
Jueves 9 de diciembre de 2010| por Claudio Leiva Corts / La Nacion
El año 2010 será recordado como uno de los más funestos en la historia republicana de Chile por la sucesión de desastres.
Ayer, la peor tragedia carcelaria de nuestro país se sumó a la muerte de 14 chilenos en Bolivia en enero, al terremoto de febrero, al accidente de los 33 mineros en Copiapó en agosto y al choque en Talagante que dejó 20 fallecidos en noviembre.
Hasta el cierre de esta edición, peritos de la Brigada de Homicidios y del Laboratorio de Criminalística de la PDI seguían buscando restos humanos entre los escombros calcinados del cuarto piso de la torre 5, en la cárcel de San Miguel.
Según las últimas informaciones, 81 internos murieron en un dantesco incendio. Además, otros 14 reclusos y cinco gendarmes resultaron heridos de gravedad.
De acuerdo a los primeros peritajes, el siniestro se originó a las 5:25 horas debido a una riña entre los reos que duermen en el ala sur de ese sector.
El fuego se propagó en pocos minutos por todo el colectivo que estaba hacinado de literas, bolsas con ropa, cocinillas, anafres y otros elementos, producto de la sobrepoblación penal. La cárcel fue construida para 780 reclusos y albergaba a 1.900.
En el ala sur murió la mayoría de los internos, 66 de 72, por causa de las graves quemaduras sufridas. Según gendarmes que ayudaron en la remoción de los cadáveres, "los cuerpos estaban derretidos sobre las camas, algunos cráneos no se podían separar de los fierros, era una escena infernal, una pesadilla". Hasta anoche, sólo 31 víctimas habían sido reconocidas.
Si en el ala sur actuó el fuego, en la norte lo hizo el humo. De 75 reclusos, 15 perecieron por asfixia en este sector, donde la tragedia habría sido mucho peor si no hubiesen intervenido los únicos cinco gendarmes destinados al servicio nocturno de todo el penal.
Otros 16 custodiaban el perímetro exterior. Los cinco heroicos vigilantes se quemaron manos al abrir las rejas para rescatar a los reos.
ORIGEN DE LA REYERTA
Según trascendió, la pelea se originó cuando reos del ala sur intentaron expulsar del colectivo a otro interno, con quien habían tenido problemas en el régimen de visitas.
De acuerdo a la versión entregada por los sobrevivientes, en la riña se utilizó un lanzallamas artesanal fabricado con un cilindro de gas butano.
El fuego alcanzó material inflamable y demoró sólo tres minutos en propagarse.
Por el momento, se descarta que la pelea se hubiese originado entre bandas rivales de narcotraficantes u otro tipo de delincuentes violentos.
De hecho, el cuarto piso de la torre 5, donde se produjo la tragedia, albergaba principalmente a primerizos rematados, jóvenes y de baja peligrosidad.
Incluso, algunas víctimas habrían estado en prisión preventiva a la espera de sus juicios.
La investigación del siniestro quedó en manos del jefe de la Fiscalía Metropolitana Sur, Alejandro Peña, quien tendrá dedicación exclusiva al caso por expresas instrucciones del fiscal nacional Sabas Chahuán.
El fiscal Peña, quien hasta el cierre de esta edición interrogaba a los sobrevivientes junto a otros nueve fiscales, informó que se investigará una supuesta negligencia de parte de Gendarmería.
Según informaciones de televisión, un interno -y no Gendarmería- habría avisado a Bomberos del siniestro.
El comandante del Cuerpo de Bomberos Metropolitano Sur, José Sánchez, afirmó que "a las 5.48 horas se recibió en nuestra central de alarma, por el nivel 132, un llamado de un celular que daba cuenta del fuego al interior del recinto penitenciario".
En tanto, Gendarmería afirma que avisó oportunamente del incendio, pero que al interior del recinto penitenciario, los mismos reclusos impidieron el trabajo de los voluntarios.