
Domingo 5 de diciembre de 2004
La estimulación de los propios genitales, principalmente mediante caricias en el pene, rodeándolo con la mano y moviéndola de arriba abajo, rítmicamente y con la presión deseada. Si al usuario le place, con la otra mano puede tomar los testículos y acariciarlos y presionarlos a gusto. Todo lo anterior hasta alcanzar el orgasmo. Eso es la masturbación masculina, aunque si usted es hombre, seguramente ya lo sabe por experiencia personal. Y seguramente usted sabrá también, que esta práctica puede tener imágenes de apoyo con mujeres en actitudes eróticas, en revistas, televisión, películas, Internet o simplemente la imaginación. Y aunque la masturbación es algo tan viejo como el ser humano, con los años no ha perdido una pizca de popularidad, tanto así que según diversos estudios, en la actualidad ha sido practicada por el 95 por ciento de los machos.
Según el psicólogo y terapeuta sexual del Centro de Psiquiatría y Psicología de Santiago, César Menéndez, la masturbación realizada de forma normal tiene sólo ventajas; porque a través de ella el ser humano inicia lo que se denomina sensorialidad erógena. Y aunque cueste creerlo, el origen de la masturbación comienza en el vientre de la madre, "hay investigaciones a nivel neonatal que señalan que el feto en el útero materno, a los siete meses comienza a toquetearse el glande, no teniendo la sensibilidad que se desarrolla con su crecimiento. Al nacer, tiene una sensibilidad sumamente placentera pero no de eyaculación, la que llega generalmente entre los 11 y 12 años", indica Menéndez.
Justamente a esa edad "Juan Diablo" descubrió el placer de la masturbación, luego de que sus compañeros de colegio le pasaran el dato: "Me llamó la atención y un día en la noche en mi pieza, empecé a probar mirando minas en la tele hasta que acabé". De ahí en más, Juan estuvo dale que dale con el juguetito nuevo, "me mandaba como cuatro diarias de los 13 a los 16, imaginándome con compañeras del colegio. Me las cuarteaba y guardaba las imágenes como fotos para la noche". Siempre siguiendo al pie de la letra el sabio refrán popular que señala textualmente, "la paja mata al estudiante, pero el estudiante, intrépido, no le teme a la muerte". "Lo máximo que me corrí en una noche habrán sido siete veces, viendo una película porno que me había conseguido".
Pero Juan asegura que a sus 19 años, esa etapa ya pasó: "Ahora sólo lo hago cuando una mina me deja muy caliente, lo que se dice con los cocos hinchados. Ahí aplico manopla".
El que Juan estuviese hecho una caldera, era de lo más normal por el período que estaba viviendo, explica el terapeuta sexual: "Entre los 14 y los 16 años, la próstata y las glándulas seminales se rellenan inmediatamente, por lo que es normal que los adolescentes se masturben dos o tres veces al día. Esta en el período de la perfección del hombre en cuanto al nivel genital, erógeno y eyaculatario, es decir, en su capacidad sexual máxima".
CON LAS MANOS EN LA MASA
"El período en que más me masturbé fue entre los 18 y los 23 años. Lo hacía todos los días como 6 veces, mi récord fueron como 10 diarias viendo revistas o películas y la Bomba 4 me la hacía chupete", recuerda Torito, de 28 años. Justo en esta etapa, cuando Torito tenía 22 años, ingresó a un nuevo trabajo en el cual le asignaron un computador con Internet. Realizaba la pega lo más rápido posible, para luego dedicar sus energías a ver porno duro en Internet: "Yo bajaba fotos porno y me las llevaba a mi casa. Llegué a tener 200 diskettes, además de seis mil fotos en el computador de mi casa".
Pero Torito aprendió que el trabajo no se mezcla con el placer, cuando un día se abrió la puerta de su oficina que daba directo a la pantalla del computador y entró su jefe, quien no mostró mucha comprensión por los placeres voyeristas: "Enojado me dijo: ¡oiga, usted viene a trabajar, no a ver minas en pelota! Yo lo único que atiné a decirle fue que eso era arte". Al parecer la excusa de Torito no fue muy convincente, ya que a la hora de renovarle contrato, su jefe no demostró el más mínimo interés.
Torito dice que menos mal que su jefe no lo pillo con las manos en la masa. Esos fueron sus padres cuando él tenía 18 años, mientras acostado en su pieza disfrutaba del placer solitario. Pero entregado a esos deliciosos menesteres, olvidó que en el techo de su pieza había una pequeña ventana de vidrio, por la que -para su mala suerte- se vino a cruzar su madre: "Yo estaba en lo mejor cuando de repente mi mamá empezó a golpear la puerta". A pesar de que su madre lo sabía perfectamente, igual le preguntó enrabiada a Torito qué estaba haciendo, para luego darle un sermón hasta que le dijo "y ahora voy a llamar a tu papá para que hable contigo". Torito pensó que se complicaba la cosa, "porque yo tenía cero excusa, me habían pillado en la plena. Pero mi papá entró, y con una sonrisa comprensiva me dijo: eres un caliente de mierda".
CON UN BISTEC
A diferencia de lo de "jugarse la personal", "manfinfla", "elevar volantín" o "Manuela Palma callosa", que son pura creatividad popular, lo de "paja" o "pajero" tiene su origen en la realidad, cuando antiguamente en la religión judeo-cristiana estaba prohibido tocarse el pene con la mano. "Entonces los hombres, escondidos en los graneros, se llenaban la mano de paja y procedían a masturbarse. Eso les evitaba el contacto directo con la mano, ya que en esa época, quien lo hacía así, se decía que estaba dominado por el demonio", explica el terapeuta Menéndez.
Miles de años después, la creatividad masculina permanece intacta, como lo pudimos comprobar en un chat juvenil, donde "pini21" explica la masturbación 'con la mano muerta': "Siéntate 15 minutos arriba de tu mano hasta que se te duerma, después te masturbas, y uno siente como si fuera la mano de otra persona, yo siempre lo hago y acabo altiro". En el chat, "hijoputa" suma la siguiente práctica: "Pones el pene en medio de un par de globos y los haces pasar por un par de tetas". El cibernauta "Sir humano" agrega otra opción aún más freak, "calientas un bistec en el microondas y luego te lo pones en el pene y lo ocupas como si fuera una vagina". Lo anterior perfectamente puede ser cierto, explica el terapeuta sexual, ya que si el hombre no tiene una mujer para satisfacerse, empieza a recrearla ya sea mental o físicamente, "por eso se han inventado vaginas falsas o muñecas inflables. Ahora esos globitos o el bistec, son elementos que les hacen creer que están con una mujer, por lo tanto, no es malo".
Lo que sí ha causado daño durante muchas generaciones, han sido los mitos que rodean a la masturbación: que puede volver loco a la persona, que le saldrán pelos en la mano o que producirá acné. Menéndez asegura que todas son falsas, pero hay una que es completamente al revés, la que señala que la masturbación achica el pene: "Por ejemplo los hindúes se lo alargan acostándose en camas especiales que tienen un hoyo, donde se ponen pesas colgadas a la base y la cabeza del miembro. De esta forma llegan a alargarlo hasta 5 centímetros. Y un efecto similar tiene la masturbación excesiva".
Otro mito es que el onanismo, rara vez se da en la vejez. Menéndez explica que "es común porque quedan solos al separarse o enviudar, y además así se evitan enfermedades venéreas". Lo anterior lo corrobora 'Tata', un abuelo de 80 años quien señala que "es un tema que se habla entre los viejos y los que lo niegan, son los más pajeros, porque todos lo hacen cuando pueden. Uno recuerda que de joven cuando la mujer no le daba la pasada lo primero que uno hacía al llegar a la casa era ponerse a jugar con la pichulita". Tata es viudo y aunque asegura que de vez en cuando consigue una mujer, "lo más barato para salir del apuro, está a la mano de cualquiera, o se puede utilizar una revista porno que ahora son de muy buena calidad y salen mujeres muy ricas y en muchas posturas. Uno no por viejo deja de ser hombre". Y como explica tras años de experiencia, "por más que pase el tiempo, el primer amor nunca se olvida".