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El pulso de un masaje

La tensión se acumula en el cuerpo y en la mente, nada que un buen masaje no pueda liberar, por ejemplo, en energía erótica. No importa la razón, importa la ejecución y el resultado. Ocúpelo todo, un masaje es un rito en sí mismo.

Miércoles 19 de mayo de 2004

¿Cómo, dónde y cuando hacerlo? Pues donde quiera, pero si de ideales se trata, use una cama o una superficie dura como una camilla o una mesa. No deseche esta idea: imagínese a su pareja encima de la mesa del comedor, desnudo, entregado (a) a sus manos.

Cuerpo relajado, en medio de un ambiente especial, no necesariamente tiene que ser cinematográfico (velitas, luz tenue, incienso), pero sí uno en que se sienta a gusto. Acá el secreto es la entrega mutua.

Cubra la superficie que eligió (el piso, una mesa) con una manta o sábanas y tenga a mano lubricantes como aceites par el cuerpo, crema o algo que facilite el desplazamiento y frote de las manos por el cuerpo. Con o sin aromas, aunque recuerde que los aromas tienen propiedades específicas que pueden colaborar con sus intenciones.

Si el propósito fue relajar, cuando concluya tape a su masajeado (a) con una manta, se supone que la relajación produce una baja la temperatura corporal.

Cuando la guía es el deseo

La magia de un masaje radica en los distintos niveles de comunicación que se establecen al tomar contacto sus manos con cada parte del cuerpo del otro en una situación de disposición completa(el que hace el masaje) y de recibimiento absoluto (el masajeado). Interviene el instinto, las sensaciones, los olores, la piel, es una experiencia de conocimiento.

Para aprovechar este rito debe existir la libertad de decir y hacer lo que más le guste o lo que cause mayor placer. Se trata de hacer una mapa del cuerpo del otro, sus punto más y menos sensibles, los más eróticos, los más excitantes, los que un roce, los que con una pulsión, los que con un beso o un mordisco explotan. También todo lo contrario, las formas en que se enfrenta un espacio corporal que dé calma y tranquilidad. Son las distintas mezclas de sensaciones la que hacen de esto un formulario infinito.

Hacer un mapa, es ante todo un reconocimiento del otro porque, aunque hay zonas erógenas universales, cada persona construye a lo largo de su aprendizaje sexual y corporal un mapa sensitivo particular e irrepetible. En busca de eso andamos.

La única manera de conocerlo es buscarlos en la práctica erótica y por supuesto dialogando constructivamente sobre el tema. Esto último es importante porque a la intuición hay que sumarle sin complejos el dialogo, la expresión abierta y clara de lo que es más o menos agradable o excitante. Juegue, invente formas de graduación, si quiere póngale notas a las distintas partes del cuerpo.

No dejes ningún punto del mapa corporal sin acariciar, dedíquese tanto de la delantera como de la trasera: cabeza, cuero cabelludo, cuello, cara, hombros, pechos, brazos, manos, dedos, espalda, cola, piernas, y por supuesto los genitales, aunque éstos ameritan un capítulo aparte.

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