La Nación

Inicio » Cultura y Entretención

Hijos del trauco

Hijos del trauco

Un escalofriante documental producido por la productora Apla Plac, los creadores de Tulio Triviño y Calcetín con Rombosman, se encuentra próximo a ser estrenado en Santiago. La historia saca a la luz pública el asesinato de siete recién nacidos en Chiloé. La isla es el escenario donde el demonio y Dios, disputan las almas humanas en una producción que provocará polémica y borrará los límites entre verdad y mentira.

Domingo 20 de marzo de 2005

El miedo paralizó las labores de una cuadrilla de trabajadores de vialidad el 26 de julio de 1985. Los obreros descubrieron una fosa común a un costado de la carretera que atraviesa la comuna de Queilén, en Chiloé. Encontraron tres cráneos correspondientes a niños recién nacidos. El resto de los cuerpos nunca fueron hallados. Sólo las calaveras resistieron el paso del tiempo.

El obrero del MOP, Oscar Cufe, fue quien advirtió la presencia de las osamentas decapitadas, deteniendo las obras para dar aviso a Carabineros.

Realizada la denuncia, el juez de Castro Lisandro Reyes, -hombre cercano a las esferas militares- inició una serie de peritajes en terreno sin resultados alentadores. Pasaron algunos meses y los papeles de la investigación se amontonaron en baúles polvorientos. Hasta que se descubrieron nuevas osamentas. Esta vez la pestilencia de un pantano arrojó dos cráneos. Ambos correspondían a neonatos.

El diario La Cruz del Sur de Ancud, cubre ampliamente el caso para llegar al fondo del misterio. Mientras, la comunidad se moviliza, depositando ofrendas, cruces y velas en la zona de los hechos.

Los medios locales especulan con la tesis de una epidemia de cólera ocurrida en 1940 para explicar los hallazgos, que con el tiempo sumaron siete.

Vivíamos en dictadura y la revista Análisis, con su particular sello periodístico no tarda en reaccionar, destacando en portada el horror de Chiloé desatado por las osamentas decapitadas. Evidentemente, la prensa opositora al régimen de Pinochet vincula el asunto a un nuevo caso de violación de los derechos humanos.

Frente a la complejidad del asunto y a la presión de la prensa, los restos exhumados son analizados por médicos forenses de la zona, quienes sitúan la data de muerte de los distintos cráneos entre 1955 y 1963, lo que disipa las suspicacias que vinculaban las osamentas con posibles víctimas de la represión militar. Chiloé incorporaba una tragedia sangrienta sin resolver a su aura de isla mágica, cuando el caso da un vuelco radical.

Todavía corre el año 1985 y la partera del pueblo, Uldecinda Mancilla, concede una entrevista al diario La Cruz del Sur. La mujer rompe su largo silencio y asegura que los restos de los bebes encontrados correspondían a niños diablos. Además, confiesa haber asistido a una seguidilla de matanzas post parto, todas ejecutadas por un antiguo sacerdote polaco residente en Chiloé, conocido por todos los isleños como el padre Bruno Kulczewski.

Ante la inesperada confesión de la anciana de 73 años, el juez del crimen Lisandro Reyes la cita a declarar. Era necesario saber por qué un hombre de la Iglesia Católica, había cometido semejantes crímenes.

El relato de la anciana señalaba que Kulczewski, quien fuera párroco de la chilota iglesia de Aituy por más de 20 años, intentó por largo tiempo expulsar a Satanás de Queilen con antiguos ritos eclesiásticos. Trastornado por el fracaso de sus plegarias, asesinó a los bebes en el nombre de Dios.

Engrosando una lista demasiada larga de crímenes impunes, el cura homicida nunca fue procesado, ya que el 7 de abril de 1968 unos lugareños encontraron el cuerpo sin vida de Kulczewski colgando de la viga mayor de la iglesia.

En casi completo hermetismo y sin emitir declaraciones a la prensa, en 1987, el juez de la causa decide sobreseer el caso, cerrando el expediente. Pero extrañamente, meses después, Lisandro Reyes muere en un inexplicable accidente carretero.

Toda esta intrincada y terrorífica historia teñida de misterio y sangre, es sólo parte de la trama que aborda el documental Los Dibujos de Bruno Kulczewski, dirigido por Pedro Peirano y Álvaro Díaz, los mismos creadores de la premiada serie infantil 31 Minutos.

¿ACIERTOS PERÍODISTICOS?

El documental recoge además, los testimonios de diversos actores involucrados directa o indirectamente con los hechos narrados. Junto con develar antecedentes desconocidos, como el que aporta el jefe de una obra de restauración de la iglesia de Aituy, Juan Hueicha, quien encontró bajo el altar donde Kulczewski ofició por casi 20 años sus misas, una caja que preservaba en su interior diversos documentos personales del padre, entre los que destaca una bitácora con bocetos de los bebes acribillados y profundos estudios sobre los mitos en torno al Trauco. En los documentos el párroco explicita su obsesión por erradicar la oscura presencia del mal latente en la isla.

Apoyados en una serie de documentos inéditos, archivos de prensa, entrevistas a testigos claves e imágenes de antiguos noticieros de TVN, Peirano y Díaz, logran gracias a su profusa investigación, generar tensión dramática en constante evolución, cuyo máximo clímax se producen cuando dan con el paradero de Uldecinda Mancilla, quien accede a dar por última vez su testimonio, a veinte años de ser advertido el caso por la justicia chilena.

La partera narra a sus 93 años con increíble lucidez y frialdad, cómo se fraguó todo entre ella, el padre Kulczewski y la complicidad de algunos hombres de Queilén. La misión era extirpar de la isla a los hijos del Trauco.

Uldecinda Mancilla, quien ejerció como partera en Queilén y Quellón por más de 50 años, aparece reconociendo en cámara que ayudó al sacerdote a cometer los crímenes de los niños, pero también muestra algunos bocetos dibujados por Bruno Kulczewski, donde se gráfica la anatomía de los bebés degollados: las criaturas tenían cachos detrás de la nuca, seis dedos en las manos, siete dedos en los pies e incluso largas colas, lo que según la lógica del cura justificaba su eliminación sin consultar a sus progenitoras.

MENTIRAS VERDADERAS

Siguiendo algunos datos entregados en la cinta, LND procedió a chequear la veracidad de esta fantástica historia. Por ejemplo, al inicio del documental se agradece el especial apoyo de dos entidades para la realización del documental, la primera, un grupo de personas denominadas Comité por la Verdad de los Niños de Queilén, la cual tras hacer un par de llamados se corroboró que no existe. Y la segunda, una institución denominada West Deustscher Rund Funk, frase que traducida del alemán al castellano significa Emisora de Radio del Oeste Alemán, es decir, chancho en misa.

Pese a que intentamos contactarnos con los realizadores del documental para disipar dudas, fue imposible, ya que tanto Pedro Peirano como Álvaro Díaz, se negaron a dar declaraciones argumentando que se encontraban ocupados con sus grabaciones, y que preferían hablar una vez estrenado, oficialmente en Santiago el rodaje en 16mm (se supone que marzo es el mes del estreno) , ello pese a que ya se exhibió frente a un escuálido público en el pasado Festival Internacional Cine Valdivia, en el Festival de Sobras, y en las comunas de Castro y Queilén.

Así las cosas, busqué más antecedentes en la hemeroteca y en la sección de diarios de la Biblioteca Nacional, pero la suerte jugó una vez más a favor de la productora Apla Plac, ya que los números de la revista Análisis se encontraban incompletos desde 1985 hasta 1992. Algo similar ocurrió con los ejemplares del diario La Cruz del Sur, medio que presuntamente cubrió el caso en amplitud, ya que sólo habían ejemplares en bodega hasta 1983, dado que su entrega en depósito se descontinuó.

Finalmente, con ayuda de algunos coleccionistas particulares de diarios y revistas se consiguió revisar completamente las citadas ediciones, constatando que la prensa nunca cubrió los acontecimientos narrados en el documental, vale decir, que el caso de las osamentas decapitadas nunca existió.

Para ponderar la real dimensión del documental, intentamos ubicar en Chiloé a algunos de los entrevistados, pero muchos de ellos desistieron en hablar con LND, como si existiera un pacto de silencio, mientras que otros, literalmente nunca existieron.

De esta forma, logramos chequear por ejemplo, que los personajes que aparecen hablando en el documental fueron todos contratados para actuar.

En consecuencia, nunca hubo guaguas decapitadas, nunca existió un juez con el nombre de Lisandro Reyes en Castro, ni una partera llamada Uldecinda Mancilla, ni mucho menos un cura de nombre Bruno Kulczewski en Chiloé, ya que el hombre que encarnó a este ficticio personaje fue Iginio Sandoval, un conocido comerciante de la zona.

De cualquier forma, la verdadera familia Kulczewski se asentó en Temuco hacia 1872, pero nunca figuró un cura polaco en sus filas, aunque sí ingenieros y famosos arquitectos, como el caso de Luciano Kulczewski, contemporáneo con el mentado Bruno del documental.

Sólo resta aplaudir el ingenio de los versátiles realizadores del documental Los Dibujos de Bruno Kulczewski, ya que logran trenzar una horripilante y delirante historia al estilo de la cinta norteamericana, El Proyecto de la Bruja Blair, que se engancha con un contexto sociopolítico álgido y con los mitos de la cultura popular del sur de Chile, para conflagrar una ficticia realidad y de paso, dar rienda suelta al escaso rigor investigativo de los periodistas de espectáculos y a la credulidad de los potenciales espectadores.

El lado oscuro de los creadores de 31 Minutos queda al descubierto, el maquiavélico plan gore que por poco me trago, al igual que algunos medios que han difundido el trabajo con ingenuidad, no era más que un buen bluf bien montado. Terrorífico, inquietante como la atmósfera de Queilén, pero falso.

Publique con nosotros
Publique con nosotros
Publique con nosotros

La Nación

Av. Nueva Providencia 1860
Oficina 183, Providencia, Santiago, Chile
Teléfono: 56 2 - 2632 5014

Director Responsable: Samuel Romo Jara
Representante Legal: Luis Novoa Miranda

© Comunicaciones LANET S.A. 2014
Se prohíbe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.