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2020: todo podría ser peor

Para el año 2020, el rostro de la globalización será asiático. Estados Unidos y Europa tendrán que acomodar a dos nuevos jugadores -China e India- en el mapa geopolítico. La debilidad de los gobiernos, el estancamiento de algunas economías, el extremismo religioso y una gran población joven se conjugarán para crear condiciones propicias para conflictos en algunas regiones. Y la brecha entre países ricos y pobres aumentará.

Domingo 27 de marzo de 2005 + Sigue a La Nación en Facebook y Twitter

Según el informe sobre el futuro del mundo para el año 2020, publicado por el National Intelligence Council (NIC), el poder económico y el rol político que asuman China e India transformarán el panorama geopolítico mundial como lo hicieron en su momento el surgimiento de una Alemania unida en el siglo XIX, y Estados Unidos a comienzos del siglo pasado, impactando tal vez con la misma magnitud.

El informe, el tercero de su tipo desde 1997, aspira a orientar la política exterior del gobierno estadounidense, y por primera vez consultó con analistas extranjeros de todos los continentes para hacerse un cuadro del estado del planeta en los próximos 15 años. El documento, de más de 115 páginas, se basa en las conclusiones de reuniones y conferencias en Estados Unidos, además de seis conferencias regionales -en Gran Bretaña, Sudáfrica, Singapur, Chile y dos en Hungría- que congregaron a más de mil expertos locales para discutir el futuro de su región.

El NIC reporta al director de la CIA, y tiene como función entregar análisis estratégicos al Presidente y a otras altas autoridades del gobierno de Estados Unidos, a base de inteligencia recabada y procesada en coordinación con el resto de la comunidad de inteligencia, compuesta por unos 13 organismos estatales.

Los expertos concluyeron que en los próximos años se debilitará la definición Norte-Sur en la medida que dos de los gigantes económicos del futuro -China e India- se ubican en el hemisferio de los pobres. Particularmente China, con su alto crecimiento, romperá los esquemas geográficos actuales, situándose en el lado de las economías de alto desarrollo, pero sin calzar el tradicional molde de país industrializado de Occidente, ni equiparar sus niveles de calidad de vida o ingreso per cápita.

Para el año 2020 se estima que el PIB de China será mayor que el de los países de Occidente, con excepción de Estados Unidos, mientras que India crecerá más que las economías europeas. Sin embargo, aunque su poderío es casi una certeza en el futuro cercano, es una incógnita si sus relaciones con otros países serán de cooperación, o más bien de competencia. Otras economías en expansión, como Brasil e Indonesia, podrían también superar a buena parte de las economías europeas.

Conjugando su sostenido y alto crecimiento económico, la rápida expansión de su capacidad militar, y la mera dimensión de su mercado interno (se estima que el total de la población de China e India llegará a 2,7 mil millones), China e India liderarán al continente asiático en su nuevo rol de poder económico y político -y potencialmente también tecnológico- con el que los tradicionales "patrones del mundo", Estados Unidos y Europa, tendrán que lidiar seriamente, debiendo ceder su privilegiada posición de mando.

Ante este escenario, Japón deberá evaluar su rol en la región asiática, y decidir si "subirse al vagón de China" o intentar hacerle peso. El NIC estima que el conflicto sobre la unificación de las dos Coreas y las tensiones entre China y Taiwán dificultarán el equilibrio regional aún por bastantes años más.

Rostro asiático

El nivel de la globalización e integración reemplazará las tradicionales fronteras -tanto conceptuales como territoriales- entre el Occidente industrializado y el Tercer Mundo subdesarrollado, definición que ya ha caído en desuso. "Los nuevos alineamientos se darán entre los países, o incluso entre áreas de esos países, que se integran a la comunidad global, y aquellos que no lo hagan, por razones económicas, políticas o sociales. Para las megaciudades o ejes que son el motor detrás de la globalización, los vínculos financieros y en telecomunicaciones que forjen importarán tanto o más que las fronteras nacionales", señala el NIC.

La globalización será una "megatendencia que determinará todas las otras grandes tendencias del mundo en el año 2020." Y su rostro será asiático.

"Aunque Norteamérica, Japón y Europa continuarán dominando colectivamente las instituciones políticas y financieras internacionales", señala el informe, "la globalización adoptará un carácter cada vez menos occidental. Para el 2020, la globalización, en el ideario colectivo, será equivalente al surgimiento de Asia, reemplazando su actual asociación con la americanización".

Con la integración de China, India y otros países emergentes a la economía global, cientos de millones de trabajadores buscarán posicionarse en un mercado laboral cada vez más integrado y más flexible, gracias a las innovaciones tecnológicas que permitirán una mayor flexibilización laboral, tanto espacial como temporal. Esta enorme fuerza laboral -una significativa parte de ella capacitada- será atractiva por su bajo costo, e impactará principalmente a las capas medias de los países desarrollados, que se verán enfrentadas a una rápida rotación laboral y una frecuente reorientación profesional.

Gran parte del aumento en la población mundial, y el consecuente incremento en la demanda, tendrá lugar en países en desarrollo, particularmente en China, India e Indonesia, y las multinacionales, hoy con sede en países industrializados, tendrán que adaptar sus "perfiles" y prácticas empresariales para atender las demandas de esas culturas. Las empresas se globalizarán cada vez más, y entre ellas se contará con un número cada vez mayor con sede en China, India y Brasil. Aquellas ya globalizadas se diversificarán, tanto en su tamaño como en su origen, operando cada vez más fuera del control de los Estados, y siendo importantes agentes de diseminación de las tecnologías.

Sin embargo, la dispersión de las tecnologías -especialmente las de la información- y la globalización económica impondrán nuevas tensiones sobre los gobiernos. "La creciente conectividad llevará consigo una proliferación de comunidades virtuales de intereses, complicando la gobernabilidad. Internet, en particular, fomentará la creación de aún más movimientos globales, que posiblemente emerjan como una sólida fuerza en las relaciones internacionales", indica el NIC.

Salvo que ocurriese alguna catástrofe o fenómeno imprevisto, se estima que para el año 2020, la economía mundial crecerá en un 80 por ciento, y el ingreso per cápita promedio será 50 por ciento más alto que en el año 2000. Esto beneficiará a la mayoría de los países del mundo, pero seguirán existiendo enormes zonas de pobreza, aun en países aparentemente más ricos. Quienes ganarán más del proceso de globalización son los países y grupos que sepan o puedan acceder y adoptar nuevas tecnologías, medido en su capacidad de invertir en su integración y aplicación. No obstante los avances en el desarrollo de la biotecnología y el mejoramiento de la producción alimentaria, la brecha entre ricos y pobres aumentará, a no ser que los países pobres adopten políticas de apoyo a la aplicación de nuevas tecnologías, reformen sus mercados y mejoren la educación universal, dentro de un contexto de estabilidad política.

El poder del Islam

A nivel político, algunos gobiernos se sentirán sobrepasados por los desafíos del 2020. La llamada "tercera ola" de la democratización, especialmente en las débiles democracias de la ex Unión Soviética y del sudeste asiático, posiblemente se revierta parcialmente debido a la presión ejercida por nuevas identidades políticas de raíces religiosas. Especialmente el Islam tendrá un importante impacto mundial, agrupando a diversos grupos étnicos y nacionales, e incluso tal vez creando una autoridad política que traspase fronteras.

Los factores que dieron pie al terrorismo internacional se mantendrán en los próximos 15 años, según el NIC. Fortalecida por la globalización de las comunicaciones, el renacimiento de la identidad musulmana fomentará la expansión del islamismo radical dentro y fuera del Medio Oriente, incluyendo el sudeste asiático, Asia Central y Europa Occidental. La gran población joven en países árabes, las malas perspectivas económicas, la influencia de la educación religiosa, y la islamización de instituciones como los sindicatos, ONGs y partidos políticos, mantendrán al Islam como una fuerza política determinante.

El NIC proyecta que para el 2020, Al Qaeda será reemplazada por otros grupos islámicos extremistas de similar inspiración, que posiblemente se fusionen con movimientos separatistas locales. Las tecnologías de la información les permitirán una mayor descentralización, pudiendo desagregarse en una vasta red de grupos, células e individuos que no necesitarán estar en un lugar fijo para planificar y realizar sus operaciones, aprovechándose de Internet tanto para su entrenamiento, información sobre armamento, como para recabar fondos para su causa. Los grupos terroristas serán más originales no tanto en torno a las tecnologías o armamento que utilicen, sino que en relación a la magnitud, diseño y planificación de sus operaciones.

Por otra parte, algunos conflictos latentes y en curso, particularmente aquellos que involucran a grupos étnicos transfronterizos, amenazan con regionalizarse. En el peor de los casos, podría resultar con algunos territorios y poblaciones fuera de cualquier control gubernamental efectivo, que, se teme, podrían convertirse en santuarios para grupos terroristas transnacionales, organizaciones criminales o carteles de la droga.

Las instituciones regionales, en tanto, se verán en aprietos para poder responder eficazmente ante la amenaza de fenómenos transnacionales, como el terrorismo, el crimen organizado y la proliferación de armas de destrucción masiva. Organismos como Naciones Unidas y las instituciones financieras internacionales podrían tornarse obsoletos si no se adaptan a los profundos cambios del nuevo sistema internacional, incluyendo el surgimiento de nuevos poderes globales.

En este contexto, el NIC prevé que en los próximos 15 años, la sensación de inseguridad en el mundo aumentará, alimentada por potenciales amenazas físicas, pero también por factores psicológicos. La complejización del proceso de globalización hará tambalear el status quo, generando una enorme convulsión a nivel económico, cultural y político. La debilidad de los gobiernos, el estancamiento de algunas economías, el extremismo religioso y una gran población joven se conjugarán para crear condiciones propicias para conflictos internos en algunas regiones. LND

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