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Miércoles 8 de agosto de 2012| por Carlos Salazar
A fines de los 90, la serie Los Venegas de TVN fue una de las primeras que comenzó a incluir sin asco la modalidad del product placement en sus capítulos, una velada forma de publicidad en la que el aviso es parte del show (como las menciones de Don Francisco o el Kike Morandé) pero más disimulado.
Así, la señora Silvita abría un gabinete de la cocina y sacaba una caja de detergente que "era el único que no dejaba rastros blancos en la ropa", según ella.
Al rato llegaba el joven del gas con un balón de color chillón que aseguraba que le iba a "alcanzar para todo el mes".
Sin un mayor impacto en la trama, el aporte de de las marcas era más importante de lo que se pensaba para poder sacar adelante el proyecto que finalmente cerró la puerta por fuera. También debutaron con ese sistema otros productos televisivos como la teleserie "Machos" y la serie "La vida es una Lotería".
Muchas etiquetas han pasado bajo el puente y hoy la película "Stefan v/s Kramer" sigue batiendo récords como una de las películas chilenas más vistas.
El protagonista no sólo caracteriza a 19 conocidos personajes en la película, sino que también atrajo magnéticamente a otra veintena de auspiciadores que se cuelan bien directamente durante el metraje.
"Esto representa un hito, un antes y un después -esperamos- en la forma de llevar financieramente un proyecto de esta categoría", dice el director y productor ejecutivo de la película Sebastián Freund acerca de las 21 marcas que accedieron a arriesgar capital en una película que costó más de US$ 1.600.000.
Las empresas convocadas por Freund ven con creces cómo la casa es la que gana esa apuesta.
"Esto no había pasado jamás", dice asombrado aún por las marcas de asistencia e impacto mediático de la comedia y también por la larga lista de inversionistas que quisieron ser parte del aura comercial de Kramer y compañía.
La tienda de retail ABCDin, Chilevisión, el cable operador y reciente actor de la telefonía celular VTR, el perfume de Antonio Banderas, la automotora Citroen, la empresa de gas licuado Abastible, las tecnológicas Nokia, Sony, Apple, el casino Monticello, el rent a car Econorent, los cosméticos Natura, tinturas de cabello Just for Men, la cadena de comida rápida Dominó y el videoclub Blockbuster, además de un largo etcétera.
Gran parte de ellos ya eran parte del bolso de contactos, escenarios y útiles de trabajo del comediante.
La inversion fue alta. Siempre se pensó en lanzar como foco una película de calidad y por eso 20th Century Fox se interesó en distribuir. Así, por primera vez, una cinta chilena llegó hasta los estudios del director de "El señor de los anillos", Peter Jackson, para trabajar los mejores efectos especiales, asegura el director Sebastián Freund.
"Aunque estamos pensando en hacer una secuela, no estamos pensando en obtener un retorno muy alto que es lo que una película recién hace pasado mucho tiempo; la idea es poder recuperar los capitales principalmente", asegura Freud.
Freund confiesa que fue difícil hacerle entender a los ejecutivos de estas empresas que una forma de retorno también puede ser insertar publicidad en una trama cinematográfica. "Tuvimos que buscar una fórmula para que entendieran cómo podían verse beneficiados y comprometieran su respuesta, la forma en que van a ser vistos. Fue una negociación compleja", dice.
Al respecto, el discurso que el director usó fue una oferta irrechazable: sin contar el éxito asegurado de la película, el inversionista podría instalar su marca no sólo en la televisión, radio, prensa o eventos deportivos.
Según el circuito tradicional de las películas, podría hacerse lo mismo con el centenar de copias de cines y salas, la venta del DVD posterior, el Blu Ray, el sistema VOD (Video on Demand) o PPV (Pay Per View) del cable y terminar en la TV abierta.
"Todo esto es exponer la marca y todos sus medios con ventanas que son muy fuertes. Eso lo medimos y lo pusimos en una tabla para explicarlo. Entonces, uno iba y les contaba la película, algo intangible, pero también le agregábamos unos teaser que filmamos desde el comienzo y que mostraban dónde iba cada uno en la película", agrega Sebastián Freund.
"Stefan v/s Kramer" finalmente se financió sólo con capitales privados, a diferencia de otras producciones locales donde lo primero que aparece en la sala oscura es un logo corporativo de un banco que usualmente financia la producción.
"Un 80% se financió con estos capitales y el otro 20% lo hizo Kramer Producciones. No requirió de ningún fondo estatal y, curiosamente, el Banco Estado tuvo una posición muy, muy dura de entrada. Exigían ser los primeros en aparecer en los créditos, aunque ABCDin, por ejemplo, puso 3 veces más dinero de lo que puso el banco", reveló Freund.