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FACH comprometida en traslado de cuerpos arrojados al mar

Los cadáveres de los 26 fusilados por la Caravana de la Muerte en Calama fueron desenterrados y subidos a bordo de un avión bimotor de la FACH en el aeródromo de Calama. Al menos 13 de ellos están consignados en el Informe de las FF.AA. de 2001 como "lanzados al mar".

Martes 3 de mayo de 2005

Eran cerca de las seis de la madrugada cuando los desenterradores terminaron su tarea en el sector Moctezuma de la pampa calameña. Subieron los 26 cuerpos a un camión y los trasladaron al aeródromo de Calama. Corría la segunda mitad de la década de los 70. Para encubrir la operación y cercar las rutas a curiosos, en el regimiento Calama se ordenó montar "un ejercicio de guerra".

Pasadas las ocho de la mañana, en el horizonte se perfiló la figura de un avión. En la losa del aeródromo esperaban los jefes de inteligencia de Calama y de la I División de Ejército de Antofagasta, el capitán Miguel Trincado y el teniente coronel Fernando Salazar Lanterry, respectivamente.

Los acompañaban los suboficiales Manuel Aguirre Cortés, de la sección de Inteligencia, y Juan Carlos González Reyes, también del Calama. Ellos se dieron cuenta de que se trataba de un avión bimotor, "de color gris, con la identificación FACH en la cola".

Esa mañana el encargado de la torre de control del aeródromo dijo al grupo que esperaba el aterrizaje, que el avión había despegado "a las 8 de la mañana desde la base de Cerro Moreno en Antofagasta piloteado por el comandante Desgroux". De acuerdo a información de tribunales de Calama donde han declarado algunos de los nombrados, se trataría del comandante Carlos Emilio Desgroux Camus.

Esta es la primera información obtenida en las causas de derechos humanos, en la que aparece la FACH involucrada en las operaciones de desentierro de cuerpos de prisioneros políticos con el fin de hacerlos desaparecer.

A bordo del avión viajaba un mecánico y dos tripulantes. Entre el capitán Trincado, los dos suboficiales y el mecánico, cargaron los cuerpos en el avión mientras sus motores permanecían encendidos.

Los cuerpos estaban ensacados en lonas. "Cuando los sacamos, se les iba poniendo sacos blancos, grandes, antiguos sacos de dormir del contingente del regimiento", declaró Aguirre el 24 de junio de 2004 en el Segundo Juzgado de Letras de Mayor Cuantía de Calama.

Terminada la faena de carga "el mecánico cerró la puerta del avión, el capitán Trincado sacó el camión y nos fuimos, mientras el avión se marchó", dijo Aguirre. Mientras el suboficial (R) González, sostuvo el 10 de noviembre de 2004 ante el mismo tribunal "no tengo la menor idea cuál fue el destino de ese avión".

Dos desentierros

 Lo sucedido unas semanas previas al vuelo del bimotor FACH fue macabro. En el regimiento Calama, Aguirre recibió un criptograma que ordenaba ubicar los cuerpos de los 26 ejecutados por la Caravana de la Muerte el 19 de octubre de 1973.

A cargo de esa tarea estuvo el capitán Carlos Minoletti Arriagada, jefe de la compañía de ingenieros del regimiento Calama, apoyado por Aguirre y González. El capitán sabía dónde estaba la fosa pues había comandado el entierro clandestino de los cuerpos en el sector Topater de la pampa.

González recuerda que "unos quince días después" de lograda la ubicación, se recibió un segundo criptograma. La orden ahora era hacer desaparecer los cuerpos para siempre.

Este tipo de mensajes cifrados formó parte de la llamada "Operación retiro de televisores" donde la comandancia en jefe del Ejército con Pinochet a la cabeza, ordenó la remoción de los cuerpos de todos los prisioneros sepultados clandestinamente a lo largo del país, para esta vez hacerlos desaparecer definitivamente.

Minoletti ubicó la fosa y preparó el primer desentierro. Usando una retroexcavadora, palas y picotas sacaron los 26 cuerpos y los trasladaron un kilómetro y medio "al sector Moctezuma de la pampa", dijo González en el tribunal y agregó que "con una malla de pescador borramos las huellas dejadas entre las dos fosas".

El segundo desentierro fue para llevarlos a bordo del avión FACH. En las dos operaciones usaron mascarillas y guantes. Al término quemaron la ropa y todo lo que usaron y se ordenó el silencio total.

 Amenaza del general Urzúa

En los preparativos del primer desentierro estuvo presente el entonces comandante de la I División de Ejército de Antofagasta, general Carol Urzúa, junto al equipo con el que viajó desde esa ciudad para esos fines.

"Cuando nos encontrábamos todos ahí al lado de la fosa, el general Carol Urzúa nos dijo: el 'conchesumadre' que hable, desde usted comandante hacia abajo, va a ocupar el mismo lugar en esta fosa". Así recordó el suboficial (R) Héctor Iturra Orrego la amenaza que el general Urzúa les hizo esa vez. Incluyendo al comandante del regimiento Calama, que según Iturra en ese momento era "el teniente coronel Aracena", porque ya no estaba Eugenio Rivera Desgroux.

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