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Sudamérica y el mundo árabe

Martes 15 de febrero de 2005

Marcel Garcés

El acercamiento de América del Sur con el mundo árabe, de lo cual fue expresión el reciente viaje del Presidente Ricardo Lagos a El Cairo, generó singulares reacciones en el ámbito internacional y argumentaciones que no logran disfrazar un inocultable afán de torpedearlo. Hay mensajes explícitos, desde Estados Unidos, que advierten en torno a determinados riesgos para esta apertura.

Otros -más audaces- llaman al orden a los países de nuestra región indicándoles, con un tono con rasgos de sistema patriarcal y autoritario, que sólo sería aceptable para Washington hasta algún tipo de relación comercial. Esto representa -por ahora en el plano de los trascendidos atribuidos a funcionarios anónimos o analistas de prensa- una intromisión en la política soberana de los países.

La esencia de este mensaje es que hay límites que los países de la región no deben traspasar en la relación con los países de la Liga Árabe, más aún cuando no se puede impedir la cumbre de ambas regiones en mayo próximo.

EE.UU., dice un funcionario no identificado pero no anónimo del Departamento de Estado, "no tiene objeciones" ante una cumbre situada en el comercio, el desarrollo y la cultura. No obstante, agrega, amenazadoramente, que "nos guardamos nuestra opinión" sobre un aspecto político que estaría tocado en el borrador de declaración de la cumbre, en alusión a una propuesta de diferenciar el terrorismo y "el derecho legítimo de los pueblos a resistir la ocupación extranjera para lograr la independencia nacional".

Tras las advertencias o amenazas groseras, se halla la pretensión de subordinar a los dictados imperiales las políticas exteriores de los países de la región, que parece se consideran "menores de edad", incapaces (o lo que es peor, sin derecho) de tener y ejercer opinión propia, soberana e independiente. Esta es una nueva comprobación de que hay quienes entienden la globalización como un mero y nuevo instrumento de dominio unipolar, no de oportunidades para todos de acceder a sus beneficios.

¿O acaso, la globalización, como advirtió el Presidente Ricardo Lagos, sólo debe ser entendida como un mundo de globalizadores, ellos, los dominadores, y globalizados, nosotros, los dominados y obedientes?

Sobre el llamado terrorismo árabe, más allá de la satanización y caricaturización del concepto, hay un olvido deliberado de la historia. La lucha anticolonial en el mundo árabe, como en Africa, tuvo episodios crueles de terrorismo de parte de las potencias coloniales y la lucha por la libertad asumió formas armadas, como las registradas en América Latina a partir de 1810.

En Palestina, para ser precisos, un héroe nacional y regional como Arafat, fue en un principio catalogado de terrorista, pero andando el tiempo pasó a ser reconocido por la comunidad internacional, aun por sus enemigos, como figura histórica de la lucha por la libertad.

Pero incluso si vamos más allá del tema, que puede tener ribetes polémicos por los intereses políticos y económicos que encubre, no es aceptable presionar a gobiernos soberanos de América del Sur en torno a un tema de su total incumbencia, derecho y conveniencia.

El objetivo de esos esfuerzos no es otro que frustrar este acercamiento, que abre perspectivas políticas y comerciales a dos regiones vinculadas históricamente y por lazos creados sobre todo por los emigrantes árabes, y que buscan -y esto es lo de fondo- un mundo más equilibrado, multilateral, que haga más democrática la globalización.

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