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Los vinos más ricos y caros

Los vinos más ricos y caros

Domingo 10 de octubre de 2004

El vino más costoso de Chile se llama Altaïr, cuesta 60 mil pesos por botella y fue hecho en la cosecha del 2002 por la enóloga chilena Ana María Cumsille, una falsa flaca con pinta de actriz francesa y por Pascal Chatonnet, un académico francés con pinta de técnico agrícola chileno.

Altaïr, la estrella más brillante de la constelación de la Cruz del Sur, está en el Alto Cachapoal y es de propiedad de Guillermo Luksic y del francés Laurent Dassault, de la familia de los fabricantes de aviones Mirage. Es un vino delicioso, intenso, aromático y gustoso, pero elegante.

¿Qué es la elegancia en un vino?

Que sea muy gustoso, pero sin exagerar. Profundo, pero equilibrado y sin obviedades. La armonía, en suma. Como en las personas.

El segundo vino más costoso es Clos Apalta, un tinto "de ensamblaje" que cuesta 59 mil pesos por botella y es producido enteramente por franceses, en un sub-valle de la muy publicitada zona de Colchagua, a pasos de Santa Cruz, la capital de Carlos Cardoen, Max Marambio y Miguel Littin. Los dueños del Clos son Alexandra Marnier-Lapostolle, una morena de ojos verdes descendiente del señor que inventó el Grand Marnier y de su marido Cyril.

Pero el vino lo hace Michel Rolland, un enólogo francés y volador, que aparte de Saint Emilion, también hace vinos en la India y en los Valles Calchaquíes de Salta, donde suena el bombo legüero y la guitarra repica zambas.

Rolland es muy bueno y el vino es, exagerando, una mermelada de moras con notas de café mokha y clavos de olor. Dicen algunos que Clos Apalta es demasiado gustoso, demasiado maduro, demasiado concentrado, demasiado todo, y que por eso no les gusta. Pero Michel piensa, y no lo dice: "Háganme un vinito igual ustedes".

El tercero más costoso y el que completa el trío de los mejores vinos de Chile es Almaviva, de una alianza de la Viña Concha y Toro y del Chateau Mouton Rotschild, del Alto Médoc, en Burdeos y tira más bien para el lado de Altaïr que de Clos Apalta, porque es más elegante que sabroso, pero también muy sabroso. Almaviva pica en los 58 mil pesos y casi está sobrevendido, créase o no.

Lo sugestivo del caso en que en los tres grandes vinos tintos de Chile están involucrados capitales franceses y no sólo eso, sino también enología francesa.

Y Ana María Cumsille que es chilena, también de Santa Cruz, vaya coincidencia, se hizo buena enóloga en Francia, porque se posgraduó en Burdeos.

Así es que, nos guste o no, y aunque tengamos mejor clima y mejor suelo, en vino tenemos que mirar, por ahora, siempre a Francia.

Y eso, es tarea para la casa.

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