
Domingo 7 de febrero de 2010| por Diego Moulian/ La Nacin Domingo
"¡Atención, atención, la Pequeña Gigante está haciendo pipí!", exclamaba la periodista de TVN que cubría desde la Plaza de las Ciudadanía el cierre del espectáculo de la compañía francesa Royal de Luxe, el domingo pasado en la tarde.
"¡Vamos con imágenes en vivo, entonces!", respondía inmediatamente Monserrat Álvarez, conductora de la maratónica transmisión de la televisión pública, que durante tres días seguidos no le perdió pisada a la muñeca articulada y su tío Escafandra.
El canal de todos los chilenos no escatimó en recursos para seguir las andanzas de ambos personajes, que alteraron la habitual modorra estival de Santiago.
Por medio de un equipo de alrededor de 50 personas en terreno, un helicóptero que surcaba los aires capitalinos y largas emisiones en directo, nos informó de cada uno de los gestos y movimientos de las enormes marionetas, como si fueran los protagonistas de un acontecimiento noticioso de suma importancia para el país, y no sólo los héroes de una fábula infantil.
Este gran despliegue de recursos técnicos y humanos de TVN ha levantado una ola de cuestionamientos durante esta semana, que se han expresado con especial fuerza en el ciberespacio.
Según varios críticos virtuales, se trató de una cobertura desmedida de un show que tan sólo fue "pan y circo para las masas", cuyo objetivo principal sería distraer -con la complicidad del canal estatal- a la ciudadanía de los problemas y carencias sociales.
Esto no es cultura, sino que "estupidez simbólica colectiva alentada por la TV", refunfuñó un internauta identificado como Omarx.
Creo que son imputaciones destempladas. Es posible que la red pública haya pecado de un exceso de entusiasmo, dedicando demasiadas horas a cubrir a la Pequeña Gigante, pero la televisión -un medio masivo por excelencia- no podía quedar afuera de un acontecimiento que congregó a casi tres millones de personas, más de la mitad de la población de la capital chilena.
Eso es noticia, es un hecho de interés periodístico, es un fenómeno social que refleja cambios culturales profundos de la sociedad chilena, cuyos ciudadanos dejan atrás ciertos miedos atávicos y se atreven a tomarse el espacio público.
¿Fue un evento destinado a distraer a la gente? Sí, y eso no es un pecado. Los espectáculos artísticos constituyen un espacio-tiempo para reír y llorar, para soñar con otros mundos, para olvidar la generalmente árida cotidianidad.
La Pequeña Gigante y su tío Escafandra nos despertaron de la siesta informativa estival. Sin duda, su irrupción en las calles capitalinas fue un hecho con más valor noticioso que el de la interminable serie de notas que en estas semanas copan las pantallas de TV: los encantos de la playa Las Machas de Arica, las picadas gastronómicas de Caleta Lenga, la nueva tendencia de trajes de baños que se impone en Reñaca, la oferta nocturna santiaguina para los viudos de verano, las discotecas y pubs de moda en La Serena, Viña del Mar y Pucón, y un largo etcétera de imágenes e informaciones con gusto a playa, sol y vacaciones.