo” sin precedentes, sirviendo a las nuevas autoridades militares en sus dos frentes de “guerra”: la antisubversiva y la externa. Utilizada por la DINA como centro operativo en el sur a partir de 1974, Colonia Dignidad ofreció sus instalaciones para mantener, torturar y hacer desaparecer prisioneros políticos. Múltiples testimonios dan cuenta de que sus dirigentes también brindaron instrucción en interrogatorios y torturas a agentes de la DINA, y permitió que agentes extranjeros instruyeran a sus pares chilenos en esas técnicas. Ex colonos afirman que los propios alemanes salían a la caza de izquierdistas de la zona, junto con agentes chilenos. Según algunos ex presos políticos, el mismo Schäfer participaba en sus torturas. Una alta fuente al interior de la colonia asegura que siendo niño, ocasionalmente debió llevarle comida a los detenidos en el fundo. Éstos, a menudo, eran trasladados algunos kilómetros al sudeste de Colonia, al Cerro Maravilla, cerca de la frontera, donde él supone eran interrogados por militares. Después eran regresados a Dignidad. Sin embargo, niega que hayan sido torturados en el enclave alemán. Firmemente convencidos de que la colonia actuó de manera más “patriótica” que la mayoría de los chilenos, dos altos dirigentes de Dignidad aseguraron por separado que, ante el riesgo de un conflicto bélico con Argentina a fines de los ’70, la colonia acordó con el Ejército colaborar en la seguridad y protección de algunos puntos considerados militarmente estratégicos en la defensa del país. Esta cooperación iba mucho más allá de alertar al Ejército de movimientos o personas sospechosas. Cualquier extraño “sin autorización” en la zona que pudiera ser espía o guerrillero sería entregado a Colonia Dignidad para su “retención”. Colonia y el Ejército establecieron un perímetro de seguridad en la zona pre-cordillerana que abarcaba mucho más territorio del necesario para la sola protección del predio alemán. Para defenderse, agregan las fuentes, se sembraron “materiales peligrosos” en los pasos fronterizos. Adicionalmente, la colonia ayudaría en la protección de un sector cerca de las termas de Chillán, y el área en torno al volcán Osorno. En Dignidad, de acuerdo a una fuente que la ha investigado por años, se instaló un potente radar para el uso de los militares chilenos en contra de su potencial enemigo trasandino. “También se usó su pista de aterrizaje, y desde Dignidad se infiltraron agentes hacia Argentina para recabar información y planificar acciones de sabotaje. Al mismo tiempo, en la colonia se elaboró un stock de gas sarin para ser usado en contra de Argentina”, agrega. Paralelamente, se fortalecieron los complejos sistemas de vigilancia y seguridad al interior de Dignidad y los alrededores, instalando sofisticados equipos de detección y comunicaciones, búnkers, túneles, dos distintas centrales de comunicaciones y ,operando, una enorme cantidad de transmisores de distintas frecuencias. Según ex colonos, la dirigencia contaba con comunicación directa con las diferentes ramas de las FF.AA. y Carabineros. Algunas fuentes aseguran que de todo esto estaba enterado el servicio de inteligencia alemán, el Bundesnachtrichtendienst (BND), al que Schäfer y otros altos dirigentes reportaban sobre las actividades de la DINA y las Fuerzas Armadas chilenas. “También ayudamos mucho a Alemania”, indicó una de las fuentes en Dignidad. “La Embajada de Alemania era muy amiga nuestra”. Incluso –señaló la segunda fuente-, previo y posterior al golpe militar, la Embajada envió especialistas al fundo para instruir a algunos de sus miembros en técnicas de defensa. De hecho, fue la jefatura de Dignidad la que sirvió de nexo entre el Departamento Exterior de la DINA y el BND, según la declaración del ex agente de la DINA, Michael Townley, a la que tuvo acceso el periodista estadounidense John Dinges. En julio de 1975, señala Townley, Colonia Dignidad puso en contacto al ex agente del Departamento Exterior, el mayor Cristoph Willeke, quien se encontraba en Frankfurt en misión de la DINA, con el BND. Ambos servicios intercambiaron listas de subversivos latinoamericanos operando en Europa, según relata Dinges en su reciente libro “Los Años del Cóndor”. Pasado el riesgo bélico, la colaboración de la colonia continuó durante los ’80, ante el posible ingreso clandestino por la frontera de guerrilleros chilenos o extranjeros. Según ambas fuentes, Schäfer ofreció ayudar a los militares en la “retención” de personas sospechosas. Sin embargo, aseguran que ellos no eran responsables de su arresto, sino que los recibía de manos de los militares para mantenerlos en el fundo en calidad de “huéspedes-detenidos”. Igualmente, enfatizan que los detenidos siempre eran devueltos a los militares chilenos “con vida”, pero dicen desconocer qué se les hacía después. “Ayudamos a un país amenazado. Nosotros defendimos a Chile como nadie”, señala una de las fuentes. El “americano” y el “pirata” Dos de los sospechosos “retenidos” en Colonia Dignidad fueron el estadounidense Boris Weisfeiler y el holandés Maarten Visser, ambos desaparecidos en 1985; el primero, en el cruce de los ríos Los Sauces y Ñuble, a pocos kilómetros del Cerro Maravilla y el segundo, en el volcán Osorno. El “americano”, dijo una de las fuentes, fue llevado a Dignidad por militares chilenos en enero de 1985. “Yo era uno de los alguaciles juramentados de Colonia y nuestro jefe era Hartmut Hopp”, afirmó. “Pero nosotros no lo arrestamos”. Lo mismo respecto de Visser, de 18 años, desaparecido en diciembre de ese año. Colonia pensó que el joven turista era un guerrillero extranjero vestido de civil, vinculado a la Misión San Juan de la Costa, en Osorno, compuesta por sacerdotes holandeses que la jerarquía consideraba “subversivos”. Una de las fuentes también menciona a un tercer extranjero “retenido” por Colonia, a quien describió –sin nombrarlo- como un “agente del comunismo internacional”, un “espía” de la República Democrática de Alemania que “trabajaba para otros intereses”, y que la Embajada de Alemania Federal en Santiago lo sabía. Este ciudadano alemán fue arrestado en la zona de Osorno en 1984, según la fuente, y era el único de los tres extranjeros “retenidos” en Colonia que realmente estaba involucrado en actividades de espionaje. Los otros dos -Weisfeiler y Visser- “no tenían nada que ver”. A pesar de que no coinciden las fechas, podría ser una referencia al diplomático de la Embajada de Alemania Federal en Santiago, Hans Karl Buss, desaparecido el 19 de diciembre de 1989 desde el volcán Casa Blanca, al este de Entrelagos y a poca distancia de la frontera. Según la investigación del periodista alemán Gero Gemballa, Buss era un funcionario conservador e incorruptible, encargado de las comunicaciones entre la Embajada y Colonia. Según Gemballa, un sacerdote católico de la zona comentó en una carta a la familia Buss que sospechaba de la participación de Dignidad en su desaparición. Tanto “el americano” como “el holandés” – a quien le decían “el pirata”, estuvieron en Dignidad, pero fueron devueltos vivos a los militares, afirman ambas fuentes. “A uno de ellos lo vi en Colonia. Sé que estuvieron acá y se fueron. Los militares se los llevaron al cerro. Pero de aquí salieron vivos,” dijo uno. En 1987, un suboficial de Ejército adscrito a la CNI, quien se hizo llamar “Daniel”, informó a la Embajada de Estados Unidos que había formado parte de la patrulla militar que arrestó a Weisfeiler y lo entregó al jefe de seguridad de la colonia, sospechoso de ser “espía judío”. En la época, dijo el informante, tanto su patrulla como otras operando en la zona precordillerana cercana al enclave, considerada “una zona militar restringida”, estaban “bajo órdenes del vicecomandante en jefe del Ejército de arrestar a cualquier extraño en la zona y entregarlo a Dignidad, así como facilitar el ir y venir del personal de ésta”. El entonces vicecomandante en jefe del Ejército era el general Julio Canessa, hoy senador designado, quien se negó a hablar con LND. En un memo sobre sus contactos con “Daniel”, la Embajada de Estados Unidos informa a Washington: “La única explicación que sus superiores le han ofrecido (al informante) por estas inusuales políticas, es que Colonia Dignidad es un buen aliado”. LND |