
Jueves 11 de marzo de 2010| por La Nacin / Agencias
La participación de Brasil en las grandes discusiones internacionales fue pedida con altavoces por los grandes líderes del orbe. Sin embargo, una vez concretada, la divergencia brasileña respecto a la posición de las potencias respecto a Cuba o Irán no sólo ha repercutivo en el exterior, sino que también en la esfera interna.
Prueba de ello es que la comparación hecha por el Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, entre presos políticos cubanos y delincuentes en Sao Paulo, incluso fue reprobada dentro de las filas del Partido de los Trabajadores (PT). Aunque los legisladores oficialistas se negaron ayer a votar una censura contra la falta de libertades en la isla, no por ello dejaron críticas los polémicos dichos del Mandatario.
Aunque tímida y veladamente, el diputado del PT y miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara Baja, Mauricio Rands, consideró que el Jefe de Estado "se expresó mal, o no fue comprendido, pues él sabe la diferencia entre un preso político y un preso común".
El diputado del opositor Partido Popular Socialista, Raúl Jungmann, fue más directo en sus críticas al afirmar que "es lamentable que la base (parlamentaria) del Ejecutivo se niegue a ver las flagrantes violaciones de los derechos humanos en Cuba, como si no bastase con las tan desastradas declaraciones del Presidente Lula".
En defensa del Mandatario, el canciller brasileño Celso Amorim afirmó ayer que, "si alguien está interesado en que haya una evolución política en Cuba, hay una receta que es muy rápida: acabar con el embargo" de Estados Unidos a la isla.
Esta no fue la única salvaguardia que Amorim debió realizar ayer, dado que, una vez más, debió defender el completo desacuerdo de Brasil con la imposición de nuevas sanciones contra Irán.
Tras reunirse con su par alemán Guido Westerwelle, el canciller brasileño reiteró que Brasilia quiere "claridad y transparencia para la comunidad internacional sobre el programa atómico iraní, pero lo que consideramos primero es la voluntad de Teherán de negociar". "No hay razones para no negociar. Es necesario mostrar gestos de flexibilidad".
Westerwelle, en tanto, enfatizó que Alemania sigue dispuesta "a negociar, pero como hemos tenido la impresión de que nuestra mano tendida no encontró nada de que agarrarse, tenemos que hablar de otras medidas".
Misma respuesta obtuvo la semana pasada la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton.