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Las salidas de la crisis del gas

Las salidas de la crisis del gas

La escasez de gas natural llegó a un punto crítico esta semana, tanto que el propio gobierno tuvo que reconocer que sólo los hogares y pequeños comerciantes tienen suministro asegurado. Mientras surgen posibles vías de escape desde Perú, el sostenido uso de energías alternativas -como el carbón y diesel- podrían provocar un serio deterioro de la calidad del aire. Eso sin contar con las insospechas consecuencias económicas que significaría la dilación del conflicto.

Jueves 28 de abril de 2005

"Los chilenos deben olvidarse que el gas es barato, porque ya no hay gas. Esta semana sólo las residencias y las pequeñas empresas tienen el suministro asegurado". La tajante afirmación del ministro de Economía, Jorge Rodríguez Grossi desató un torbellino de especulaciones y vino a confirmar la instalación de una crisis anunciada.

Mientras los ejecutivos de ENAP sostienen que la emergencia debe enfrentarse recurriendo al gas licuado para hacer frente a los recortes del combustible trasandino; el secretario general de la Asociación de Distribuidores de Gas Natural, Carlos Cortés, cree que el nivel crítico de desabastecimiento no debiera extenderse más allá de esta semana. "El próximo lunes culminan en Argentina los trabajos de mantenimiento de pozos que se han llevado a cabo en el último tiempo, por lo que los productores debieran comenzar a funcionar a su máxima capacidad".

En tanto, el ofrecimiento de Perú de construir un gasoducto hacia Chile, para mitigar el conflicto con Argentina, surgió ayer como un salvavidas más que tentador. Pero todo está en veremos (ver recuadro).

Lo que todos tienen claro es que urge una pronta solución, pues el desabastecimiento de gas podría traer otra serie de coletazos inesperados, que van desde serios problemas ambientales y sanitarios hasta macroeconómicos.

Más contaminación

La falta de gas trae consigo inminentes costos ambientales, al incorporar como alternativas fuentes energéticas más contaminantes o menos limpias -como carbón o diesel- lo cual provocará un impacto negativo en la salud humana por los mayores índices de polución.

Estudios ambientales desarrollados hace un par de años por Luis Cifuentes y Jeannette Vega, en la Escuela de Ingeniería de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), demostraron que unos 550 santiaguinos pueden llegar a morir cada año frente a la exposición aguda a los altos niveles de contaminación por material particulado.

De esta manera, atrás queda el mito de que la contaminación no tiene efectos nocivos en la salud, ya que en el corto plazo, los estudios de la PUC y de otros centros de investigación internacionales, han demostrado que existe una correlación positiva entre muertes por enfermedades cardiovasculares y/o afectados por enfermedades respiratorias crónicas.

"Frente a la crisis del gas y la irrupción de sustitutos energéticos en las industrias, si esto no se mitiga oportunamente, en el largo plazo la contaminación causaría el deceso prematuro de las personas. Diversos expertos acusan que la contaminación ha reducido la esperanza de vida en 10 a 15 años", comentó el ingeniero comercial Ricardo Raineri, analista e investigador del departamento de Ingeniería Industrial y de Sistemas de la PUC, en el marco de un seminario internacional sobre suministro de gas natural efectuado ayer en el Hotel Crowne Plaza.

Raineri dijo a La Nación que el panorama no es muy alentador en este sentido y que "a mi no me gustaría estar en los zapatos del ministro de Economía, porque en el corto plazo no hay mucho donde echar mano para sortear la crisis. Para este año, las opciones que tiene el gobierno y las grandes empresas del sector productivo son tremendamente limitadas y no es mucho lo que se pueda hacer".

Efectos económicos

Producto de las restricciones de recorte de gas, Raineri también prevé una tendencia al alza de los precios del gas natural, la cual afectará a los consumidores de este tipo de energía. Pero -indica- que todo depende de las políticas comerciales que siga cada una de las compañías distribuidoras y de los vaivenes que ocurren en el mercado de los combustibles sustitutos.

"Aun cuando las reservas de petróleo y gas han aumentado en los últimos años, el aumento en la demanda de ambos no se ha visto acompañada por un aumento equivalente de la infraestructura de producción. Por ello desde enero de 2000, el mercado ya preveía que el gas costaría más caro a diciembre de 2005", sentencia el analista de la PUC.

Por otro lado están los costos que deberán asumir las grandes empresas. Si antes de la crisis la industria eléctrica pagaba US$ 70 mil por cada mm3 (millones de metros cúbicos) de gas natural, por la conversión a diesel el costo se dispara a US$ 230 mil.

Por su parte el economista de la Escuela de Negocios IAE, de Argentina, Ariel Casarin, sostiene que las restricciones de gas para los grandes usuarios terminarán generando en Chile focos de inflación y deterioro de la balanza comercial. Además alerta sobre la existencia de prácticas abusivas por parte de un exportador con poder de mercado.

"Chile debe entender que no hay solución al problema de suministro en Argentina, ya que no hay como racionar el exceso de demanda, producto de la falta de inversiones privadas en el área, después de la devaluación de la moneda en Argentina", dijo.

Raineri, en tanto, explicó que otro de los efectos macroeconómicos que puede generar la dilatación de esta crisis es la generación de desempleo, producto del deterioro en la balanza comercial.

Así se quejó también ayer el secretario general de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Andrés Concha, quien indicó que las pérdidas del sector -que llegarán al menos a los 500.000 dólares diarios- podrían generar despidos, ya que existe un 20 por ciento de las industrias que no han adquirido equipamiento necesario para funcionar con otro combustible.

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