
Domingo 8 de noviembre de 2009| por Pamela Gutirrez y Lorena Ferraro
En julio de 1991, el senador Sebastián Piñera asistió a un encuentro en la población La Bandera. Aunque faltaba bastante para las elecciones presidenciales de 1993, el ambiente político ya inducía a pronósticos sobre eventuales candidatos. Piñera sonaba entre ellos. Ignacio Pérez Walker, compañero suyo en el partido y en la cámara alta, lo había ungido como opción de la derecha el día anterior al evento en San Ramón. "No voy a decir que sea el objetivo de mi vida, pero si estoy en política no es para calentar el asiento", admitió el empresario al ser consultado.
Su ambición política no se apagó con los años. Con dispares resultados, Piñera participó o figuró como alternativa en las carreras presidenciales de 1993, 1999 y 2005. Hoy, ya con 60 años, Piñera confía en llegar a La Moneda.
El toqui Piñera
Son las 11:30 del martes 3 de noviembre. Los alrededores de la sede de la Junta de Vecinos de Unión Amanecer, en Temuco lucen tapizados de propaganda electoral. Las innumerables "palomas", mojadas por la lluvia, posan en la calle y recuerdan los rostros de los candidatos de la Alianza por la zona. La abundancia de carteles en el paisaje no parece molestar a nadie. El comando de Sebastián Piñera estableció este sector de la capital de la Araucanía, uno de los enclaves de la derecha en la región, como punto de partida de la gira que el empresario realizó entre martes y viernes.
Uno de los vecinos que espera la llegada del candidato comenta que Temuco despierta tarde, maquillando la tardanza del aspirante a La Moneda. La voz de alerta la da de pronto una mujer de unos 50 años, uniformada con una polera del "Cambio". Tímidamente, mientras se avizora el vehículo 4 x 4 que traslada al empresario, unas 20 personas comienzan a corear "Piñera Presidente".
Poco antes de arribar a destino, Piñera baja la visera de copiloto del automóvil para verse en el espejo y arreglar su peinado. Casi al mismo tiempo, su conductor coge el block Colón cuadriculado que el abanderado, desde hace años, ocupa de recordatorio. El público del acto temuquense está conformado principalmente por mujeres. Más que escuchar a Piñera, muchas esperan lanzarle un piropo. Entre sus adherentes adultas, especialmente en sectores económicos medios y bajos, Piñera causa una extraña fascinación. Él lo sabe. Basta dar una simple mirada al público para apostar que Piñera comenzará su discurso anunciando que está "soltero", porque su esposa está de gira en el norte, o asegurando que las mujeres de Temuco son las más hermosas de Chile.
Suena el himno de la campaña: una canción pegajosa, con toques folclóricos y que recuerda el eslogan "Así queremos Chile". Saluda de beso a los invitados. A su paso, abundan comentarios alusivos a la estatura del empresario. "Es como chiquitito", es la frase más recurrente. Apenas alcanza el micrófono, el dueño de Chilevisión alude a la belleza de las temuquenses, que retribuyen el gesto riéndose unos segundos para luego volver la vista a los panes de molde y las bebidas. De ahí en adelante, la pauta rememora a la película "El día de la marmota" por el molde del libreto y las frases aprendidas de memoria. Al dar los buenos días, usualmente se refiere a sus nietos. "Son una explosión de alegría", asegura, recurriendo a la infaltable anécdota de que alguno de ellos, preferentemente León, el primero, le metió un lápiz Bic en la oreja en la mañana o el dedo en el ojo al despertar. Si hay adultos mayores, Piñera, en general, acostumbra recordar a sus progenitores.
"Mi padre me enseñó que jubilación viene de júbilo, pero Chile es un país ingrato con sus adultos mayores", dirá donde esté. Luego, traerá a colación la promesa que hizo a su madre, Magdalena Echenique, de cuidar a su hermano Miguel, el "Negro". Instantáneamente, viene la broma de rigor.
Esta vez no es la excepción. El candidato mira su bolsillo y simula que su celular está sonando. "Es el 'Negro', quiere que le deposite la mesada", afirma. Los invitados ríen al recordar la parodia de Piñera que realizó el humorista Stefan Kramer. Se repiten las frases. A lo largo de 20 ó 30 minutos, vaya donde vaya, irán sonando como un disco. Termina el acto en Temuco. No habla ni mira a la prensa. Camina a paso firme y se refugia tras el vidrio polarizado de la 4 x 4.
Las estaciones de la locomotora
El primer contacto de Piñera con la política fue en el living de su casa. Su padre, José Piñera Carvallo, uno de los fundadores de la Falange, solía invitar a Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leigh-ton y Radomiro Tomic. En 1965, en honor a esa confianza, el Presidente Frei designó a José Piñera como embajador en Bruselas.
Su carrera como hombre de negocios partió en 1978. Ha asegurado que su capital inicial fue de US$50.000, recursos que obtuvo gracias a un consultoría prestada al gobierno boliviano liderado por Hugo Banzer. También ha dicho que invirtió todo en la constructora Toltén, sociedad que le dio su primer millón de dólares. Pero hay otra historia, que fija sus inicios en los negocios en la creación de Bancard, la empresa que introdujo las tarjetas de crédito en Chile. "Bancard nació literalmente en el garaje de mi casa, con dos empleados: mi mujer y yo", dijo a La Tercera en mayo de 2008. Sin embargo, el ex presidente del Banco Central Carlos Massad lo desmintió: "Lo que él cuenta respecto de que desarrolló esto en el garaje de su casa no tiene nada que ver con la verdad. Ocurrió en la oficina de Infinco en el Parque Forestal, con un ingeniero de apellido Letelier, quien estaba encargado de los procesos", dijo a LND el pasado 2 de agosto. Los registros del Diario Oficial lo confirman: en la fundación de Bancard, Piñera era sólo un accionista minoritario, con menos del 3% de la propiedad.
En realidad, la creación de Bancard fue impulsada en 1979 por Infinco, sociedad profesional contratada por el Banco de Talca, uno de los socios mayoritarios en la constitución de la administradora de tarjetas de crédito. Tanto Massad como Piñera eran socios de Infinco. Ambos ingresaron al año siguiente a la plana ejecutiva del Banco de Talca, entidad financiera que fue la primera en ser intervenida por el Estado en los inicios de la crisis financiera de 1981. Al año siguiente, acusado por infracción a la Ley de Bancos por su desempeño como gerente general del Banco de Talca, Piñera estuvo 24 días con una orden pendiente de detención, mientras sus abogados interponían un recurso de amparo para impedir que fuera detenido. La ex ministra de Justicia Mónica Madariaga reconoció, poco antes de su muerte, que intercedió ante la Corte Suprema para que acogiera la moción legal, accediendo al favor pedido por su amigo y ex ministro del Trabajo, José Piñera. El ahora candidato presidencial ya era gerente general de Citicorp cuando estuvo "inubicable" por la justicia. Ahí compartió con uno de sus maestros: Manuel Cruzat, cabeza del grupo "Los Pirañas".
Piñera-Gate y Caso Chispas
Hacia fines de los '80, Piñera se consolidaba como hombre de negocios y, al mismo tiempo, mantenía su interés por la política. Tras haber votado No en el plebiscito de 1988, viró a la derecha para convertirse en el generalísimo de la campaña del ex ministro de Hacienda del régimen militar, Hernán Büchi. Lo hizo en paralelo a su campaña al Senado por Santiago Oriente, impulsado por un personaje clave en su carrera política: Andrés Allamand.
Con la democracia recién instalada, Allamand, Piñera, Evelyn Matthei y Alberto Espina se alzaron como la patrulla juvenil de RN. Era la nueva camada que se atrevía a bailar en la Teletón. Sin embargo, la ambición se cruzó en el camino de Matthei y Piñera y los reventó en público. En 1992, en un programa político de Megavisión, donde Piñera estaba invitado, Ricardo Claro, panelista del espacio y dueño del canal, sacó una radio Kyoto y presentó una cinta en que se oía a Piñera en una conversación telefónica con Pedro Pablo Díaz, otro de sus escuderos, ideando un plan para desacreditar a Matthei, que también figuraba como una posible aspirante presidencial. Todo Chile se enteró de la traición, fraguada como parte de una operación de inteligencia del Ejército para derrumbar las aspiraciones presidenciales de Piñera.
Mientras estuvo en el Senado, más de un dardo le llegó por continuar con sus negocios. Incluso de personas que hoy trabajan en su campaña, como Jorge Schaulsohn. En junio de 1994, el ex PPD, en ese entonces presidente de la Cámara, criticó públicamente a Piñera acusando que ejercía sus actividades empresariales desde su oficina en Valparaíso y que viajaba frecuentemente a Estados Unidos por motivos de negocios. Una de las principales operaciones de Piñera en los '90 fue la compra de Ladeco, que luego traspasaría a Lan Chile, compañía en que comparte el control con la familia Cueto desde 1994. La dualidad entre negocios y política le pasó la cuenta. Siendo senador, creó un proyecto de ley para perfeccionar las Ofertas Públicas de Acciones (OPA) e impulsar una comisión investigadora sobre el proceso que traspasó Endesa y Enersis a Endesa España, conocido como el negocio del siglo. Desde la tribuna parlamentaria, Piñera criticó la operación encabezada por el UDI José Yuraszeck, que dejó afuera a los pequeños accionistas. Sin importarle demasiado la contradicción, Piñera luego negoció aparte sus acciones por un valor de US$3 millones. El mismo Allamand sentenció: "No se puede ser un protagonista de la política y un activista de los negocios". Tras abandonar el Congreso, en agosto de 1998, lanzó su candidatura presidencial para la contienda del año siguiente. Su postulación no cayó bien en la UDI y Pablo Longueira le exigió salir de la carrera. Sin embargo, el efecto en la derecha de la detención de Pinochet en Londres, sumado a que en las encuestas no lograba subir más del 5%, alentó su bajada. En 2001, asumió como presidente de RN y protagonizó un fallido intento por volver al Senado.
En octubre de 2003, se comenzó a escribir otro capítulo de la accidentada relación de Piñera con el gremialismo, cuando el empresario avaló a la diputada Pía Guzmán en sus acusaciones en contra de Jovino Novoa en el caso Spiniak. El desenlace vino en marzo de 2004, cuando las presiones de la UDI logran que abandone la presidencia del partido. El siguiente golpe, Piñera lo dio en abril de 2005, cuando fue proclamado candidato presidencial de RN. La derecha llevaría dos candidatos en primera vuelta.
Caso Lan
Piñera vivió otra tormenta por su dualidad de operador bursátil y político en 2006. El 24 de julio, en el marco de una sesión de directorio de Lan, el empresario se enteró de los positivos resultados de la aerolínea en el primer semestre, que todavía no habían sido informados a la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS). Al salir de la reunión, Piñera ordenó, a través de Banchile, la compra de 3 millones de acciones, equivalentes al 0,9% de la propiedad de Lan, a un valor unitario de $3.280, lo que implicó un desembolso de $9.840 millones a través de la sociedad de inversiones Santa Cecilia. Los agentes de bolsa asumieron que, si Piñera estaba comprando títulos, los números de la aerolínea venían más que positivos. En sólo 48 horas, la adquisición del 0,9% arrojó cerca de $600 millones de ganancia a Piñera.
En agosto, la SVS lo multó por la mitad de esa suma "por no cumplir con el deber de abstención". Llovieron las críticas en su contra. El senador Longueira, quien esta semana retornó al comando piñerista, dijo, en su estilo económico en eufemismos, que "si vamos a tener a Piñera otra vez de candidato presidencial, fusionémonos ( ) No se puede ir a una primaria con un señor millonario que no tiene límite, que se hace una pasada por la Bolsa, con información privilegiada, para ganarse ocho millones de dólares".
En agosto de este año, Longueira llamó a sus correligionarios tragar saliva y apoyar a Piñera, en su cuarto intento por llegar a la Presidencia. La misma que persigue desde 1991. //LND