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Sábado 12 de marzo de 2005
El hombre que agita Bolivia

Revolucionario e indigenista por antonomasia, el líder cocalero Evo Morales se ha convertido en el indiscutido protagonista de la política boliviana, dando de tanto en tanto muestras de fuerza como la ocurrida esta semana, en la que mantuvo entre las cuerdas al Presidente Carlos Mesa.

lanacion.cl

Suscita admiración o rechazo, pero nunca indiferencia. Es un dirigente cocalero que recibe invitaciones para visitar decenas de países del mundo, que ha provocado la caída de un Presidente, y actualmente mantiene bajo una fuerte presión a otro, colocando a Bolivia en un estado de tensión e incertidumbre.

Considerado el conductor de la lucha por los derechos de la empobrecida mayoría indígena en su país (alrededor del 67% de los bolivianos), oprimida durante siglos por la elite conformada por blancos descendientes de europeos, Evo Morales es, sin duda, el principal actor y árbitro de la vida política de su país.

Algo quizás impensado para este indígena aimara de 45 años, nacido en el altiplano andino, que en su niñez recogía las cáscaras de naranja que botaban los pasajeros de buses para poder comer.

Meteórico ascenso

Sin embargo, sobre la base de carisma y pundonor, escaló posiciones hasta convertirse en líder del sindicato campesino más poderoso de Bolivia en 1981.

Desde allí, y con el apoyo de los cocaleros de la región de Chapare, la más deprimida de su país, protagonizó una meteórica carrera política que lo llevó el 2002 a pelear la Presidencia boliviana con el experimentado Gonzalo Sánchez de Lozada.

Aunque finalmente fue derrotado por escaso margen, Morales logró un resonante éxito político al conseguir que su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), se convirtiera ese año en la segunda fuerza con representación en el Congreso.

Calificado por amigos y enemigos como un genial estratega político y dueño de una poderosa oratoria confrontacional y populista, Evo se ganó la confianza de los sectores más postergados del país, quienes lo acompañaron en las movilizaciones en contra de los planes del gobierno de Sánchez de Lozada de vender gas boliviano a Estados Unidos utilizando un gasoducto a través de Chile, país con el que Bolivia no tiene relaciones desde 1978.

La fuerza de las protestas lideradas por el dirigente cocalero fue tal, que Sánchez de Lozada se vio forzado a dimitir en octubre de 2003, tras una sangrienta represión que dejó más de 60 muertos y cientos de heridos.

El veloz avance político de Morales, cuya base de apoyo popular se asienta en las regiones del occidente de Bolivia, donde vive la mayoría de la población indígena del país, se vio coronado en diciembre del año pasado, cuando el MAS fue el gran ganador de los comicios municipales del 5 de diciembre, lo que la convirtió en el principal partido de Bolivia.

La última pulseada

Acicateado por este logro y enarbolando las banderas de la recuperación de la propiedad de los recursos energéticos -actualmente explotados por empresas trasnacionales-, Evo volvió a hacer sentir su fuerza en las últimas semanas, al articular una ola de protestas y bloqueos de carreteras, principalmente para evitar el propósito del Presidente Carlos Mesa de impulsar una Ley de Hidrocarburos que el líder del MAS considera demasiado favorable a las compañías extranjeras.

Con estas movilizaciones, Morales no sólo logro paralizar gran parte del país, sino que también generó una polarización política y social que desembocó el domingo en una sorpresiva y fugaz crisis institucional, al anunciar Mesa su renuncia a la Presidencia boliviana ante el insostenible clima de ingobernabilidad en que se encontraba sumida la nación.

Pero esta aparente victoria de Evo quedó en nada el miércoles, cuando el Congreso rechazó la dimisión de Mesa, quien logró el apoyo de los partidos con representación parlamentaria –salvo el MAS- para llevar adelante un pacto social que le devolviera la estabilidad al país.

En respuesta, Morales selló una alianza con los principales sindicatos y sectores indígenas y campesinos para proseguir con las protestas contra el gobierno hasta que sean atendidas sus demandas sobre la política económica boliviana.

Sin embargo, la mayoría de los analistas bolivianos estiman que el líder cocalero sufrió una estruendosa derrota en su pulseada con el gobernante altiplánico, ya que en la práctica dejó políticamente aislado a su partido.

A ello se suma el multitudinario respaldo que Mesa recibió el jueves en las principales ciudades bolivianas, hecho que además supuso un claro rechazo de buena parte de la ciudadanía a las medidas de fuerzas impulsadas por el líder cocalero.

Preocupación latente

Aunque en los próximos días se verá si la fuerza de Morales se verá expresada en las calles bolivianas con nuevas protestas y bloqueos de rutas, la última andanza del líder del MAS fue observada con preocupación por diversos países de la región y, sobre todo, desde la Casa Blanca.

La caída del actual gobernante boliviano hubiera abierto el escenario para que se llamara a elecciones anticipadas, cuyo resultado podría haber sido la peor pesadilla para Washington si Morales hubiese emergido como ganador, algo que perfectamente se podría haber dado.

Además, un hipotético ascenso de Evo al poder significaría el fracaso de la política antinarcóticos que en Bolivia impulsa el gobierno del Presidente estadounidense George W. Bush, que ha mirado con suma preocupación los continuos acercamientos que el líder cocalero ha tenido con el gobierno de Libia, cuyo gobernante, Moammar Gaddafi, le expresó su respaldo, pero más aún por su cercanía con el Mandatario venezolano Hugo Chávez.

Pero no sólo Estados Unidos ve con resquemor los pasos del líder cocalero, ya que éste ha manifestado abiertamente en los últimas semanas sus aspiraciones de exportar el MAS y, por ende, su ideología, a los países limítrofes de Bolivia.

Este proyecto es seguido muy de cerca por los gobiernos de Perú, Chile, Argentina y Ecuador -que tienen significativas poblaciones de origen indígena-, ya que movimientos inspirados en las ideas del líder del MAS pueden convertirse en potenciales elementos desestabilizadores.
















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