Inicio » País

Discurso de Ricardo Lagos al concluir la Mesa de Diálogo

Miércoles 25 de junio de 2003

Chilenas y chilenos;

Esta noche quiero hablarle a todos los chilenos, a los chilenos de siempre. Esta noche quisiera que mi voz llegara más allá de los que me apoyan o que tienen una posición distante de mi gobierno. Quisiera que mi voz llegara a través del tiempo para alcanzar a los chilenos de ayer y a los de mañana. A los que ayer se fueron defendiendo sus ideales, a los chilenos de mañana que serán los legatarios de nuestras obras, de nuestros aciertos, de nuestras equivocaciones.

Sé que hoy la gran mayoría de mis compatriotas tienen un estado de ánimo de expectación y también de esperanza.

Expectación, por lo que llegaremos a conocer; esperanza para que avancemos después de conocida la verdad unidos tras un destino común.

Como ciudadano de este país yo también comparto este doble estado de ánimo de expectación y esperanza. Viví -como muchos chilenos los trágicos hechos que el país sufrió a partir de 1973 y también anhelo que el país ponga sus mayores talentos y energías en un futuro que pueda unirnos tras metas dignas para nosotros, para nuestros hijos.

Como Presidente de la República tengo el deber constitucional y moral de poner todo lo que esté de mi parte para avanzar en la búsqueda de la verdad reforzar un clima de unidad. Durante estos meses he pensado en este momento, en esta responsabilidad que recae sobre mis hombros, les pido que confíen en mí, que me ayuden a tomar las decisiones correctas. Debo ser justo y consecuente. Es difícil lo intentaré con todo lo que hay en mí.

Hoy vivimos un momento crucial en la lucha por hacer que se respeten los derechos humanos; una larga lucha que se remonta al instante mismo en que se produjeron las primeras y masivas atrocidades.

Lo alcanzado es el fruto de un muy largo camino. Gracias a la acción abnegada y generosa, heroica a ratos de muchos compatriotas que inspirados por el inolvidable testimonio del cardenal Raúl Silva Henríquez, abrazaron desde el primer momento la causa de los derechos humanos y la defensa de la vida. Muchos de los que en estos días, aquí en esta Palacio colaboraron conmigo analizando la información que recibí lo comenzaron hace 27 años en el Comité Pro Paz. A ellos, a las instituciones a las agrupaciones que canalizaron su acción, el país les debe gratitud. Gracias por ello.

Una vez que reconquistamos la paz, que iniciado el camino hacia la democracia, la Comisión Rettig fue el primer gran esfuerzo para dar cuenta de la verdadera dimensión del drama de lo que había ocurrido del trama de los detenidos-desaparecidos.

Ese largo trayecto es el que permitió, en 1999, instalar la Mesa de Diálogo en la que se asumió el compromiso de buscar la información esa información que hace dos días el viernes 5 me fue entregada en relación con nuestros compatriotas detenidos-desaparecidos.

Este trascendente compromiso sólo fue posible porque en un acto de coraje y generosidad, representantes de los abogados de los derechos humanos, de instituciones morales, de las víctimas y de las Fuerzas Armadas y de Orden dieron el paso de sentarse juntos y hacer del frente a la verdad que había que buscar.

Así también lo entendió el Congreso Nacional que, con el acuerdo todos los sectores, aprobó la legislación que permitió la existencia de esta oportunidad única para acercarse a la verdad.

Lo que hoy tenemos es el resultado de ese compromiso que es una importante información sobre nuestros detenidos-desaparecidos entregada por primera vez por las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, así como por las instituciones religiosas y éticas que estuvieron también presentes en dicha Mesa.

La información que he recibido es cruda y dolorosa; una información que habla de muerte, sepulturas, sepulturas clandestinas, cuerpos arrojados al mar, a los lagos y los ríos de Chile.

Esta información dura como es, será de gran utilidad para que la Justicia pueda esclarecer un número cercano a 180 personas detenidas desaparecidas que estarían muertos y de los cuales 130 estarían en el mar, ríos y lagos; 20, cuyos nombres se ignoran, estaría en una Región en una fosa aquí en la Región Metropolitana.

Esta es la información que he entregado ayer a la Excelentísima Corte Suprema, con el fin de que ella disponga el inicio de las investigaciones correspondientes que permiten aclarar, calificar y sancionar jurídicamente los hechos y conductas que tal información se refiere.

Serán entonces las resoluciones judiciales, las del poder judicial que en su momento se dicten las que establecerán la certeza sobre estos antecedentes recibidos.

En todos estos años, estos largos 27 años, 171 casos de detenidos-desaparecidos se habían aclarado y sabemos su paradero para tranquilidad de sus familiares. Hoy al ser esta información efectiva como esperamos, esta será la información más importante recopilada en todos estos años. Sin embargo, lo que quisiera decir esta noche, es que más que número lo que trasciende es el reconocimiento de los altos mandos de las FF.AA. que han asumido que Chile no puede mirar hacia el futuro sin despejar las deudas del pasado. Por ello ellos, ellos, los altos mandos señalan que los hechos que condujeron a la violencia política no deben repetirse en nuestro país. Y, más importante, que comparten el dolor que dichos actos causaron y que estiman indispensable que la sociedad en su conjunto sea capaz de asumir sus responsabilidades y superar sus diferencias.

Los uniformados de hoy, han debido responder por los de ayer, recuperando así ante la gran mayoría de sus compatriotas el sentido profundo del honor, inherente a la vocación militar.

Respecto a la información entregada, hago mía la recomendación de la Mesa de Diálogo y por ello le solicité ayer al Presidente de la Corte Suprema que se de la máxima celeridad a la tramitación de las causas judiciales para llevar pronto tranquilidad a todos en particular a los familiares. Junto con recibir esta información y entregársela a la Corte Suprema, quisiera señalar que he dispuesto que los antecedentes en relación con cada caso en particular sean entregados personalmente y en forma privada a los familiares directos de las víctimas de esta manera traeremos tranquilidad aunque dura y difícil a aquellos que aparecen más interesados.

La gravedad de la información me ha producido un profundo dolor como estoy seguro la producirá en cada uno de los hijos de esta tierra. Porque la verdad, tal como ahora ha sido reconocida, es difícil de sufrir.

Este camino hacia la verdad enaltece al país y a sus instituciones nos devuelve el respeto que nos debemos unos a otros y que también nos merecemos como nación.

Nadie habría querido un dolor semejante. Pero es preciso no olvidar que el dolor también hermana a los seres humanos.

Espero que el dolor de los hechos que hemos conocido que nos transforme en un motivo de fraternidad y nunca más en una razón para el enfrentamiento.

La verdad que tenemos hoy, permite a muchos iniciar un duelo que estaba pendiente desde hace muchos años. Hoy tal vez comenzamos un duelo en Chile, será un duelo diferente para distintos sectores de nuestra Patria. Un duelo que depende del lugar donde nos tocó estar cuando se produjeron estos trágicos episodios negros de nuestra historia. Algunos podrán hacer ahora el duelo al saber finalmente, después de tantos años, donde están sus seres queridos, podrán darles digna sepultura como corresponde. Para otros, el duelo se hará al conocer el trágico destino que sufrieron sus familiares, pero no podrán sepultarlos porque -en un acto que nos estremece a todos- sus cuerpos fueron lanzados al mar. Para otros, el duelo seguirá pendiente: sus deudos aún no aparecen. Más de 600 detenidos-desparecidos todavía no sabemos donde están. Las instituciones armadas harán el duelo que supone atreverse a mirar la verdad reconociendo los horrores cometidos por miembros de sus filas. Y habrá también un duelo como país que va conociendo de frente, sin subterfugios, sin eufemismos que consuelan, la magnitud de la tragedia que vivimos en la década del 70. Cada uno hará el duelo que le corresponde.

En la vida de quienes de cada uno de los que fuimos protagonistas de esos sucesos, ya no queda suficiente tiempo para acabar con todos los dolores y dulcificar todos los recuerdos.

A todos nos queda la historia, los años que vienen, para ayudarnos a amar la memoria de nuestros hermanos. Estos muertos son hijos de todas nuestras madres.

Ha sido largo y difícil el camino que la sociedad chilena ha debido recorrer para llegar a un momento como éste. No es el final del camino, pero sí una etapa decisiva a la que nos costó mucho llegar.

Debemos agradecer a las personas que dieron la información que hoy disponemos y también a las instituciones que la recogieron y la pusieron en mis manos.

Quiero en este momento si lamentar, algunas personas que teniendo información hayan callado ignominiosamente. Frustraron el anhelo de familias de chilenos que esperaban de ellos el dato necesario para saber la suerte de sus seres queridos. No renuncio a la esperanza de que sus conciencias que sus conciencias hablen y alivien el dolor de muchos.

Sé que la información que hoy entrego al país, si bien es importante, es todavía insuficiente. A lo mejor podríamos haber avanzado más , podemos hacer todavía un esfuerzo mayor. Chile está en condiciones de pedirle a sus hijos por el bien de la patria que seamos valientes y nos atrevamos a seguir avanzando por el camino de la verdad. Por eso hoy aquí esta noche llamo una vez más a quienes puedan ayudar en la búsqueda de la verdad, para que entreguen información, la que ellos han guardado tantos años, la entreguen a los Tribunales de Justicia, a la Oficina de Reparación o a las instituciones morales que nos han ayudado. Por su parte el gobierno que presido, a través de la Oficina de Reparación seguirá acompañando y ayudando a las familiares en la búsqueda del destino de los detenidos-desaparecidos.

Quiero hoy valorar la fortaleza y el coraje de nuestras instituciones armadas -particularmente el Ejército de Chile- que han tenido en la etapa que estamos viviendo. Han tenido fortaleza y coraje merecen mi reconocimiento y el del país. Una fortaleza y un coraje -permítanme decirlo- que no borra lo ocurrido, pero cuyo reconocimiento muestra de una manera muy clara la sincera reprobación de tales crímenes, la absoluta disposición a que nunca vuelvan a repetirse en nuestra patria.

Chile hoy se enfrenta a la verdad con la determinación de todos sus hijos. Debemos estar orgullosos de esto. Quisiera hoy decir aquí con humildad pero con fuerza, son muy pocas las naciones que vivieron en algún momento de su historia tragedias parecidas a la nuestra y que fueron capaces de llegar a donde nosotros hemos hoy estamos llegando.

Por eso siento orgullo de presidir a Chile. Orgullo de sus actuales habitantes. Orgullo de sus instituciones. Orgullo también por las vidas de quienes desaparecieron en circunstancias que hoy estamos en mejores condiciones de aclarar.

Orgullo de sus familias, de las agrupaciones de familiares de detenidos-desaparecidos que se formaron para perseguir esos dos bienes indispensables ellos querían y con razón encontrar la verdad y la justicia y hoy estámos más cerca.

Hoy es un día en que estas agrupaciones deben sentir también que han dado un paso muy importante, que su lucha no fue en vano.

Al concluir mis palabras, quiero pedir a todos mis compatriotas una actitud de respeto y de reflexión profunda, que sepamos valorar lo que hemos logrado más allá de los números, nos hemos acercado a la verdad y los tribunales hoy están más cerca de hacer justicia.

Avanzamos como país hacia la reconciliación sin clausurar la memoria y sin renunciar tampoco a nuestros sueños. Sabiendo lo que nos ha ocurrido y teniendo la mirada adelante, en la construcción del porvenir. Muchas gracias, buenas noches.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.