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El mejor banquete sexual

¡Mmmm, qué rico! ¡Manjar de dioses! ¿Cómo se prepara? ¿Qué ingredientes usaste? Sin duda una cena bien preparada da que hablar y puede dar inicio a un coqueteo sin fin. Entre salsas, el vino a la temperatura adecuada y la carne a punto, todo pude suceder. Tanto la cocina como sus ingredientes son tan eróticos como el chef o los comensales. Entonces, ¿Por qué dejarlos sólo en la mesa? Trasladémoslos hasta la alcoba. Esa si que puede ser una faena seductora.

Miércoles 20 de abril de 2005

Ingredientes tan inofensivos y sanos como el yogurt, la jalea o las frutas de estación, pueden ser usados con tanta provocación que quiera morir por ellos. Ya no hablamos de ponerle sazón en la olla, sino sobre y con el cuerpo del invitado o invitada. No se conforme sólo con armar ambiente con la comida, intégrelos directamente a la acción.

Tome un yogurt del sabor que quiera y juegue sin límite, ábralo lentamente y busque celosamente donde quiere comérselo. Analice el lugar y ejecute. Desnúdelo(a), y por ejemplo espárzalo en su cuerpo, comience en su abdomen, avance y lama hasta el cuello o viceversa.

Sea creativo y elija el recipiente que mejor satisfaga su hambre o las propiedades del alimentos. Dele de comer en la boca, de a poco, en pequeñas cantidades. Que se muera por una cucharada de inocente yogurth.

Cambien de recipiente y de ingredientes cuantas veces les plazca o el hambre crezca demasiado: es el momento de usar todo lo que la naturaleza generosa nos da.

Es la hora de usar en una noble causa el modelo exportador de nuestro país y buscar las mejores frutas de la estación. Anda a la feria o al supermercado y mira las frutas y verduras con otros ojos. Busca color, sabores y formas en función con los gustos de ambos, pero ahora no para comerlos en la mesa , sino debajo de ella, en la alfombra o en la cama. Toma un racimo de uva y piensa en su dulzor, en la cara de tu pareja cuando ese gajo llegue a su boca después de rodar desde su pecho.

Busca un plátano y sé más sutil que obvia asociación de su forma y el pene, y busca en su sabor y textura el encanto de saborearlo cuando ambas lenguas se disputen un pedazo.

Puedes preparar una bandeja con las frutas y las salsas que quieras, quizá acompañada de dos copas de vino. Dense de comer como si llevaran semanas sin hacerlo, y si quieren, también olviden las copas y viertan el sagrado líquido en el cuerpo del otro. Usen las salsas solas o como complemento de las frutas. Pinta un vientre con crema, extiéndela lentamente y luego devórala o unta pezones con miel y succiónalos después.

Haz lo que se te ocurra con la fruta y el vino, pero juega, provoca, disfruta con cada gajo de naranja, con la jugosidad de la frutilla o la carga emocional de una manzana prohibida.

No dejes fuera los genitales en esta aventura frutal, cómelas despacio desde los lugares más íntimos y erógenos o rózalos en cada bocado. Quédate allí si quieres.

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