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Jueves 5 de mayo de 2005


LA OPOSICIÓN DE LOS QUÍMICOS

El Colegio Químico Farmacéutico es uno de los principales opositores al comercio clandestino de medicamentos entre otras cosas porque los medicamentos necesitan un trato especial de manipulación, con condiciones de temperatura y luz adecuados que la venta callejera no puede asegurar y porque tampoco es posible verificar fechas de vencimiento del producto.

El presidente de este gremio, Iván Saavedra, dijo además que muchos de ellos requieren información médica para aconsejar y orientar a las personas respecto de las indicaciones que tenga el medicamento.

“Hay que considerar que Chile no tiene una cultura homogénea, la gente no sabe ocupar los medicamentos ni tampoco son capaces de leer el folleto de los medicamentos, y si lo venden en la micro ni siquiera hay folleto”, reclamó.

COMERCIANTES LOS VENDEN A GRITOS Y A PLENA LUZ DEL DÍA
¡Medicamentos en las micros!

Ya no sólo están en la feria y en los persas. La venta ilegal de fármacos llegó al transporte público a precios más baratos. Carabineros y municipios son los encargados de fiscalizar en la calle, sin embargo, los aspectos sanitarios siguen siendo tierra de nadie.



Cecilia Yáñez
La Nación

Como si fueran helados o lápices en promoción, la farmacia se trasladó con todo a la locomoción colectiva. Medicamentos como el paracetamol, aspirinas y algunos antiinflamatorios, están siendo vendidos en las micros a precios más bajos que en las farmacias.

Por sólo quinientos pesos es posible adquirir una tira de Piroxicam, otra de Ibuprofeno y una caja con 16 comprimidos de paracetamol. Todos de laboratorios conocidos, con número de serie y una prolongada vida útil.

Este comercio ilegal, que comenzó hace algunos años con la venta de medicamentos en las ferias libres, ya se ha instalado en las micros de la capital y también de la Quinta Región, lo que demuestra que pese a las denuncias y fiscalizaciones algo no funciona bien. La venta ilegal continúa.

Los medicamentos que se pueden conseguir en la calle son principalmente genéricos y de bajo costo. Por ejemplo, una caja de 10 tabletas de piroxicam en las farmacias cuesta alrededor de $ 190; 20 comprimidos de ibuprofeno, $ 515 y 10 comprimidos de paracetamol, cerca de $ 450. En la micro, los mismos productos, cuestan cien pesos(los dos primeros) y 300 pesos el último.

El toro por las astas

El negocio es un problema no sólo porque se deja de pagar por concepto de patentes y permisos. Comprar medicamentos en lugares que no sean farmacias supone un riesgo para la salud, ya que los fármacos sean efectivos requieren de condiciones de luz, temperatura y un manejo adecuado.

Según el Código Sanitario, la venta a público de productos farmacéuticos sólo puede efectuarse en farmacias, almacenes farmacéuticos y depósitos de productos farmacéuticos.

Si bien la nueva Ley de Autoridad Sanitaria señala que la encargada de fiscalizar la venta callejera de medicamentos es cada secretaría regional ministerial de Salud, la responsabilidad en la práctica no está tan clara.

El jefe de la Unidad de Profesiones Médicas de la seremi de Salud Metropolitana, Ernesto Núñez, asegura que el organismo fiscaliza constantemente a todas las farmacias de la región y más de una vez al año. Pero reconoce que el problema mayor sigue siendo el proveedor clandestino, porque quienes son encontrados comercializando los fármacos nunca revelan cómo consiguieron los productos. “Desgraciadamente no hemos podido detectar quiénes son los proveedores. Es hasta ahora el punto negro. Yo sólo supongo -nada de esto ha sido comprobado- que debe haber una microfuga en laboratorios”, dice cauto Núñez.

El propio Núñez explica que cuando tienen sospechas fiscalizan en ferias libres, pero la venta clandestina se investiga a través de Carabineros, porque generalmente se actúa sobre denuncias.

Si Carabineros descubre venta clandestina de medicamentos en la calle o en cualquier otro punto no establecido por el Código Sanitario, el comerciante es detenido, los medicamentos requisados y ambos remitidos al Juzgado de Policía Local. Distinto es si los medicamentos que se venden en la calle son con receta retenida. En ese caso, es el OS 7 el que queda a cargo del operativo y los vendedores acusados por infracción a la ley de drogas.

La fuga

Aunque no está claro de dónde provienen los medicamentos que se venden ilegalmente en las micros, hay un hecho que todos los actores de la industria comparten: en alguna parte de la cadena de distribución se produce una “fuga”.

Uno de los medicamentos que se comercializa en las micros es el parecetamol de 500 mg del laboratorio Bestpharma. El gerente general de la empresa, Alejandro Martins, asegura que no existe ninguna fuga de medicamentos que pudiera estar abasteciendo este mercado negro. “Seríamos unos irresponsables. Tenemos un seguimiento estricto de la comercialización de nuestros productos. Yo no conozco lo que ocurre después que entregamos nuestros productos”, indica.

El gerente general de Bestpharma insiste en que este problema existe desde hace tiempo y afecta a toda la industria farmacéutica. Con fecha 6 de octubre de 2003, enviaron una carta al ISP pidiéndole que como entidad responsable realizara todas las acciones necesarias para frenar el comercio callejero de medicamentos. Sin embargo, creen que no han conseguido acciones contundentes de la autoridad.

La venta clandestina de medicamentos en persas y ferias libres es un hecho conocido para la vicepresidenta ejecutiva de la Asociación Industrial de Laboratorios Farmacéuticos de Chile (Asilfa), María Angélica Sánchez. Sin embargo, la comercialización de fármacos en las micros es un hecho que la toma por sorpresa.

“No sé dónde se produzca la fuga, dudo que sea de los laboratorios. El principal problema es que no existe una instancia especializada que vea este tema y sólo se trata como comercio ilegal, sin pensar que por ser un tema de salud, pudiera ser más delicado”, asegura Sánchez.

Otra pista

Descartados los laboratorios y las grandes farmacias, el paso siguiente es pensar que la fuga de medicamentos puede provenir de la Central Nacional de Abastecimientos del Servicio de Salud (Cenabast), organismo que compra y reparte los productos a hospitales públicos y consultorios.

Revisando el número de serie de los medicamentos que obtuvimos en la micro, pudimos averiguar que ninguno de ellos fue vendido a la Cenabast, sino a farmacias y droguerías que no eran tampoco de las grandes cadenas.

Desde Cenabast señalaron que no tienen antecedentes de robos o pérdida de medicamentos pero que para evitar cualquier situación riesgosa, sus medicamentos son rotulados con un sello. Esto permite seguirles la pista.

El director ejecutivo de la Asociación Nacional de Cadenas de Farmacias (Anacaf), Francisco Aracena, dio una nueva pista respecto del abastecimiento para este comercio ilegal. Según él, en el ciclo desde que el medicamento sale del laboratorio y hasta que llega a la farmacia se producen robos internos y no hay que olvidar que también hay muestras médicas que pueden estar circulando. “Hay preocupación porque ha habido robos de camiones completos que son asaltados y eso también puede llegar al mercado ilegal” dice Aracena.

Sin una autoridad que pueda aclarar dónde y cuándo se producen las “fugas” de medicamentos que abastecen al mercado negro, lo seguro es que éstas seguirán proliferando y buscando otros nichos. Lo que no nadie asegura es que en vez de un medicamento se esté comprando un fármaco que produzca.


RAVOTRIL EN LAS FERIAS

Un estudio publicado hace un par de años indicaba que el 10 por ciento de los medicamentos que consume la población en la capital son adquiridos en ferias libres y persas.

En estos locales era posible encontrar hasta dietilpropion, un adelgazante que está prohibido en Chile y que se traería desde Tacna, Perú. Incluso se decomisó ravotril, un tranquilizante ansiolítico utilizado en crisis de ansiedad.

Pero eso no es todo, también es posible encontrar antibióticos (cuya venta en farmacias es sólo con receta médica) y otros calmantes como alprazolán, diazepán, bromadiazepán, que lo son además con orden médica retenida; anticonceptivos y relajantes musculares.

Incluso, si no lo tienen a la vista, es posible encargarlo a la “casera”, todo a gusto del consumidorpor cuanto el Instituto de Salud Pública vela sólo por el cumplimiento de las normas en el comercio establecido y especializado, farmacias, depósitos, etc.
















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